Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Terapia para homicidas del asfalto

El Congreso de Criminología de Santiago revisa el perfil del conductor peligroso

Una vez se presentó en un psicotécnico de la zona de A Florida, en Vigo, un hombre de mediana edad y apariencia normal que pretendía renovar el carné de conducir. Pasó sin problema la revisión física, trazó perfectamente las curvas al volante del simulador, pero cuando el psicólogo se arrancó con el cuestionario de rigor, el señor pegó el patinazo. El cliente guardaba en casa, oculta en la caja de la persiana, un arma para defenderse de la amenaza invisible que, según él, lo acosaba periódicamente. Y a veces, también con cierta frecuencia, cuando conducía tenía una visión: "Es un caballo blanco que se me acerca de frente, doctor. Me parece que es el espíritu de mi difunto padre". Hasta aquel día, este hombre circulaba libremente por la carretera y no levantaba sospechas.

La literatura médica ha definido ya la 'road rage' o rabia en la carretera

Cuando conducía, solía ver un caballo blanco que galopaba hacia él

Los psicólogos han puesto los ojos en los conductores peligrosos y se han encontrado con que muchas de estas personas necesitarían (pero no reciben) una terapia personalizada para poder coger el coche sin entrañar riesgos. El caso del hombre que veía caballos galopantes es raro. Lo corriente, según Xosé Antón Gómez Fraguela, profesor de la Facultad de Psicoloxía de Santiago, es que los homicidas del asfalto sean hombres normales que "un día beben" de forma inconsciente y tienen mala suerte, o simples "imprudentes" a los que no les importa mucho "poner en peligro a los demás", o "buscadores de sensaciones fuertes con escaso control sobre sus emociones". También están los delincuentes habituales, que en muchas ocasiones, precisamente por su "desprecio hacia la vida del prójimo", también son "delincuentes viales". De esta última relación van a hablar hoy por la tarde dos expertos en la mesa de debate que el Congreso Español de Criminología (que se celebra hasta el sábado en Santiago) va a dedicar a los delitos contra la seguridad vial.

Las personas que causan graves accidentes "no son criminales, pero ahora, según el Código Penal, son delincuentes". "Han cometido un delito y tienen problemas legales, a veces por causa de una conducta social aceptada como la de beber", explica Gómez Fraguela, que es el coordinador del congreso. Es el sexto año que se celebra, esta vez le ha tocado a los profesores de la Universidad de Santiago ser los anfitriones y han querido dedicar un apartado a relacionar "delincuencia de tráfico y criminología". Un fiscal del Supremo, un guardia civil, bastantes psicólogos y criminólogos tratarán de defender esa necesidad de un tratamiento específico para cada infractor. "Actualmente, para reeducar a las personas que han perdido los puntos del carné y quieren volver a conducir se les aplica el programa Intras, elaborado por un instituto de seguridad vial de Valencia", dice el profesor, "pero es demasiado general y deja fuera aspectos muy importantes".

"De 20 horas que dura el curso", sigue contando Gómez Fraguela, "sólo se reserva una para el psicólogo y ese tiempo no llega ni siquiera para convencer al alumno de que realmente necesita el curso. En una hora, por muy buenos que seamos los psicólogos gallegos, no lograremos cambiar nada en la mente de una persona". Para el profesor, "hacen falta más psicólogos" tanto en las cárceles (adonde van a parar durante un breve tiempo algunos homicidas del asfalto), como en los cursos de recuperación de puntos. También supervisando la reeducación de aquellos que se libran de las rejas a cambio de trabajos para la comunidad. Éstos no siguen ningún tipo de terapia.

La universidad ha firmado un convenio con el Colexio de Psicólogos de Galicia y ahora investiga, con la colaboración de varios psicotécnicos, las diferentes personalidades del piloto arriesgado, el peligro potencial de cada uno y la terapia conveniente según el caso; porque incluso entre los bebedores hay grupos, motivos y edades muy diferentes. Luego se tratará de convencer a la DGT para que aplique el nuevo método.

En la literatura médica anglosajona se habla de road rage, la rabia en la carretera de los que se desquitan con el bólido de todas sus miserias cotidianas. "Los que comunmente se dice que se pican al volante son personas que no dominan sus sentimientos de ira", cuenta el psicólogo. En muchas ocasiones, estos conductores tampoco tienen excesivo apego a su vida, ni respeto por la del otro, y además se toman unas copas. El Coletas, de 21 años, y Makelele, de 22, habían bebido "tequilas con Red Bull". Se picaron con su BMW y su Audi una noche en pleno casco urbano de Vigo y mataron a un matrimonio que circulaba en un AX y dejó dos chicas huérfanas. Los dos delincuentes viales salieron de la cárcel en poco tiempo y el mayor, repartidor de pizzas, reincidió, esta vez con un ciclomotor. A los makeleles no se les frena retirándoles el carné y ofreciéndoles un noitebús. Algo tiene que cambiar en su cabeza. Y "una hora no basta".

* Este articulo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de junio de 2009