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domingo, 15 de marzo de 2009
Entrevista:FRANCISCO AYALA | Escritor

"Tengo una memoria de segunda mano"

"Le doy a la patria un valor accidental; no es esencia, sino circunstancia" "La vida es una invención, y la literatura, memoria perfeccionada"Tiene sobre la mesa una botella de whisky, The Glenrothes, de malta. Él está "relativamente bien, ahora que todo es relativo", y tiene 103 años, los cumple mañana. No pone ningún reparo para brindar a la una de la tarde con aquel whisky añoso. Luego nos llevarán él y su mujer, Carolyn Richmond, a un restaurante donde come media lubina. Durante las dos horas de almuerzo habrá consumido tres o cuatro vasos de buen vino. Celebra su cumpleaños Francisco Ayala, escritor español de todo el siglo XX, y ahora de nueve años del siglo XXI.

Se suele decir que cenaba dos manzanas y un whisky ("y ahora dos whiskys y una manzana") y es sólo una metáfora de su amor duradero por la bebida escocesa. Lo que come ahora, de noche, es yogur, y se desayuna con miel. La miel, cree él, es su secreto. "Sin la miel a lo mejor no estaría tan bien como estoy. ¡Y con el whisky!".

"La vida es una invención, y la literatura, memoria perfeccionada"

"Le doy a la patria un valor accidental: no es esencia, sino circunstancia"

"Cuando volví en 1960, España era un país deprimente, en blanco y negro"

"No aspiro a entenderlo, pero algo raro sucede con el capitalismo"

Da gusto estar con él; hubo un momento de nuestro encuentro en que ya se acabaron las fotografías e incluso las preguntas, y entonces él se dedicó a mirar a lo lejos, como si viniera de un gran cansancio. Entonces dijo:

-Así da gusto estar. La paz.

Aparte de la miel, y todo lo demás, lo que le mantiene excepcionalmente alerta es la memoria, y de su memoria quisimos hablar con él, en su comedor, rodeados de paredes blancas.

Pregunta. Así que 103 años y tan campante.

Respuesta. Bueno, con decir "estoy" ya está dicho todo. ¿Le parece poco? Estoy. Estoy así por la miel; he mejorado de un año a otro gracias a la miel.

P. Eso dice Carolyn.

R. ¡Ella lo cuenta todo! Pero ella es mi vida, literalmente. Y la miel: ¡ahora estoy como las abejas, fíjese toda la miel que he comido! Ahora bien, oigo mal, los tabiques no funcionan.

P. Pero funciona la memoria.

R. Ya no tanto. Yo tengo una memoria de segunda mano. Por ejemplo, usted empieza a contar, y yo me acuerdo en seguida de todo.

P. Por ejemplo, volvamos a Granada, después del exilio, en 1960. Así comienza usted Recuerdos y olvidos (Alianza Editorial), sus memorias.

R. Ah, ese momento. Había estado fuera toda una vida, y encontré recuerdos de tiempos remotos; lo que había no estaba antes, pero yo recordaba allí mi infancia, y veía todas las cosas de la infancia como si estuvieran allí presentes.

P. El primer momento de su exilio fue Argentina.

R. Si yo tuviera que decir recuerdos hermosos de mi vida estarían allí; Argentina es entrañable y propia.

P. Y allí hizo Realidad, una revista que intentó conciliar el exilio con el exilio interior...

R. La hice yo, pero quise que apareciera como responsable Francisco Romero, qué gran tipo. Él era un sevillano fantástico que convirtió su casa en un lugar andaluz en Buenos Aires. Él jamás dejó de ser de Sevilla.

P. Debe dejar una huella dolorosa dejar la patria de uno.

R. Cuando la tierra le expele a uno... Aunque allí nos acogieron con los brazos abiertos. Eso no me ha herido. Le doy a la patria un valor accidental, no es algo que afecte a la esencia de la persona, sino a su circunstancia.

P. Otro lugar de su memoria es Brasil, ese "país del futuro, y siempre lo será", que decía Stefan Zweig...

R. Ja, ja; está bien traído. Brasil tiene lo suyo. Me encontré muy a gusto allí; allí me relacioné con muchísima gente. Por allí estaba Gabriela Mistral, la poeta chilena. Una vez bailé con ella la conga; ahí tuve, las manos sobre su cintura, fue lo más cerca que estuve de ella.

P. ¿Y qué se sentía?

R. ¿Con Gabriela Mistral? Nada, era una mujer antipatiquísima. ¡No pasó nada! Era muy farsante. Detestaba a su madre, que era una vasca severa y trabajadora, y le caía bien el padre, que era un chileno muy perdido... ¡No sé si alguien tuvo buena relación con ella alguna vez en el mundo!

P. Y después viene Nueva York...

[..."donde me conociste", dice Carolyn].

R. Ah, ¿te conocí allí? Ah, aquella escena que está en Recuerdos..., el incendio del pelo.

["Hablábamos, y una risa suya le hizo inclinar hacia atrás la cabeza... De pronto veo brotar una llama en su pelo. Su pelo se había prendido en una de las velas; y mi corazón ardía ya, desde ese momento mismo, con súbita violencia. Aquella muchacha era Carolyn Richmond"].

...Lo recuerdo, pero ahora tengo una memoria traidora, que inventa y miente.

P. Pero eso es la literatura.

R. La literatura es la vida y la vida es la literatura. La vida es una invención.

P. Y eso es la memoria.

R. La literatura es la memoria, pero perfeccionada... Ahora que lo saca, Nueva York es para mí un lugar extraño, ajeno a mi vida. Es el mundo más artificial que he conocido; me he sentido más tranquilo, más natural en otros sitios...

P. Antes de volver sostuvo con España una correspondencia periodística...

R.

["Rafael Conte le propuso que escribiera para Informaciones...", dice Carolyn]... Y qué iba a hacer, hice una serie de retratos de personajes que yo había conocido. Están en Recuerdos... Nunca tuve una relación muy íntima con nadie; siempre fui arisco... Nunca me he solidarizado a fondo con nadie.

P. Y volvió, en 1960. Fue cuando vio que este país tenía el color de las alas de mosca.

R. Era un país bastante soso, deprimente. Un país en blanco y negro. ¿Alegría al volver? No, no había ninguna alegría al retornar... La alegría es cuando esperas encontrar algo, y yo no esperaba encontrar nada que anhelara encontrar.

P. Y desde que le dieron el Cervantes, en 1991, no ha dejado usted de tener enfermedades...

R. Salgo de ellas, como se sale de los asaltos. Y aquí estoy otra vez... Fíjese mi cabeza [muestra la muesca de una operación], ¡ha sido un campo de batalla! Y siempre adelante.

P. Decía que este que le recibió era un país de color de ala de mosca. ¿Y ahora?

R. ["Ahora es en supertechnicolor", dice Carolyn]... Ella me interpreta, me hace decir las cosas que yo no quiero, ja, ja.

P. ¿Y no es verdad, no ve usted así ahora este país?

R. Sí, claro que sí. Y dígalo otra vez. Carolina es mi vida, ¡pero literalmente!

P. Don Francisco, malos tiempos ahora.

R. Parece. La economía está fatal. No entiendo nada, ni aspiro a entender nada. Pero se ve, algo raro sucede con el capitalismo. ¿No lo ve usted así?

El escritor Francisco Ayala, esta semana en Madrid. / BERNARDO PÉREZ

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