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viernes, 2 de octubre de 2009
La investigación de las cuentas del PP valenciano

Rajoy no reclama dimisiones y Camps exhibe su triunfo: "Que dimita Zapatero"

Génova asume que el 'president' no hará nada hasta que haya imputados

En sólo tres días, Francisco Camps ha pasado de ser un barón regional con problemas, presionado por la dirección para que corte cabezas, a un triunfador del pulso interno que exhibe su éxito. Ayer, unas pocas horas después del larguísimo encuentro con Mariano Rajoy en Alarcón (Cuenca), en el que según fuentes del PP el líder no reclamó ninguna cabeza, Camps dejó muy claro que no sólo no piensa tomar ninguna medida drástica, al menos de momento, sino que además está dispuesto a retar a cualquiera.

El president esquivó todas las preguntas, y cuando los periodistas quisieron saber si Rajoy le había pedido alguna dimisión, contestó: "La dimisión que pediría es la de Zapatero, porque tenemos un mal Gobierno que ha perdido completamente el rumbo".

Cuando le preguntaron por las medidas contundentes que el lunes le había pedido la secretaria general, Dolores de Cospedal, volvió a burlarse: "La medida más drástica es que Zapatero convoque cuanto antes elecciones".

Fuentes del PP tanto en Madrid como en Valencia coinciden en que la reunión sirvió para que Camps expresara su malestar con Cospedal, y Rajoy tratara de aplacar su enfado. Además, tras la cita, los estrategas de la madrileña calle de Génova asumen que es imposible convencer al valenciano de que tome decisiones drásticas rápidas. No hará nada, aseguran, al menos hasta que haya una decisión judicial con imputados.

Además, insisten, no sería fácil hacerlo antes porque Ricardo Costa y Vicente Rambla se niegan a dimitir -por lo que no se podría hacer una destitución pactada-. Ambos defienden su inocencia, pero, además, en el PP está instalada la idea de que el máximo responsable, en cualquier caso, es Camps, que era el amigo de Álvaro Pérez y quien decidió que se le contratara. Nadie ve factible la dimisión de Camps, pero algunos asumen que la caída de Costa y Rambla podría no resolver el problema precisamente por esa responsabilidad del presidente.

Rajoy aceptó esas condiciones que expuso uno de los barones con los que, al menos hasta ahora, le unía una relación más estrecha. De hecho, algunos diputados y dirigentes, preocupados por la imagen externa e interna del líder, señalan que ha sido un error convocar la reunión a medio camino entre Madrid y Valencia. En otras crisis, Rajoy había convocado a los dirigentes en Madrid -María San Gil o Josep Piqué-. Al aceptar la cita a medio camino, acepta que Camps manda al menos tanto como él, algo impensable en época de José María Aznar, insisten.

El encuentro ha tenido otro daño colateral. Cospedal, la secretaria general, que trató de dar una muestra de autoridad el lunes, ha salido tocada, según analizan varios dirigentes. Ayer mismo tuvo que reconocer públicamente que se enteró del encuentro por la prensa, a pesar de que estaba reunida con el líder en el Congreso unos minutos antes de que él saliera hacia Cuenca. Rajoy se limitó ayer a criticar la "saña" con la que la fiscalía trata, en su opinión, al PP en el caso Gürtel.

Los portavoces socialistas en Valencia y en el Congreso, Ángel Luna y José Antonio Alonso. / SAMUEL SÁNCHEZ

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