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Entrevista:Berta Collado - Presentadora | Trotamundos | EL VIAJERO HABITUAL

El marabú de la curva

La cacereña Berta Collado, una de las presentadoras del programa Sé lo que hicisteis... de La Sexta, celebró la llegada del año nuevo en un paraje muy especial en la desembocadura del río Senegal.

¡Qué nochevieja más original!

Unos amigos nos invitaron al campamento que tienen cerca de la ciudad de Saint Louis, al norte de Senegal. Se llama Faro de Barbarie y se compone de pequeños bungalós situados sobre tres islitas en el delta. Muy cerca está la playa, un arenal que parece infinito y donde no hay un alma. Si acaso los pelícanos cerca de la orilla, y alguna que otra palmera.

¿Y para moverse entre las islitas?

La única manera es cogiendo un kayak o la barquita de motor.

¿Es complicado llegar hasta ahí?

Desde Dakar son unas tres o cuatro horas por carreteras bastante complicadas. Nosotros tomamos un taxi desde el aeropuerto. Todo fue bastante pintoresco, porque para empezar creo que nadie tiene licencia de taxista. Y en cuanto paras un segundo, el coche se convierte en un mercadillo. La gente te rodea para venderte desde naranjas a juegos de mesa. Y luego encima nos paramos a ver al marabú de la carretera.

¿Marabú?

Un marabú es un líder espiritual. La diferencia es que este hombre, que debe rondar los 50 años, es bastante conocido en Senegal porque al parecer lleva tres años viviendo junto a la carretera que va a Saint Louis, sin moverse de ahí. Es como la típica leyenda de la chica de la curva, sólo que este hombre existe.

Pero... ¿por qué vive junto a la carretera?

Al parecer hizo una promesa, y ahora se dedica a cumplir su palabra. El caso es que la gente suele pararse a darle agua y a hablar con él, aunque es un poco huraño; no deja que nadie le haga fotos. Si le ofreces tabaco al parecer es más simpático. Eso sí, sólo fuma Pall Mall.

Y a todo esto, ¿cómo celebró las campanadas?

El campamento aún no se había inaugurado y no había luz eléctrica. Así que nos sentamos en el suelo rodeados de velitas, usamos una cuchara y una paellera para dar las campanadas y nos comimos doce cacahuetes. Aparte de eso, sólo se oía a los pájaros, y al fondo, las olas del mar. Inolvidable.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de agosto de 2009