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Cosa de dos

TONTOS

Escribir columnitas es un oficio extraño. Especialmente en agosto, cuando el periódico saca la muleta vacacional de la Revista y la actualidad (recuerden: eso que maneja la prensa y que a veces se parece a la realidad) deambula entre un crimen de ETA, un chaval que se caga en sus viejos y una fiesta mayor de no sé dónde.

Tratemos, al menos, de no molestar a nadie. Recurramos, por ejemplo, a un dilema clásico, sobre el que ayer reflexionaba Vicente Verdú en su blog: aquello de quién tiene más peligro, si el tonto o el malvado. Verdú, al que conviene leer con atención, consideraba de forma implícita que el malvado al que nos referimos no puede ser a la vez tonto, porque en ese caso pertenecería a la primigenia categoría de los tontos. Y expresaba su preferencia por el malvado, el malvado inteligente: "Mientras la inteligencia puede aliarse con el enemigo y no es raro que juntos consigan vencernos en el lance, el tonto se defiende con pleno rigor, indemne (...) Aunque en un examen se le suspenda nunca se corrige, aunque se le condene nunca se inculpa".

Esta vez no puedo estar de acuerdo con Verdú. Quizá por reflejo corporativo y porque uno tiende a defender a los suyos, prefiero al tonto. Se trata de una disyuntiva difícil y desagradable, bastante parecida a elegir entre la segunda legislatura de Aznar y la segunda de Zapatero, pero si hay que optar, se opta.

Dado que soy malísimo teorizando, les propongo un ejemplo práctico. No creo que nadie se rasgue las vestiduras si concedo a la banca (y confío fervorosamente en que mis jefes hayan acabado ya de renegociar esa deuda nuestra tan pimpante) el papel del perfecto malvado inteligente, aunque, según Verdú, posea un atributo del tonto: por más que se la condene, nunca se inculpa. La banca se proclama imprescindible. Sin la banca, dice la banca, todo se iría al garete. La humanidad podrá ir tirando, dice la banca, mientras la banca obtenga beneficios. Lo demás (el empleo, la salud, la paz, esas cosas) vendrá luego de forma automática.

¿Cómo no alinearse con el otro bando, el de los tontos, el de los que hacemos como si eso fuera cierto y actuamos en consecuencia?

* Este articulo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de agosto de 2009