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martes, 15 de septiembre de 2009
Necrológica:'IN MEMÓRIAM'

Juan Antonio Ramírez, historiador y pensador

Nada es más triste y doloroso para un profesor universitario jubilado que tener que escribir la nota necrológica de quien fue primero su alumno, luego su colaborador en la cátedra y más tarde su compañero en las aulas y los trabajos profesionales. Juan Antonio Ramírez (Málaga, 1948- Madrid, 2009), catedrático de Historia del Arte en la Universidad Autónoma de Madrid, que acaba de fallecer repentinamente cuando nadie lo esperaba, ha sido una de las figuras más relevantes de la vida intelectual española a nivel internacional. Su súbita muerte priva a todos sus lectores y admiradores de un cerebro excepcional y de primerísimo orden, ya que sus libros y demás publicaciones siempre sobrepasaban el mero conocimiento formal de las obras de arte, para situarlas dentro del mundo del pensamiento y la reflexión trascendente del devenir de la cultura. Historiador y crítico de arte, era a la vez un ensayista y escritor de aguda y acerada pluma, capaz de desvelar los aspectos ocultos y simbólicos que encierran las creaciones estéticas tanto del pasado como del presente.

Con un dominio de los distintos idiomas cultos, erudito que había explorado los fondos bibliográficos y documentales de los mejores centros de investigación y bibliotecas de todo el mundo y que en sus múltiples viajes y estancias en el extranjero había conocido a fondo todos los museos, había asistido a diferentes congresos científicos y visitado las exposiciones más importantes celebradas en Europa y América, Ramírez era verdaderamente un hombre universal. Interesado por igual por el mundo del pasado del humanismo que por las actuales vanguardias artísticas, indagaba tanto el legado del renacimiento y del barroco como ahondaba en la significación de las tendencias más radicales de hoy en día. En todos los campos del saber estético profundizaba desvelando siempre nuevas perspectivas. Su capacidad de transmisión oral a través de las lecciones en las aulas era tan grande como la de sus publicaciones. Con su desaparición se pierde un gran maestro.

Atento siempre al significado y a los aspectos simbólicos del hecho artístico, Juan Antonio Ramírez deja una enorme e imprescindible aportación bibliográfica. Sus libros y demás publicaciones escritas con una prosa capaz de interesar por igual a los novatos como a los lectores más cultos, son hoy textos esenciales. Espíritu original, con una avidez de erudición y una curiosidad insaciable por todo lo existente, lo antiguo y lo moderno.

Estudios de arquitectura

Sus estudios de iconografía y teoría de la arquitectura, de las construcciones imaginarias y fantásticas, de los edificios ideales, de las problemáticas del movimiento moderno, de las metáforas visuales de la cultura de masas, son textos hoy fundamentales que igual atraen la atención de los especialistas como a los lectores cultos que quieren profundizar semánticamente en el arte.

Resulta imposible resumir en pocas líneas la producción bibliográfica de Ramírez. Únicamente señalemos su tesis doctoral Historia y estética de la historieta en España, 1939-1970 (1975), La arquitectura en el cine. Hollywood, la edad de oro (1986), Dios arquitecto: J. B. Villalpando y el templo de Salomón (1991), Duchamp. El amor y la muerte, incluso (1993), La metáfora de la colmena. De Gaudí a Le Corbussier (1998), Corpus solus (2003) y Edificios-cuerpo. Cuerpo humano y arquitectura: analogías, metáforas, derivaciones (2003) y muchos más títulos, algunos traducidos a otras lenguas. La muerte nos priva de su proyecto, de un gran libro sobre la Torre de Babel y de muchos otros manuscritos que guardaba en su mesa de escritor.

Una faceta de su personalidad era la de dibujante de tebeos irónicos y críticos que confeccionaba para su individual divertimiento, cajas metálicas con tijeras para recortar papeles y hojalatas y tubos para pintar objetos de madera creados por un virtual artesano. También sus arquitecturas de juguete, como la maqueta del Templicón, un cromático y posmoderno edificio.

Conservo en una repisa de mi casa una fantástica Tarasca que me regaló Ramírez, que de esta manera enriqueció mi pequeña colección de domésticos monstruos y raros objetos, que mezclado a los libros suyos en mi biblioteca, serán el testimonio de una amistad entrañable nacida en las aulas y mantenida con él y su familia con el ardor de la pasión especulativa que me unía a su señera, singular e inolvidable personalidad, tanto en su faceta humana como intelectual.

Antonio Bonet Correa, catedrático emérito de la Universidad Complutense y director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Juan Antonio Ramírez, en 1998.

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