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domingo, 12 de abril de 2009
Reportaje:

Fantasía dominical

QUINO PETIT 12 ABR 2009
Todo el mundo tiene derecho a soñar. Salvar a los pingüinos del deshielo. Dirigir una película con Marilyn Monroe. Cantar con Miguel Ríos. Protagonizar un musical. Ser un diablillo. 'El País Semanal' convierte en realidad los sueños de Pilar López de Ayala, Jorge Moragas, Juan Fernando López Aguilar, Gemma Nierga y Martín Rivas.

¿Me cantarás Happy birthday, Marilyn?".

¿Qué le pasa a Jorge Moragas? ¿Por qué está tan nervioso el coordinador de presidencia y de relaciones internacionales del Partido Popular? Un tipo como él, con esa seguridad tan aparente, con la ironía siempre a punto... Pero, ante todo: ¿Por qué habla con Marilyn Monroe? Esto es muy extraño. Otro diputado, el candidato socialista a las próximas elecciones europeas, Juan Fernando López Aguilar, canta junto a Miguel Ríos durante un improvisado concierto de rock. La actriz Pilar López de Ayala pone en marcha una extravagante máquina de producir nieve para evitar el deshielo en los polos. Gemma Nierga, directora y presentadora del programa La ventana, de la cadena SER, protagoniza un musical. Y Martín Rivas, actor de la serie televisiva El internado, se convierte en un ladronzuelo. ¿Qué está pasando este domingo?

Martín Rivas: "de pequeño me costaba mucho robar algo"

Moragas: "La película del PP sería 'En busca del Arca perdida"

Todo comenzó un soleado día de la presente primavera, cuando la revista dominical de un periódico soñó con prender la mecha de estas alucinaciones. El reportero preguntó a Martín Rivas por su sueño más codiciado. Y el actor de 24 años, candidato al Goya al mejor actor revelación por su papel en Los girasoles ciegos, respondió sin demora: "Siempre me hubiera gustado ser un pillo, un buscavidas como Dodger el Tramposo, el amigo de Oliver Twist en la versión cinematográfica de Carol Reed".

Dicho y hecho. El actor y el reportero se trasladan hasta una calle con muros de ladrillo victoriano, enclavada en el viejo y mugriento Londres de las Workhouse y las Leyes de pobres. Martín Rivas parece ansioso por deshacerse de su cazadora de cuero marrón, sus jeans lavados a la piedra y las zapatillas deportivas para convertirse en un personaje de Dickens. "Cuando éramos pequeños, mi hermana y yo teníamos gastada la cinta en VHS del musical Oliver. La veíamos constantemente. Nada más aparecer el guardián del orfanato nos echábamos a temblar. Es el primer recuerdo cinematográfico que conservo".

Sin embargo, la infancia gallega de Rivas con su familia no tuvo nada que ver con la del pequeño Oliver. "Vivimos en muchos sitios, Tui, Vimianzo, Dublín... Mi madre era profesora de instituto y mi padre escribía en casa, así que nos acomodábamos a los destinos de ella. Yo tenía un sentido de la responsabilidad demasiado grande como para ser un randa, como se llama a los pillos en Galicia. Me costaba mucho robar algo, por eso me seduce la figura del pícaro. Nunca pasé de colarme en el autobús y mangar alguna revista porno...".

Uno piensa que no será para tanto, pero sí que hay un antes y un después de contemplar los ojos de Martín Rivas al desnudo. Se despoja de sus gafas de sol modelo Pantoja-moderno y descubrimos al icono contemporáneo de la pequeña pantalla, al ídolo de imberbe e insultante belleza. Enseguida comprendemos por qué con 12 años hizo su primera prueba como figurante en una serie para la televisión gallega. Hoy conserva esa mirada transparente que después le llevó desde Santiago de Compostela hasta Madrid. Un viaje de la mano del responsable de casting de Globomedia, Luis San Narciso, quien le fichó para El internado y le catapultó a la fama. Tras su bautizo en el cine, a las órdenes de José Luis Cuerda en Los girasoles ciegos, ha estado a punto de firmar su primer papel protagonista junto a María Valverde. "Al final, no voy a hacerlo. Tenía que compaginarlo con la serie y he preferido centrarme en una sola cosa. A veces hay que saber frenar un poco".

-¿Le preocupa que puedan encasillarle en la televisión?

-Creo que soy demasiado joven para que se me pueda encasillar en algo.

Y Martín Rivas se larga a birlarle unas manzanas al frutero de esta calle londinense. Sonríe, el muy granuja. Pero su teléfono móvil está a punto de sonar con intención de devolverle a la realidad. Mañana le recogerán a las seis de la madrugada para llevarle al rodaje de un nuevo capítulo.

