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DEFENSORA DEL LECTOR

El interés público de las fiestas de Berlusconi

La publicación de fotografías sobre las actividades del primer ministro italiano en su finca de Cerdeña no vulnera el derecho a la intimidad. Ilustra una forma de ejercer el poder

Con el título Las fotografías que Berlusconi no quiere que vean los italianos, El PAÍS publicó el viernes 5 de junio varias imágenes sobre actividades lúdicas en Villa Certosa, la residencia privada que el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, tiene en la isla de Cerdeña. En las fotografías aparecían jóvenes semidesnudas en un ambiente relajado. En una de ellas podía verse a un hombre desnudo, al que no se identifica, pero que resultó ser el ex primer ministro de Chequia Mirek Topolanek, según él mismo confirmó posteriormente.

La publicación de las fotografías se convirtió rápidamente en una noticia de dimensión global y provocó una intensa controversia por las implicaciones políticas derivadas de su difusión. Las fotos se publicaron en exclusiva en EL PAÍS después de que la fiscalía italiana hubiera procedido, a instancias del propio Berlusconi, al secuestro del archivo gráfico que el fotógrafo Antonello Zappadu, autor de las imágenes, había reunido a lo largo de tres años. El archivo incluye no sólo esas instantáneas de Villa Certosa, sino otras en las que puede verse a los pasajeros que llegan a la isla, invitados por el primer ministro, en aviones o helicópteros oficiales, cuyo funcionamiento sostiene el erario público italiano. Dos de esas fotos habían sido publicadas por EL PAÍS el 1 de junio.

La confusión entre público y privado es constante en Berlusconi

La polémica suscitada ha tenido su correlato en el correo de la Defensora. Varios lectores, entre los que se encuentran Juan Manuel Coronado, Aurora Artolachipi y Miguel Moya, han expresado su disgusto por la publicación y piden una explicación.

Creo que el diario ha hecho a lo largo de toda la semana un importante ejercicio de transparencia sobre las circunstancias que han rodeado la publicación de esta exclusiva. La dirección ha explicado sus razones en dos editoriales, uno publicado el mismo día 5 y otro, más extenso, el día 7. La sección de Opinión publicó, además, el pasado miércoles un extenso artículo del catedrático de Derecho Constitucional Marc Carrillo, cuyo contenido creo que centra muy bien los términos del debate jurídico y cuyas conclusiones sobre la oportunidad de publicar las imágenes comparte la Defensora. No quiero, sin embargo, dar por zanjado el asunto. Varios de los lectores que se han dirigido a mí reclaman que responda a sus inquietudes y así trataré de hacerlo.

Las objeciones se centran en dos argumentos principales: el primero, que incluso el más criticable de los políticos tiene derecho a que se respete su intimidad y, por tanto, las fiestas privadas de Berlusconi están amparadas por ese derecho; el segundo, que la publicación de las fotografías supone un ejercicio de "periodismo amarillo" que consideran censurable en un diario riguroso.El derecho a la intimidad ampara, ciertamente, a todos los ciudadanos, incluidas las personalidades públicas, y EL PAÍS respeta ese derecho. Pero en el caso de los personajes públicos, no es un derecho absoluto. Tiene ciertas limitaciones, y una de ellas tiene que ver con el interés público. Cuando la actividad privada adquiere la dimensión de acontecimiento con repercusión pública, ese derecho puede quedar restringido. A ello hay que añadir la dificultad de delimitar la esfera privada cuando el propio interesado no establece una frontera nítida. De hecho, la confusión entre lo público y lo privado es una constante en el proceder de Berlusconi. En este caso ha sido el mismo primer ministro quien, para defenderse de las acusaciones de abuso de poder y de financiar con fondos públicos sus fiestas privadas, ha esgrimido que las actividades de Villa Certosa vienen a ser una prolongación de su vida pública.

