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martes, 9 de junio de 2009

ETA planeó matar a Garzón con un veneno oculto en una botella de regalo

Un documento del ex jefe etarra Jurdan Martitegi detalla la forma del ataque

El último jefe de ETA detenido, Jurdan Martitegi Lisaso, Arlas, tenía entre sus planes criminales matar a Baltasar Garzón con un veneno que iba a ser introducido en una botella de coñac de calidad que un falso admirador le iba a enviar como regalo al magistrado a la Audiencia Nacional, según fuentes de la lucha antiterrorista. El plan para asesinar al titular del Juzgado Central de Instrucción número 5 figura en un documento incautado al etarra tras su detención en Perpiñán, el 18 de abril, en el que también se incluye la posibilidad de que las víctimas del atentado, inédito en la historia etarra, pudieran ser los también magistrados de la Audiencia Fernando Grande-Marlaska o Santiago Pedraz, e incluso, los tres a la vez.

El paquete lo enviaría al juez un falso estudiante de Derecho

El terrorista, que había accedido a la jefatura de los comandos tras las sucesivas detenciones de sus antecesores (Garikoitz Azpiazu, Txeroki, y Aitzol Iriondo, Gurbitz), tenía en su poder al ser detenido un listado de atentados. Entre ellos, uno para recibir al socialista Patxi López como lehendakari durante su investidura y otro, según el documento incautado, cuyo encabezamiento no deja lugar a dudas: "Propongo hacer una acción mediante veneno".

El plan incautado consistía básicamente en enviar como regalo una botella de coñac de calidad o de otra bebida que le gustase al magistrado, cuyas preferencias en este sentido parecía ignorar el terrorista. Martitegi, conocido también como el Gigante por sus más de dos metros de estatura, pretendía mejorar el aspecto del presente con una copa de cristal, también cara, como si de un Borgia se tratase.

Martitegi, de 29 años y autor del atentado que acabó en Legutiano con la vida del guardia civil Juan Manuel Piñuel, disponía de una detallada planificación para consumar los planes contra el magistrado. Para intentar sortear cualquier sospecha de los servicios de seguridad de la Audiencia Nacional -que revisan sistemáticamente cada paquete que llega al edificio judicial, que ya ha sido objetivo de cartas o paquetes bomba contra jueces, uno de los cuales hirió a José Antonio Jiménez Alfaro, en junio de 1996-, el regalo iba a ser enviado desde una agencia de mensajeros que no estuviera en el País Vasco. Se advierte de que el remitente tendría que guardar medidas de seguridad al entregarlo al courier.

El atentado era planteado, según el documento, como un desafío a las medidas de seguridad de los potenciales objetivos de ETA, como una advertencia de que, por más vigilancia que se monte, "se puede golpear a los objetivos, no con bomba o bala, pero...". Y se subraya que una vez empleado este sistema sería la última vez que funcionara, ya que se adoptarían nuevas medidas de seguridad antiterrorista. Pese a ello, en el documento destaca: "Sería un gran logro para la organización".

Para sortear las suspicacias de policías y vigilantes de la Audiencia, el regalo envenenado iba a ser acompañado de un tarjetón firmado por un supuesto estudiante de derecho -incluso precisa que de cuarto curso- de una universidad ajena al País Vasco. La nota explicaría la admiración del estudiante por el juez por haber procesado a Augusto Pinochet o por las causas abiertas en torno a la corrupción el PP, e incluso por "los macrosumarios que tiene con Euskal Herria", verdadero motivo de la inquina del mundo de ETA contra Garzón. Martitegi y el juez ya han estado frente a frente: el 12 de febrero de 1998 el terrorista se presentó ante el magistrado porque la Ertzaintza le buscaba por su presunta participación en actos de kale borroka (vandalismo terrorista). El juez lo dejó en libertad.

El documento de Martitegi, que hasta su detención se había distinguido por su temeridad en los atentados, proponía tener listo, grabado o escrito, el mensaje de reivindicación para, en caso de que el envenenamiento tuviera éxito, divulgarlo con la máxima celeridad.

Garzón figura como objetivo de ETA desde el arranque de los años noventa. Con anterioridad, la banda ha asesinado a la fiscal de la Audiencia Nacional Carmen Tagle y ha perpetrado asesinatos frustrados contra los ya ex presidentes de la Audiencia Fernando Mateo Lage y Carlos Dívar, el fiscal Eduardo Fungairiño o el citado Jiménez Alfaro.

Traslado de Jurdan Martitegi desde la comisaría de Montpellier a París el pasado abril. / TEJEDERAS

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