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jueves, 2 de julio de 2009
Reportaje:El sábado comienza la 'grande boucle'

"¿Y por qué no dos?"

En vísperas del Tour, nadie habla de Carlos Sastre, el actual campeón

Carlos Sastre acabó muerto el Giro hace nada, un mes más o menos. "En Roma, el último día, soñaba con comer chuletones, con aparcar la bici... Sólo pensaba en descansar. Fue una carrera muy dura psicológica, físicamente", dice. Y lo dice sonriendo minutos antes de subirse a un avión que le llevará a una prueba más dura aún, tres semanas de julio en Francia llamadas Tour: "Pero ya he recuperado el apetito de ciclismo. He estado en los Alpes reconociendo las etapas que nos esperan y ha vuelto el deseo. Ya tengo ganas de estar en Mónaco. Me he entrenado fuerte, pero sin pasarme, sin gastar fuerzas...".

En Mónaco, el sábado, le espera el Tour, el dorsal 1, un maillot amarillo para comenzar. "Tengo el privilegio de poder disputar la primera etapa

"Voy con absoluta tranquilidad, relajado, y disfruto de mi trabajo más que nunca"

[una contrarreloj fuerte, de 15,5 kilómetros, por las colinas monegascas] con el maillot amarillo y será algo bonito", dice; "reviviré el último día del año pasado. Me estimulará más todavía para volver a estar en la misma situación, para conquistarlo de nuevo".

El maillot amarillo le recuerda, claro, París 2008, los Campos Elíseos, el podio, la victoria final... Un año después, nadie, muy poca gente, habla de Sastre. Pero, en justa correspondencia, él tampoco habla de nadie. El abulense de El Barraco, de 34 años, debe de ser de las pocas personas que aún no ha respondido a la pregunta que todo el mundo hace, se hace: ¿GanaráLance Arstrong su octavo Tour?

"Hablar de algo que no va conmigo es hablar demasiado", dice, en buen castellano, Sastre; "y no me importa no salir en las quinielas y no estar en el foco mediático. El mundo de las especulaciones no me interesa. Yo ni voy de tapado ni de no tapado".

Difícil, de todas formas, que pueda taparse. Cuando abandone, aunque sólo sea temporalmente, el maillot amarillo, en vez del negro con el que venía vistiéndose este año, pasará al blanco -necesidades térmicas obligan al Cervélo, su equipo, a usar el negativo de su maillot habitual- y, para distinguirlo mejor aún, las bielas Rotor de su bicicleta van pintadas de amarillo chillón. Imposible ocultarse.

"Y no me ocultaré. Aunque, de entrada, parezca que tres llegadas en alto

[Ordino-Arcalís, Verbier, Ventoux] son pocas, algún día se podrán marcar las diferencias", dice Sastre, el hombre de la tercera semana, el que ganó el Tour pasado con un solo ataque, en el Alpe d'Huez, la última montaña de la última semana. Sastre tiene un plan. Se puede leer en su mirada, ya fresca. Un plan que él, amante de los secretos, de las sorpresas, no dirá nunca. Al menos, hasta el día siguiente: "Puedo decir, de todas maneras, que voy al Tour con absoluta tranquilidad, que disfruto de mi trabajo más que nunca, que voy más relajado, que pienso que, si he ganado un Tour, ¿por qué no dos?".

Ya puesto a elegir, a Sastre, que si gana se convertirá en el campeón más viejo de la posguerra, con 34 años, tres meses y cuatro días, más viejo aún que el viejo Bartali, que ganó su segundo Tour en 1948, diez años después del primero, a los 34 y siete días, le gustaría que en el podio le acompañaran Alberto Contador y Denis Menchov. "Uno es español y el otro casi", dice Sastre; "y, sobre todo, son los únicos que me han derrotado en las grandes vueltas".

Carlos Sastre. / EFE

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