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domingo, 6 de septiembre de 2009
Reportaje:

La memoria sumergida del Nuevo Pepita Aurora

Las viudas de los marineros fallecidos piden el reflotamiento del pesquero

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Todo crimen tiene su arma. Una pistola, una navaja, un hacha. "Aquí el arma es un barco y está bajo el mar". Lo dice Dolores Caravaca, aferrada al recuerdo de su marido, Manuel Alba, y, en solidaridad con el resto de viudas que dejó el naufragio del pesquero Nuevo Pepita Aurora, del que ayer se cumplieron dos años.

"Ninguna ha olvidado. Ni queremos que se olvide. Si hay que patalear, se patalea", explica Dolores. Ocho vidas se perdieron en ese barco de Barbate (Cádiz) que permanece hundido frente a la costa de la vecina Tarifa. Las viudas quieren que se reflote el barco como única vía para conocer toda la verdad de lo ocurrido. Ni el Ministerio de Fomento ni la justicia tienen intención de atender esta demanda.

Barbate (22.851 habitantes, Cádiz), como ciudad pesquera, se ve forzada a llorar periódicamente los vecinos que se traga el mar. Para ellos hay un monumento antes de llegar al puerto. Y sobre esa figura se posaron ayer algunas flores. Un sencillo recuerdo a las víctimas del Nuevo Pepita Aurora, organizado por la cofradía de pescadores y el Ayuntamiento, con la presencia de algunos supervivientes. "No se olvida nunca. Es más, ahora es peor que antes. Veo el mar de lejos y me entra el miedo por el cuerpo. Es algo que no se puede evitar", relata José Crespo, uno de los que viajaba aquel aciago 5 de septiembre de 2007 en el barco y todavía puede contarlo.

Era un día de temporal. El Nuevo Pepita Aurora regresaba de faenar en el caladero marroquí junto con otros barcos con la misma licencia. Un golpe de mar volcó el pesquero con 16 tripulantes a bordo. Ocho lograron sobrevivir pero las vidas de otros ocho se quedaron allí. Los cuerpos de cinco pudieron ser recuperados, otros tres siguen desaparecidos, aunque oficialmente están dados por muertos. Un juzgado de Algeciras es el encargo de la investigación del siniestro. Estas indagaciones han permitido descubrir que había un exceso de carga, que los salideros de agua estaban obstruidos o que el timonel era un marinero jubilado. Pero la propia Comisión de Siniestros Marítimos del Ministerio de Fomento ha restado importancia a estas irregularidades. De hecho, un reciente informe concluyó que si el barco hubiese llevado menos peso el vuelco habría sido más virulento.

La instrucción de la causa espera cerrarse en las próximas semanas. El juez deberá decidir si la archiva o fija fecha de juicio contra el, de momento, único imputado: el patrón y armador del barco, José Vega, quien tras declarar en el juzgado, quedó en libertad. Él ha sido el único beneficiario del seguro del barco que cubría el daño sufrido en el casco, por valor de 400.000 euros. La abogada de los supervivientes, Gema Martín, ha anunciado su intención de investigar si ese seguro debía cubrir a los marineros.

A las ocho de la tarde las viudas se citaron en el puerto de Barbate. Su reclamación es la misma por la que se manifestaron hace dos años: que el Nuevo Pepita Aurora, hundido a 29 metros de profundidad frente a la costa de Tarifa, sea reflotado. Es, dicen, el arma del crimen y la única forma de saber lo que ocurrió. Ni el juez, ni el fiscal, ni Fomento lo consideran necesario. Ellas, ayer, volvieron a pedirlo, y arrojaron flores en el mar donde se ahogaron sus maridos.

Tres viudas de los náufragos del Nuevo Pepita Aurora, en el acto celebrado en Barbate. / EDUARDO RUIZ

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