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Reportaje:CINE

La teoría del empacho

El éxito de Azuloscurocasinegro llevó a Daniel Sánchez Arévalo a complicarse la vida. El resultado, Gordos, una película sobre "la obesidad emocional" protagonizada por Verónica Sánchez y Antonio de la Torre. El director y la actriz nos descubren sus propios excesos.

Paseando de la mano por el madrileño barrio de Malasaña, Verónica Sánchez y Daniel Sánchez Arévalo podrían pasar por una pareja más. Sin embargo, estamos ante el director y la protagonista de uno de los estrenos españoles más esperados de la temporada. Para él, Gordos supone la revalidación tras barrer en taquilla y en los Goya con su ópera prima, Azuloscurocasinegro. Y para ella, la oportunidad definitiva de huir de las secuelas de una fama televisiva que puede indigestar a cualquiera.

La película, una reflexión coral sobre las contradicciones humanas que parte de un grupo de terapia para gordos, está suscitando opiniones encontradas. Puede resultar excesiva, irregular y hasta autocomplaciente, sí, pero también ofrece algunas situaciones muy estimulantes y desarrollos dramáticos difíciles de encontrar en nuestra filmografía reciente. El propio realizador admite que todo parte del reto de la superación. "Escribí Azuloscurocasinegro desde la contención y el control absoluto, tenía mucho miedo a cagarla. Ésta nació de la necesidad opuesta, de asumir el riesgo de no tener ni idea de cómo podía terminar el rodaje. Si mi primera película difícilmente puede irritar a nadie, con Gordos la reacción es mucho más extrema: gusta mucho o llega a provocar hasta cierto rechazo".

"Me inspira más 'El diario de Patricia' que 'Toro salvaje" (Daniel Sánchez Arévalo)

Evitó caer en la tentación de revisar clásicos sobre la obesidad. "Primero, porque no hay tantos. Y segundo, porque yo no busco nunca inspiración dentro del propio cine; corres el riesgo de repetirte. Prefiero la vida, las cosas que veo o leo. Me inspira más El diario de Patricia que El profesor chiflado, de Eddie Murphy, o Toro salvaje".

Una vez asumido el calibre del proyecto, fueron los propios actores quienes tuvieron que recoger el guante. En principio, sólo Antonio de la Torre tenía que "ponerse como una vaca". Metódico él, sobrepasó los 25 kilos para subir hasta 33. Sánchez Arévalo fue "engañando" al productor para no asustarle. Su idea era que el resto de los protagonistas entraran en un proceso de dietas yoyó para subir y bajar kilos a lo largo de un periodo que duró 10 meses. "Planificarlo todo fue muy esquizofrénico. Raúl Arévalo se encerró en casa para no quemar ni una caloría, pero cogía seis kilos y bajaba cuatro. Finalmente, opté por adaptar su papel. Son ese tipo de limitaciones las que te ayudan a disparar la imaginación y mejorarlo todo".

Con su chica, Verónica, le resultó más difícil. "Pedirle a una joven guapa y con un cuerpazo que lo estropee y que ella lo asumiera resultó de una generosidad extrema". Subió de sus habituales 50 a 60 kilos para que no cantara su embarazo de prótesis. "Yo pensaba que se iba a acomplejar y que no querría ni salir de casa. Pero qué va. Antonio y ella se tocaban las mollas el uno al otro y celebraban cada kilo como si fuera una fiesta". La actriz sevillana se ríe. "Ese lujo de comer lo que te dé la gana te dura dos semanas. Luego ya es una condena, porque coger tanto peso en poco tiempo no es tan fácil. Una comida era: pizza, pasta y tarta de chocolate. Con pan". "Yo recuerdo una caldereta de bogavante que se comió entera y, con las mismas, expulsó dramáticamente", dice Daniel. "Es verdad, al principio me ponía mala, mi cuerpo lo rechazaba".

Finalmente se convirtió, en palabras de Verónica, "en una película sobre la gordura emocional, un viaje hacia todas esas cosas que nos cuesta tanto asumir y que tragamos". La actriz sabe mucho de eso. En 2003 se convirtió en la chica de Los Serrano, uno de los hitos televisivos de la factoría Globomedia. Sus años de experiencia teatral y el haber rodado Al sur de Granada junto a Matthew Goode se esfumaron. También se pusieron a prueba los límites de lo que ella misma admite como "una timidez enfermiza". De golpe, tuvo que aprender a esquivar las puertas de los colegios y los paparazzi. "Yo nunca he querido ser famosa. Es una consecuencia de lo que hago, pero no ha sido un objetivo. La fama de la tele tiene un efecto de largo alcance. La suerte es que todos crecemos. Ahora hay otros adolescentes que tienen otros ídolos porque hay otras series", reflexiona. "Yo recuerdo un momento clave en la vida de Vero", completa Dani dirigiéndose a la actriz, "cuando empezaron a felicitarte más por Las 13 rosas que por Los Serrano".

Verónica acaba de regresar de Chile de rodar La lección de pintura, donde interpreta a una madre soltera en un país a las puertas de un golpe de Estado. De allí se ha traído su última adicción, el merkén, un aliño mapuche que ahora incorpora a todos sus guisos. Sánchez Arévalo, que también critica en la película los productos milagro, confiesa que el último que ha entrado en su vida es el Power Play, "una plataforma que vibra como 30 veces por segundo. Para un vago como yo, que también quiere mantenerse en forma, es genial". Además, acaba de incorporar a su existencia todo el repertorio de números uno de los 40 Principales. Es el autor del libreto de 40 El musical, que se estrena en la Gran Vía de Madrid el 15 de octubre con algunas caras conocidas como Angie (Física o química) y Pablo Pujol (Un paso adelante). "Hay más de 2.000 números uno de Los 40. Y te aseguro que el 90% habla de amor. A partir de ahí, me di el lujo de seleccionar canciones que cualquiera puede corear".

Gordos se estrena hoy en toda España.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de septiembre de 2009