Jubilación forzosa
Para muchos, la jubilación es el primer paso hacia la tumba. Hay tiempo para todo. Para demasiado. La alergia a las horas muertas y el terror a la inactividad se unen a ese estado al que a veces llegan ciertos matrimonios, en el que la posibilidad de estar cerca 10 horas más sólo conlleva multiplicar las discusiones por el mismo número. Justo lo que le ocurre a los protagonistas de Sueños de juventud, película checa de atractivo planteamiento y desarrollo fracasado, que va perdiendo su inicial complicidad conforme la melaza y el trazo grueso se apoderan de su tono.
Jan Sverák, su director, tocó la gloria del Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1997 gracias a Kolya, exponente del típico-filme-amable-con-niño que consigue llegar al gran público. En Sueños de juventud, en cambio, se pasa de revoluciones: en el costumbrismo, en las trazas de su humor, en sus ensoñaciones. Tanto que, a años luz de lúcidas aproximaciones a la jubilación como A propósito de Schmidt, a lo que más recuerda con su pedestre puesta en escena es a las películas de Paco Martínez Soria. Claro que el aragonés sigue cosechando grandes audiencias. Casi como Sueños de juventud, la película checa más vista de su historia.