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sábado, 21 de marzo de 2009

La crisis amenaza la libertad de prensa en Italia

El Gobierno maniobra para situar hombres de confianza al frente de los periódicos de prestigio

El cataclismo financiero, la caída de la publicidad, la adaptación al universo digital y los despidos de periodistas son asuntos que ocupan a todos los periódicos mundiales. Muchos expertos, y no pocos lectores, temen que el trance afecte a la calidad de la prensa. En Italia, quizá el país europeo, con Rusia, donde el control político de los medios es menos discutible, la inquietud es doble. Al duopolio televisivo, o más bien monopolio a secas, formado por Mediaset y la RAI, puede sumarse muy pronto una especie de revolución de la prensa escrita.

Al fondo de ese movimiento telúrico en gestación suena el nombre habitual: Silvio Berlusconi, magnate de los medios y primer ministro, cuyo nuevo objetivo son dos cabeceras milanesas de mucho prestigio, Corriere della Sera, el mayor diario italiano, e Il Sole 24 Ore, el gran periódico económico del país.

'Corriere della Sera' está en el punto de mira de Berlusconi

"Esta vez Berlusconi no hará prisioneros, lo quiere controlar todo y lo hará", dice Giancarlo Santalmassi, periodista de la RAI desde 1962 a 1999 y director de Radio24 hasta que fue purgado, en otoño pasado, tras haber sido declarado enemigo oficial por el Gobierno de Il Cavaliere en 2006. Enzo Marzo, veterano periodista del Corriere, coincide "plenamente" con Santalmassi; el jueves, durante un debate sobre libertad de prensa celebrado en la sede de la Comisión Europea en Roma, dijo que la batalla por la dirección del diario ya ha empezado.

El núcleo dirigente del grupo RCS -editor de Unedisa en España- y propietario del Corriere, explica Marzo, ha retirado su confianza al director del diario, Paolo Mieli, y maneja dos sustitutos. El primero es Carlo Rossella, apadrinado por Berlusconi, y el segundo, Roberto Napoletano, director de Il Messagero, que, recuerda Marzo, "se hizo famoso en la última noche electoral porque fue cazado por una cámara pactando por teléfono con el portavoz de Casini (líder de la democristiana UDC y yerno del editor del diario) el titular que debía sacar al día siguiente".

Rossella es el presidente de Medusa, la distribuidora cinematográfica de Berlusconi, y ha recibido las bendiciones de Il Giornale, el periódico de la familia del magnate, que recuerda que éste le "tiene gran simpatía y ya le encargó dirigir sus dos cabeceras más importantes, Panorama y TG5 [el telediario del Canal 5]".

Dentro de RCS, Rossella cuenta con otros apoyos notables: Diego della Valle, dueño de Tod's y del Fiorentina, y Luca Cordero di Montezemolo, patrón de Fiat y de Ferrari y consejero delegado de La Stampa.

Pero la palabra de Berlusconi será decisiva, razona sin asomo de pudor el diario de su hermano, porque mientras la crisis acongoja a los diarios, "el sistema bancario entero depende del primer ministro".

Napoletano tiene sus cartas: no disgusta a Berlusconi y es de los pocos que hablan por teléfono con Giulio Tremonti, ministro de Economía y columnista de Il Messaggero. Según Il Giornale, el ministro "sabe que lo peor de la crisis económica está por llegar", y su idea es colocar a Napoletano en Il Sole (propiedad, como Radio24, de la patronal, Confindustria) y dar a su actual director, Ferruccio de Bortoli, el timón del Corriere. Si no habláramos de Italia, toda esta agitación resultaría inverosímil, digna apenas de una cita en un confidencial. Pero todas las fuentes coinciden en señalar que se trata de "maniobras serias y reales", cuyo efecto producirá "un terremoto".

El descontento del Gobierno con otro gran periódico, el turinés La Stampa, propiedad de la Fiat, es palmario. Según el entorno berlusconiano, su director, Giulio Anselmi, será tentado con una gran poltrona: presidir la agencia oficial Ansa. Si acepta, se pondrá en su lugar a un director menos hostil al Gobierno.

Mientras ese diseño político toma cuerpo, los medios italianos capean como pueden la tempestad. El presidente de RCS, Piergaetano Marchetti, que ha visto bajar los beneficios del grupo en 2008 hasta los 38 millones de euros desde los 220 millones de 2007, ha confirmado que están sufriendo "recortes publicitarios feroces e inmediatos". Y su consejero delegado ha anunciado que la marcha del grupo en los primeros meses del año obligará a "reducir personal". "Hay que actuar sobre los costes y modelos de negocio, en Italia y el extranjero".

Marco Benedetto, vicepresidente del Grupo Espresso, anticipa también "cierres y reajustes". Irónicamente, Benedetto no es pesimista sobre el futuro del sector: "Dentro de diez años será espléndido".

Tras controlar la televisión, Berlusconi quiere el Corriere della Sera. / CARLOS ROSILLO

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