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miércoles, 18 de marzo de 2009
Crítica:UNA PAREJA DE TRES

Melodrama para perros

J. O. 18 MAR 2009
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Una pareja de tres es una película engañosa en muchos sentidos. El cartel y el título español (el inglés, Marley y yo, ya apunta al perro como protagonista) hacen pensar en una desenfadada comedia, pero estamos ante un melodrama con toques de tragedia, en la que más de uno echará mano del pañuelo. La presencia del perro debería rebajar la altura intelectual del producto, pero lo que hace es engrandecerla como un mero macguffin que permite terminar hablando de otros asuntos.

Así, su aparente ligereza no le exime de tratar con cierta trascendencia temas como la conciliación de la vida laboral y familiar, la ausencia de una estrategia de planificación familiar, la influencia en el periodismo de la situación afectiva del que lo ejerce, la preeminencia de los hijos por encima de los retos profesionales, el papel de la mascota dentro del núcleo del hogar, y hasta la eutanasia animal como respuesta ante el sufrimiento. Parece un totum revolutum infumable, pero en manos de David Frankel (El diablo viste de Prada) y sus nada desdeñables guionistas (Scott Frank y Don Roos), adquiere un raro atractivo a pesar de sus desperfectos neoconservadores.

Los que no hemos tenido, tenemos ni tendremos perro en nuestra vida estamos lejos de comprender ciertas actitudes respecto del papel de éste en el seno del hogar, sobre todo si (como es el caso) está tan zumbado y resulta tan peligroso para la resistencia física y psíquica de sus integrantes, pero el relato de Una pareja de tres funciona a la perfección (incluido su regodeo en el dolor). De modo que a falta de espectadores caninos, tendrán que ser sus dueños los que viertan ríos de lágrimas.

Tráiler de la película 'Una pareja de tres'Mientras cae la nieve en su noche de bodas, los recién casados John y Jenny Grogan toman la decisión de dejar atrás los duros inviernos de Michigan y trasladarse al sur para iniciar su nueva vida en la zona oeste de Palm Beach, Florida. Consiguen trabajo en periódicos rivales de la localidad, adquieren su primer hogar y comienzan a enfrentarse a los desafíos que suponen un nuevo matrimonio, nuevas carreras profesionales y, posiblemente, la decisión que transformará sus vidas: formar una familia. Dudando de su capacidad para criar a un niño, John le confiesa su inquietud a su amigo y compañero de trabajo Sebastian, a quien se le ocurre la solución perfecta: John tiene que regalarle a Jenny un cachorro. "Es facilísimo", dice Sebastian. "Sólo tienes que pasearlos, alimentarlos y dejarlos sueltos de vez en cuando". Y entonces llegó Marley. / FOX

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