La publicación de las fotos no interpela, pues, a su conducta moral en cuanto ciudadano libre de divertirse como quiera en el ámbito de la privacidad, sino a su conducta moral como político en el ejercicio de sus responsabilidades públicas. En el anuncio de la querella contra el diario EL PAÍS, el representante de Berlusconi no aludió al derecho a la intimidad del primer ministro, sino al de sus invitados. Sin embargo, ese derecho tampoco se ha vulnerado, puesto que no se les identifica y las fotografías han sido pixeladas para que no se les pueda reconocer.

Al acudir a fiscalía y al Garante de la Privacidad para pedir el secuestro del archivo gráfico, el propio Berlusconi puso el foco del interés público sobre el contenido de ese material. Y fue él quien, en su alegato a esas instancias, identificó al ex primer ministro checo Mirek Topolanek como uno de los invitados que aparecían en las fotos. En el contexto de una agria controversia política sobre abuso de poder por el uso de fondos públicos para actividades privadas, el contenido de esas imágenes se convierte, en consecuencia, en un material informativo de indudable interés público.

¿Puede considerarse la publicación de esas fotos un ejercicio de periodismo amarillo "propio de un tabloide", como sostiene el lector Alfred Font Barrot? Creo que no. Lo sería si las fotografías hubieran sido publicadas únicamente para enseñar cuerpos desnudos o para alimentar el cotilleo sobre qué personas asisten a las fiestas del primer ministro. Pero esas fotos no muestran nada diferente de lo que puede aparecer en un reportaje sobre playas nudistas, ni alimentan cotilleo alguno, puesto que no se identifica a los asistentes.

Lo fundamental es que las fotografías tienen valor informativo, no sólo porque han sido objeto de una acción judicial destinada a restringir el derecho a la información, sino porque además son relevantes para un debate que se había situado en el centro mismo de la esfera pública italiana. El hecho de que las fotografías publicadas por EL PAÍS hayan sido reproducidas mediante enlaces digitales en más de 200 publicaciones de todo el mundo, desde Le Monde a The Guardian o Los Angeles Times, es una prueba de ese interés informativo.

El caso ha puesto de manifiesto, por otra parte, lo obsoleto que puede resultar un secuestro judicial cuando los materiales se encuentran en soporte digital. Todos los diarios italianos incluyeron rápidamente enlaces con EL PAÍS para que sus lectores pudieran acceder a las imágenes secuestradas. La publicación de las fotografías está, pues, orientada a satisfacer el derecho de los ciudadanos a recibir información. Y éstos lo han ejercido masivamente. El mismo viernes, 3.658.348 lectores accedieron a la noticia a través de Internet, lo que supone, según la responsable de ELPAIS.com, Lydia Aguirre, el doble del tráfico habitual de un viernes. Los días siguientes el interés se mantuvo: el sábado accedieron 1,6 millones, y el domingo 1,4 millones. Las entradas a las versiones que se añadieron en inglés e italiano sumaron varios cientos de miles más.

Anticatalanismo. Alejandro Palau Muñiz se dirige a la Defensora para quejarse: "¿Podría ser tan amable de explicarme el porqué de este titular que encuentro en la edición digital?: Cinco autonomías, entre ellas Cataluña, absorben el 76,2% del gasto en I+D. En un artículo sobre la inversión en I+D estatal, ¿por qué esa referencia explícita a Cataluña? No le veo ningún sentido cuando en el texto no se hace mención de un gasto especialmente diferente respecto a las demás comunidades. Es más, en el cuerpo del artículo se expone que la inversión es superior, por ejemplo, en Madrid. ¿Por qué no se hace referencia a ello en el titular? ¿Por qué no dice: Cinco comunidades autónomas, entre ellas Valencia, absorben el 76,2 % del gasto en I+D? Yo no sé si es manía persecutoria lo que sufro o es que ustedes pretenden fomentar un poquito más el anticatalanismo existente. (...) Que desde un diario de izquierdas se fomenten sentimientos de este tipo me parece muy triste". El lector tiene razón en su crítica al titular. De hecho, el texto de la información comienza: "Cinco autonomías encabezadas por Madrid y Cataluña...". La versión que aparece en el archivo ha sido ya corregida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de junio de 2009