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viernes, 29 de mayo de 2009
Crítica:

Estribillo constante

J. O. 29 MAY 2009
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Escritor de Cuatro bodas y un funeral y director de Love actually, Richard Curtis maneja como pocos el ejercicio de la réplica tronchante, el reciclaje de mitos y la emoción cómplice. En Radio encubierta, en cambio, sus virtudes aparecen con cuentagotas, mientras el engranaje de su oda a las emisoras piratas se cae por su ínfimo peso. Da la impresión de que Curtis ha pretendido construir una comedia en la onda de las incursiones cinematográficas de los Beatles (Help!, A hard day's night...), presididas por el mito, la frescura y la tontería. Sin embargo, aquellas películas eran producto de su tiempo.

La banda sonora es de impresión, y Curtis es capaz de componer un par de imágenes-símbolo de altura, pero la película confunde la agilidad con la banalidad y la trascendencia con la duración. Como si hubiese creado una canción de ocho minutos en la que sólo hubiese estribillo.

 
 

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