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Reportaje:31ª jornada de Liga

Renace el ahijado de Pepe

Ignorado por Capello y poco aplicado en defensa con Schuster, Marcelo destaca con Juande

Marcelo todavía recibía collejas de su amigo y protector, Pepe, en el avión que trasladó al Madrid desde Sevilla en la madrugada de ayer. Sentados en la misma fila, juntos, iban sonrientes como casi siempre. Sólo que Marcelo ya no necesitaba el apoyo moral de su compañero para no deprimirse. El pequeño carioca tenía los ojos dilatados y brillantes como los de un muñeco de juguete. Acababa de meter un gol que puede valer la Liga. Si no, al menos, valdrá un récord asombroso. La marca de siete partidos ganados fuera del estadio Bernabéu que permite a este Madrid sin recursos equipararse al mejor Madrid de todos los tiempos, el de Di Stéfano, en 1961.

Marcelo fue un futbolista tardío. En 2002, con 14 años, pasó del fútbol-sala al fútbol-once del Fluminense sin solución de continuidad. Acostumbrado a jugar cerca de las porterías, se inclinó más por pulir la definición que por agudizar su instinto defensivo. Así lo recogieron los entrenadores del Fluminense y no era un producto acabado cuando peleó por evitar el descenso en el campeonato de 2006. Antes de cumplir los 18 años, se acostumbró a jugar en Maracaná sometido a una gran presión. Lo hizo como carrilero, con esa indefinición táctica que convierte a los brasileños de esa especie en jugadores al mismo tiempo valorados y sometidos a la censura.

"Cuando llegué al Madrid, le faltaba confianza", dice el técnico manchego

Con 20 años, Marcelo sigue sin ser un futbolista completamente adaptado a las exigencias del Madrid. Sin embargo, en Huelva, ante el Recreativo, marcó un gol que servirá a sus compañeros para afrontar con más confianza las dos semanas en las que se jugarán el título.

Juande Ramos, el entrenador que le rescató de la marginación, no podía evitar que la felicidad asomara por debajo de su cara huesuda cuando hablaba de Marcelo en el aeropuerto de San Pablo. "Todavía tiene que aprender a defender", decía el técnico, "pero nos puede ayudar mucho como lateral o como interior, según las necesidades de cada partido. Tiene unas condiciones que nos vienen muy bien, porque es el único jugador de la plantilla con características específicas para jugar por la banda izquierda".

"Cuando llegué al Madrid, a Marcelo le faltaba confianza", cuenta Juande. Poco a poco, la ha ido recuperando. Los últimos meses de Marcelo con Bernd Schuster fueron duros. El alemán había renunciado a enseñarle conceptos defensivos y las carencias del chico se hacían cada vez más evidentes. Seis de los goles que recibió el Madrid en la primera fase del campeonato fueron responsabilidad directa o indirecta de Marcelo, que se vio involucrado en las acciones precedentes. Solía llegar tarde al cierre o descuidaba su zona en las jugadas a balón parado, dando una resonancia más viva a las palabras de uno de sus promotores juveniles, Lucho Nizzo, ex técnico de las categorías inferiores de Brasil. "Marcelo es demasiado joven", dijo Nizzo cuando se enteró en 2006 de que ficharía por el Madrid; "no ha completado su ciclo de preparación. Su fichaje por un club europeo, igual que el de Pato, es precipitado".

Cuando llegó al Madrid, en el invierno de 2007, Marcelo necesitaba amparo y formación. Fabio Capello, que nunca tuvo vocación de maestro de juveniles, le ignoró. Schuster le utilizó más, pero tampoco se detuvo a enseñarle a defender. Al jugador sólo le quedaron sus amigos: Ronaldo, Robinho, Roberto Carlos, Baptista y Pepe. Con el tiempo, el club fue prescindiendo de todos ellos. Cuanto más solo se sentía en el grupo, peor jugaba. Sólo le mantenía a flote el consuelo de su último colega, Pepe, que lo adoptó como a un pupilo o como a una mascota.

"Es que yo soy lateral", se lamentaba Marcelo; "no extremo". Durante los primeros meses, tras su llegada, Juande le empleó como interior. En Huelva le puso en la punta de la defensa aprovechando que Heinze tenía una rodilla inflamada. La respuesta superó las expectativas. El pequeño carioca hizo lo mismo que su predecesor, Roberto Carlos, en la primavera de 2007. Ese día, Marcelo lo había visto en la tele porque Capello no le convocó. Ayer, el que avanzó hacia la portería del fondo este del Colombino fue él mismo. Como en 2007, el autor del pase fue Gago. Esta vez la jugada fue más limpia. El argentino le metió al espacio un pase perfecto, de 50 metros, con el freno justo. Marcelo ganó la espalda a Bouzón en una maniobra perfectamente coordinada antes de batir a Riesgo con mucha clase por el primer palo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 20 de abril de 2009