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viernes, 1 de mayo de 2009
Reportaje:

Viaje en imágenes al 1 de mayo

Una exposición recorre 120 años de historia sindical y política en las calles

Indalecio Prieto, Miguel de Unamuno, Francisco Largo Caballero y Pedro Rico, de derecha a izquierda, el 1 de mayo de 1931 en Madrid. / CORTÉS

¿Habrá hoy algún Unamuno encabezando la manifestación del Primero de Mayo? ¿Marcharán juntos en primera línea la vicepresidenta Elena Salgado, el alcalde madrileño Alberto Ruiz-Gallardón y el ministro Celestino Corbacho? No, claro.

Lo que hoy resulta impensable ocurrió, sin embargo, hace 78 años: el alcalde de Madrid, Pedro Rico, el ministro de Trabajo, Francisco Largo Caballero, y el escritor Miguel de Unamuno se cogían del brazo mientras se manifestaban el 1 de mayo de 1931. A su lado caminaban otros ministros como el de Hacienda, Indalecio Prieto. Se acababa de proclamar la Segunda República. Uno de sus primeros decretos declaró festivo el Primero de Mayo y anunció la ratificación del Convenio de Washington, que establecía la jornada de ocho horas. El Gobierno se volcó en aquella celebración tan simbólica y tan silenciada durante los años de la dictadura de Primo de Rivera.

Las imágenes pertenecen a la exposición 120 años del Primero de Mayo, que propone un viaje histórico por una de las pocas fechas con reinado universal y que se puede visitar en el Palacio del Infantado de Guadalajara hasta el 14 de junio.

Nació como una propuesta de la II Internacional, reunida en París en 1889, para fijar una jornada internacional de reivindicación y honrar de paso a los cuatro inocentes ahorcados en Chicago (tres periodistas y un tipógrafo que habían liderado las protestas obreras en favor de la jornada de ocho horas) dos años antes. Un quinto condenado a la horca se ahorró el sufrimiento suicidándose en la celda. A otros tres detenidos, tras las violentas revueltas, se les conmutó la pena de muerte por 15 años de prisión. En este largo siglo de vida, la jornada ha servido a veces para mucho y a veces para nada. Perseguida en ocasiones, aireada en otras. E incluso travestida. Franco suprimió el Primero de Mayo y se inventó el Día de la Exaltación del Trabajo (18 de julio, que conmemoraba la fecha de su rebelión). Y cuando el papa Pío XII, en uno de los sagaces movimientos tácticos de la Iglesia de sumarse al enemigo si no puedes con él, declaró en 1955 el Primero de Mayo como la festividad de San José Artesano, obligó al régimen franquista a abrirle un hueco en el calendario.

La conmemoración se disfrazó entonces como Demostración Sindical, un despliegue de actuaciones folclóricas en el estadio Santiago Bernabéu al que asistió de forma regular el dictador hasta el año de su muerte. De aquellos días son imágenes que hoy resultan tan ajenas como lo sería que la vicepresidenta económica acuda a la manifestación de ganchete con el alcalde de Madrid. Cazadores, escopeta al hombro y cartuchos en la cintura, participan en las demostraciones del Bernabéu junto a exhibiciones de motocicletas o cantos religiosos.

Para la muestra, organizada por la fundación AGFITEL, la Junta de Castilla-La Mancha y la Asociación de Amigos del Archivo Histórico de Guadalajara se han rastreado 30 archivos y centros documentales de España y otros países, ya que un apartado recorre las celebraciones sindicales de los emigrantes españoles en países democráticos europeos. Hay fotos, carteles y documentos que permiten comprobar algunos avances actuales que eran aspiraciones hace un siglo: la jornada de ocho horas, el fin de trabajo infantil o el descanso dominical. Casi nada.Franco asumió la fecha cuando Pío XII la cristianizó como San José Artesano

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