El reportero se despide de Martín y enciende su reproductor de radio. Enseguida se topa con la voz más seductora y la sonrisa más colosal de las ondas: Gemma Nierga (Girona, 1965). Reina de la tarde. Líder absoluta de audiencia, según la última oleada del EGM del año pasado, con 751.000 seguidores de su programa La ventana, en la cadena SER. Una mujer con un sueño: protagonizar un musical. "A los 18 años me matriculé en la Facultad de Periodismo, pero no dejé de interpretar ballet y teatro en un centro cívico del Poblenou de Barcelona hasta que me quedé embarazada de mi hijo Pau. Incluso cuando hacía Hablar por hablar, de madrugada, iba a los ensayos de diez a doce de la noche. Me ayudaba a relajarme antes de entrar en antena. Así que ni tele, ni radio, ni nada. Mi verdadera fantasía es estar encima de un escenario cantando las canciones de un espectáculo como, por ejemplo, Mamma mia!".

Sólo ha hecho falta pedir prestado el vestuario de este musical, que volverá a estar de gira por España desde el próximo verano en el teatro Arriaga de Bilbao. Nierga está preparada para su gran estreno junto a Olga Nebra y Anna Puigboltas, su guardia pretoriana ante el micrófono. "Las tres somos un poco Mamma mia!", justifica Gemma con el nerviosismo previo al debut. "Anna y yo llevamos juntas desde nuestro aterrizaje en La ventana, allá por 1997. Olga llegó poco después". Y de esa entente cordiale nace el buen rollo con el que llevan más de una década contagiando a sus oyentes. "Ellos nos conocen bien. Y a mí me tienen calada", susurra Gemma antes de salir a escena. "Al principio, cuando tenía 30 años, intenté ser otra. Pero la radio no te permite la artificiosidad. La falsedad se detecta enseguida".

¡Qué empiece el show! Las chicas entran en escena muertas de risa. Están pletóricas. Divinas. Dispuestas a darlo todo, enfundadas en licras de color blanco rematadas con cristales de Swarovski. Plataformas plateadas. Confeti. Música de ABBA. "¡Dancing queen!". Y se tronchan. "¡Ponme Chiquitita!", reclama Gemma. "¡Eso sería el desparrame total!", subraya Olga. Todos bailamos y cantamos. El estreno es un éxito. Pero ellas deben preparar el programa de la tarde. Y nosotros queremos seguir soñando.

Así que nos vamos hasta otro escenario, el de la sala El Sol, en la madrileña calle de los Jardines. Juan Fernando López Aguilar (Las Palmas de Gran Canaria, 1961), ex ministro de Justicia y actual candidato del PSOE a las elecciones europeas, confesó que su sueño era tocar un rock and roll junto a Miguel Ríos. Y ahora espera, vestido completamente de negro y con su guitarra al hombro, la llegada del decano del rock en español, que prepara la próxima gira de conciertos de su último disco: Solo o en compañía de otros. Ríos hace acto de presencia con aspecto envidiable. Y abraza al político. "¿Empezamos con Santa Lucía?".

López Aguilar enchufa su guitarra eléctrica. Rasguea los acordes de una de las baladas más famosas de Miguel Ríos. El granadino comprueba que el tipo que tiene al lado sabe lo que se trae entre manos y agarra el micrófono. "A menudo me recueeerdas...". Este dúo insólito sigue con Cuerpo de ola, de Hilario Camacho. La actuación culmina con una versión de Johnny be good a la que modifican el estribillo: "Go, yankees go, home... Yankees go home". López Aguilar se faja en los punteos. Miguel Ríos desembucha: "No quiero decir que se te da mejor esto que la política, porque fuiste un buen ministro, pero estoy a punto de hacerlo". La pregunta se torna inevitable al bajar del escenario:

-Señor candidato, ¿le hacía más ilusión cumplir este sueño que ganar las elecciones europeas?

-La política se debe mucho a las expectativas y a la aprobación de los demás; y ya que los demás esperan que gane, sería un frívolo si no reconociera que me hace mucha ilusión ganarlas. Pero, personalmente, una sonrisa como la que he podido tener ahí arriba con Miguel, es difícil sacarla a relucir en política. Ni siquiera cuando te nombran ministro; estás demasiado preocupado por lo que se te viene encima.

-Si la cosa no le va bien en las urnas, ¿se lanzará a la carretera?

-Ojalá pudiera hacerlo... La verdad es que sería bonito tocar con Miguel durante la campaña. ¿Montamos un Santa Lucía?

