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Detenido el dueño de un bar de Málaga por prostituir menores

Los jóvenes recibían 20 euros por cada contacto sexual

El trasiego de jóvenes magrebíes y adultos que les sacaban varias décadas en un bar del centro histórico de Málaga terminó por llamar la atención de la policía. Tras el pub Embrujo, situado en un callejón que comunica el Teatro Cervantes y la Plaza de la Merced, se escondía un lugar en el que, según los investigadores, se favorecían encuentros sexuales entre adolescentes, muchos de ellos menores, con problemas económicos. Los contactos les garantizaban una pequeña cantidad de droga o dinero, que rondaba los 20 euros cada vez.

Este fin de semana, el propietario del establecimiento y otras tres personas han sido detenidos por corrupción de menores, delitos relacionados con la prostitución y tráfico de drogas. La juez decretó ayer el secreto de las actuaciones, según informaron fuentes policiales.

El bar funcionaba como un pequeño club secreto. Tenía un sistema de vigilancia que permitía al dueño controlar las personas que accedían con una cámara de seguridad. Sólo los rostros conocidos o aquellos que venían acompañados por personas de confianza tenían cabida.

Los investigadores creen que el encargado, con antecedentes policiales por corrupción de menores, convencía a los jóvenes para que accedieran a mantener relaciones sexuales a cambio de dinero y que se aprovechaba de la precaria situación económica de sus familias.

La tarifa variaba. Rondaba los 50 euros, de los que 30 acababan en el bolsillo del dueño del bar. Los 20 euros restantes eran para los jóvenes, que también podían recibir medio gramo de cocaína como pago. En la parte de arriba del negocio, los policías hallaron un pequeño almacén con un camastro que hacía las veces de reservado.

Los chicos que supuestamente se prostituían eran de nacionalidad extranjera, sobre todo magrebíes y rumanos. Entre ellos hay menores, de entre 16 y 17 años, y otros mayores. Los clientes asiduos rondaban los 40 ó 50 años y tenían buena posición económica.

La policía irrumpió en el establecimiento el sábado de madrugada. Los registros se extendieron al domicilio del dueño del bar, donde hallaron cocaína y una balanza de precisión.

Llevaban varios meses investigándoles. En este tiempo se habían entrevistado con algunos de los muchachos y clientes, que les habían detallado cómo funcionaba el negocio. También habían tenido ocasión de estudiar las idas y venidas de muchos de ellos.

El resto de los apresados, todos hombres, son la pareja del dueño del bar, un camarero y un antiguo empleado. Este último quedó en libertad durante el fin de semana.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de mayo de 2009