Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Resucitar aldeas desde Madrid

Emigrados del Val do Navea se unen para dar vida a ocho municipios

Hace poco, durante unas semanas, una empresa de Granada estuvo haciendo prospecciones en la vieja mina de oro de San Xoán de Río. El yacimiento de Os Biocos, de la época romana, es la versión gallega y abreviada de las Médulas. Pero los mineros andaluces parece ser que no encontraron nada. Y los vecinos de la zona no volvieron a saber más de aquella gente que, por unos días, trajo de nuevo la esperanza a las aldeas más viejas, más despobladas y más empobrecidas de España.

En el Macizo Central Gallego la especie que más abunda es el jubilado. Año tras año, cuando el Instituto Nacional de Estadística saca sus cuentas, varios municipios de esta parte de Ourense baten el récord estatal de la población más envejecida. El verdadero negocio, en este territorio que abarca las comarcas de Caldelas y Trives, son los geriátricos, las funerarias, los tanatorios. Fuera de eso, el dinamismo económico depende de las pensiones. San Xoán de Río y A Teixeira superan los 65 años de media de edad, y entre éstos, y el resto de los municipios del Macizo Central (Castro Caldelas, Chandrexa, Manzaneda, Montederramo, A Pobra de Trives y Parada do Sil) suman 10.022 censados, claro que buena parte de ellos están emigrados y sólo regresan por vacaciones.

Todos los años baten el récord estatal de la población más envejecida

El alcalde rechazó la concentración parcelaria y entonces la gente emigró

Entonces, levantan las persianas y vuelve la vida a las aldeas. Vienen de Vigo, de Barcelona, de Madrid. Ahora, algunos de estos últimos, junto con otros vecinos que no dejaron nunca su tierra, han decidido organizarse, a ver si son capaces, entre todos, de resucitar aquello. Todo empezó en una sobremesa familiar, y al que le asaltó la idea fue a uno de Mouruás (San Xoán de Río) emigrado en Madrid. José Manuel Sabín, profesor de Historia en la UNED, consiguió convencer a algunos primos, los de aquí y los de allá, y después de a los Sabín, embarcó también a los Rodríguez. Para la fundación eligieron el nombre de Val do Navea, el primer paisaje que protegió la Xunta, en noviembre de 2008. Fue, precisamente tras la declaración institucional del bipartito, cuando los primos pensaron que sería bueno crear una plataforma vecinal para dar nuevos bríos al valle.

"Aquí todo el mundo vivía del ganado", explica José Luis Rodríguez Losada, secretario de la fundación recién constituida. "Una vez, hace muchos años, en San Xoán tuvimos la oportunidad de hacer la concentración parcelaria, pero el Gobierno local se opuso. Yo siempre entendí que aquella ocasión perdida fue nuestra sentencia de muerte", continúa Rodríguez Losada: "Ahí fue cuando todo el mundo marchó a Madrid y a Barcelona".

Ahora, mientras espera ser declarada fundación de interese galego, la del Val do Navea prepara propuestas para cuando la Xunta, dentro de un año, apruebe el plan de conservación que viene aparejado por ley a la declaración de paisaje protegido. "Tenemos ideas", asegura el secretario de la fundación. Quieren proteger el medio ambiente, promover el turismo, los monasterios, las iglesias, la calzada romana. Pretenden limpiar las rutas de senderismo, rehabilitar casas en ruinas y aldeas enteras abandonadas. Proyectan recuperar los pastos, intentar la vuelta de la vaca autóctona (caldelá y vianesa) y "atraer a gente nueva con espíritu trabajador" y ganas de vivir de la ganadería.

El propio valle del río Navea, la mayor extensión de castaños centenarios que existe en Galicia, cuya zona protegida ocupa 706 hectáreas, está comido por la maleza y, según este nuevo colectivo, necesita una urgente intervención. Sin embargo, los planes de la fundación no gustan a todo el mundo. Se les han adherido la Asociación de Empresarios da Comarca de Trives y el grupo de rehabilitación de fauna Grefa, pero no han conseguido el apoyo de los gobiernos locales, y hay muchos vecinos que creen ver razones espúreas tras su buena voluntad. "Recibimos muchísimas críticas", reconoce Rodríguez Losada. "A los cazadores, por ejemplo, que estaban invitados a entrar en la fundación, les pareció mal nuestro plan para mejorar la caza mayor", cuenta. "Se pusieron en guardia al saber que queríamos introducir el ciervo en una zona donde ahora sólo hay corzos y jabalíes". Hay, además "quien piensa que los de Madrid tienen intereses económicos, pero eso es mentira". En la Galicia más pobre y más vieja todavía son muchos los que creen que todo está mejor como está ahora.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de agosto de 2009