Ahí les dejamos, concretando una cita. ¿Cuál será la fantasía de un político rival de este socialista? Preguntamos a Jorge Moragas (Barcelona, 1965), diputado y coordinador de presidencia y de relaciones internacionales del Partido Popular. Un día cambió la diplomacia por la política. Pero antes, durante sus años de estudiante, se le pasó por la cabeza dejarlo todo por el cine. "Mi padre me disuadió, pero no descarto rodar algún día un guión escrito por mí".

Nos plantamos en el rodaje de La tentación vive arriba, de Billy Wilder, para recrear la mítica escena de Marilyn Monroe con sus faldas al vuelo del respiradero del metro en la neoyorquina Lexington Avenue. Corren los años cincuenta del siglo pasado. Moragas mira de reojo a Marilyn. Reparte instrucciones a los muchachos de producción. Algunos han ido a comprar botellas de bourbon y bocadillos de pastrami. Queda mucha noche por delante.

-¿Cuál sería la película del Partido Popular?

En busca del arca perdida, la aventura de un partido que intenta recuperar el poder venciendo todo tipo de obstáculos e inconvenientes. Mariano Rajoy sería Indiana Jones, claro. Y recuerdo que al final de la peli de Spielberg, Jones encuentra el arca...

-¿Para cuándo una película de Moragas?

-Estoy preparado para dirigir un corto. Ahora trabajo 15 horas al día y lo tengo difícil, pero me podría organizar.

Así es Moragas. El ex diputado aragonesista José Antonio Labordeta dijo de él: "Hay un diputado del PP que es diplomático, no sé cómo se llama. Va al Congreso con mochila. Menuda gilipollez". Para más inri, escribe un blog llamado La mochila de Moragas. Y no se achanta fácilmente. "Labordeta es un señor mayor al que hay que respetar... La mochila es un instrumento de mi generación. Y además, ¡no iba yo a llegar al Congreso con una cartera sin ser ministro! Ya habrá tiempo para carteras...".

-¿Pero qué hay dentro de la mochila de Moragas?

-Una [libreta] Moleskine, unas gafas de bucear... es que me gusta mojarme... cargadores de móviles, llaves de varias casas... yo vivo aquí, en Madrid, en un pequeño apartamento, pero cuando puedo me escapo con mi mujer y mis dos hijas, de nueve y siete años, al Ampurdán... también llevo algún libro y una máquina de fotos. Cuando viajo con Rajoy intento estar al quite por si surge alguna escena que merezca ser inmortalizada.

Abandonamos el cine amateur por una cita con uno de los rostros más frescos de la gran pantalla: el de Pilar López de Ayala (Madrid, 1978). Acaba de llegar de India, donde ha representado en un festival Las 13 rosas. Como si no hubiera tenido suficientes viajes durante el año pasado -entre otros, el periplo mexicano del rodaje de Sólo quiero caminar (Agustín Díaz Yanes) y una temporada en Francia para participar en Comme les autres (Vincent Garenq)-, se ha empeñado en que nos vayamos hasta el Polo Sur.

-¿Por qué un lugar tan frío, con el día tan bonito que hace?

-Porque me preocupa el deshielo. Es algo muy grave. Me gustaría que se informase más sobre este asunto, que nos llegase el mensaje como lo hacen las campañas de tráfico para prevenir accidentes. Es muy triste ver a los osos aislados, a los animales en peligro. Y los Gobiernos tienen una responsabilidad muy grande sobre el cambio climático.

los pingüinos rey se encuentran en época de apareamiento en la Antártida. Pilar les trae una nueva diversión: ha inventado una máquina de fabricar nieve para combatir el deshielo. Estos animalitos han comido su ración de arenques y parecen contentos con la llegada de la intrusa. Uno de ellos se ha enamorado de Pilar. Es comprensible. Y ahí está ella, sobre unos taconazos, como si no hiciera un frío que pela.

Pilar López de Ayala parece sobrevolar la adversidad con la misma elegancia con la que estos pingüinos visten su piel. Acaba de entrar en la treintena. Atrás quedó la chica de Majadahonda (Madrid) que compaginaba el instituto con sus primeras participaciones en series de televisión. Después paladeó las mieles del éxito con su papel de Juana la loca (2001). "Desde entonces intento no tener muchas expectativas, disfruto con lo que venga". Cuando vuelva a Madrid seguirá preparando el guión de una película que tiene previsto rodar en España, si bien al cierre de este reportaje aún no había firmado su participación. Lo que sí asegura es mantener vigente una máxima: no arrepentirse de ninguno de los papeles que ha interpretado. "Las decisiones que he tomado han sido siempre a la hora de leer el guión; otra cosa es que algunas películas hayan salido después de forma diferente".

