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miércoles, 15 de julio de 2009
Reportaje:TOUR 2009 | Décima etapa

Manos arriba

La guerra de los 'pinganillos' enfrenta el romanticismo a la seguridad y el lado práctico

El director del Tour, Christian Prudhomme, apelaba al ciclismo romántico "lleno de epopeyas"; Marc Madiot, director de La Française des Jeux, "a la defensa del corredor inteligente" para defender la ausencia de pinganillos (sistema de comunicación ciclista-director) en la etapa de ayer; los 14 equipos que se oponían a esta decisión del Tour, liderados por el del Astana, Johan Bruyneel (en esto también manda el ex ciclista belga), reclamaban la ausencia de riesgos evitables en el desarrollo de la carrera por lo mucho que hay en juego. Y los ciclistas, en su inmensa mayoría, querían el pinganillo por razones de seguridad y se oponían a la dirección del Tour. "Nunca somos consultados en estos casos", se lamentaban Juanma Garate, Mikel Astarloza y todos los que se oponían a correr con el oído vacío.

El Motorola de Armstrong fue, en los noventa, el primero que los usó

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¿Romanticismo o arcaísmo? El pinganillo nació en el ciclismo a principios de los años 90 cuando el Motorola de Lance Armstrong lo instaló en el equipo. "Era un aparato bastante grande que además llevaba un micrófono incorporado en el manillar", recuerda Bruyneel. "Luego se fue perfeccionando y disminuyendo en tamaño hasta lo que hoy conocemos", continúa diciendo sobre el sofisticado aparato que permite una transmisión exacta y directa entre corredor y director. En España, el principal introductor fue Manolo Saiz y en aquella época lo portaba el ciclista designado como jefe o director de ruta, que recibía las ordenes del director del equipo y las trasladaba al resto de compañeros. Luego fueron dos y finalmente todo el grupo.

Pero el pinganillo tenía más funciones y trabajos. En cuanto se instauró esta tecnología, que permitía controlar las fugas, las distancias, dar órdenes y ánimos, alterar tácticas o prever de forma rápida la asistencia médica en caídas, o deportiva, en pinchazos o averías, el espionaje comenzó a funcionar. Los equipos se proveían de personas capaces de controlar las frecuencias ajenas para conocer las tácticas ajenas y codificar las suyas. Comenzaba así una carrera entre la tecnología y los servicios de inteligencia informática. Se cuenta que Marino Lejarreta era un experto en el manejo de esta tecnología: barridos de frecuencias, códigos particulares... Incluso usaba el euskera con los corredores vascos para transmitir mensajes (como los estadounidenses en la II Guerra Mundial). Por su parte, el Festina llegó incluso a controlar las pulsaciones de sus ciclistas para saber, en carrera, si estaban dando de sí todo lo que podían, para a través del pinganillo reclamar un mayor esfuerzo del ciclista.

Eran tiempos demasiado pretéritos para el actual pelotón. Ninguno de los ciclistas en carrera y ninguno de los directores de equipo en el Tour los han vivido. En cierto modo ayer perdieron su virginidad y lo hicieron sin estridencias: "Mira, ha sido una carrera muy tranquila en la que hemos rodado con seguridad que era lo importante", resumía el líder del Euskaltel, Astarloza. "Para nosotros, el desarrollo de la carrera nos ha venido muy bien", reconocía José Luis Arrieta, del equipo del líder, Nocentini. Todos negaban el plante y callaban cuando se les preguntaba sobre el origen de la decisión de circular en pelotón compacto hasta los últimos 20 kilómetros de carrera, donde recuperaban la libertad de decisión para disputar la etapa.

Antes, proliferaban las manos arriba pidiendo agua, pidiendo consejo, pidiendo reparar un pinchazo como hasta hace unos 20 años. Manos arriba frente a la tecnología. Para todos fue un atraco. Todos se sintieron robados en su presunta buena fe. Prudhomme incluso habló, al término de la etapa, de "dados trucados" por el pacto del pelotón para llegar al sprint. Alberto Contador, Bruyneel y tantos otros pedían experimentos con gaseosa, "no en la carrera más importante del año". Para Carlos Sastre, y tantos otros, "fue un día muy bonito y muy tranquilo". "He podido hablar con los compañeros y ahora me explico por qué Bahamontes y otros duraban tanto", añadió el campeón del año pasado. Sastre, siempre Sastre.

El noruego Arvesen se tumba en la salida antes del inicio de la etapa. / EFE

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