El reportero se despidió con pesar de la hechizante voz de Pilar. Regresó a la oficina del suplemento dominical, donde contó a todos su extraña odisea. Le vieron tan ilusionado, que nadie quiso advertirle sobre lo que había pasado durante su ausencia. Pero él se percató de que sus compañeros mostraban un semblante preocupado. Decidió que lo mejor sería sentarse a escribir. Hilvanó las notas de su cuaderno con los recuerdos de todo lo que había visto y oído. Después entregó el texto a sus jefes para que pudieran manchar las páginas de la revista junto a las imágenes que certificaban todas aquellas fantasías. Y se marchó a descansar.

A la mañana siguiente, el reportero volvió a la redacción del periódico. Se sintió alarmado por el silencio reinante en el edificio. El rumor de teléfonos, habitual incluso en sábados como aquél, parecía apagado o fuera de cobertura. Tampoco se cruzó con nadie hablando con el móvil por los pasillos. Al entrar en la planta del suplemento encontró la estancia diáfana, completamente desangelada. Salvo por la presencia de los ordenadores, daba la sensación de que hubieran barrido las mesas. No había papeles desperdigados. Ni libros. Las fotos y carteles que decoraban las paredes habían desaparecido. No quedaba un solo rastro de presencia humana. Y lo que le inquietó más todavía: las teclas de los ordenadores estaban moviéndose solas.

Aquel baile de letras rellenaba automáticamente los huecos en blanco de las páginas del periódico del día siguiente. Súbitamente, una voz galvánica escupida desde un altavoz pulverizó el silencio reinante en la sala.

-¿Qué haces ahí, mequetrefe?

-¿Quién habla?

-Soy el Tecleador Supremo de este periódico. Estoy detrás de ti.

El reportero se aproximó hasta un cachivache repleto de luces intermitentes.

-¿Dónde están los periodistas?

-Debes de ser el único que no sabe que ya no hacen falta. A partir de hoy, los periódicos los escriben las máquinas. Es lo que dicta la nueva ley de prensa.

-¡Pero si ayer nadie me dijo nada de esto! ¿Y nuestra historia sobre los sueños?

-Está en el almacén de desechos. Será mejor que te largues. A partir de ahora, aquí está prohibido soñar.

El reportero se marchó. Estaba furioso. Tanto tiempo en el mundo de los sueños le había hecho perder el contacto con la terrible realidad. De camino hasta su casa tuvo que resguardarse en varios portales de un diluvio primaveral. El diluvio se convirtió en una tormenta que arrancó farolas, ramas de árboles y vallas publicitarias.

A la mañana siguiente, los bomberos arreglaban los destrozos provocados por las lluvias. El reportero se acercó hasta el quiosco del barrio, donde se extrañó al encontrar el suplemento dominical del periódico para el que hasta entonces había trabajado. Allí estaba su historia sobre las fantasías. ¿Qué demonios había pasado? "La tormenta de anoche provocó un cortocircuito que colapsó los autotecleadores de todos los periódicos", respondió el quiosquero. "Las empresas informativas han declarado que quizá no sea tan buena idea dejar todo a merced de las máquinas. Se han rebelado contra la ley de prensa. Ayer volvieron a reclutar a los periodistas para escribir los diarios. Y de paso, han rescatado los suplementos dominicales de los almacenes de desechos. ¿Te importa apartarte para que siga atendiendo a la clientela?".

El reportero compró un ejemplar y pidió un café en el bar de la esquina. Era una mañana preciosa. Al abrir la revista, comprobó que el suplemento dominical había convertido sus sueños en realidad. Sonrió al escuchar el pitido de su teléfono móvil. Era su jefe. Siempre le llamaba los domingos a la misma hora. Para gruñir un poco. Y para reclamar ideas que pudieran ponerse en marcha a lo largo de la semana siguiente.

Este domingo en EL PAÍS SEMANAL hacemos realidad las fantasías de personajes conocidos. Avanzamos en vídeo la fantasía cumplida de la actriz Pilar López de Ayala. / PAULA CASADO / MIRIAM LAGOA

Este domingo en EL PAÍS SEMANAL hacemos realidad las fantasías de personajes conocidos. Avanzamos en vídeo la fantasía cumplida del actor Martín Rivas. / PAULA CASADO

Este domingo en EL PAÍS SEMANAL hacemos realidad las fantasías de personajes conocidos. Avanzamos en vídeo la fantasía cumplida de Juan Fernando López Aguilar, candidato socialista a las elecciones europeas / ÁLVARO DE LA RÚA / LUIS ALMODOVAR

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