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Entrevista:LUIS FIGO | Centrocampista del Inter | Internacional

"La pelota me liberó siempre"

"No mentí cuando dije que me quedaba en el Barça. Yo me quería quedar"

Símbolo del Barça y, años después, del gran rival de los azulgrana, el Madrid, el medio portugués (Lisboa, 1972), tan querido como odiado, repasa su volcánica trayectoria por la Liga, su polémica marcha del Camp Nou, su enfrentamiento con Florentino Pérez y su visión del fútbol actual.

La ciudad deportiva del Inter está más cerca de Como que de Milán y es conocida como La Pinetina. Hay pinos, pero abundan las acacias, que confieren un aspecto triste y relajado al lugar. Hace sol y la mañana es agradable, pero los campos, amarillos recuerdan que por estas tierras el invierno es duro. Al fondo, se adivina el final del entrenamiento. Los jugadores van saliendo del rectángulo y desaparecen. El último es Figo, que bromea con un compañero camino del vestuario. Como siempre, es también el último en abandonarlo. Tarda casi una hora. Después, saluda efusivo. El ex barcelonista y ex madridista se ríe muchas veces durante la entrevista.

Pregunta. Han pasado 18 años desde su debú y parece que sigue disfrutando.

"Florentino cree que sabe de todo y por eso comete muchos errores"

"Raúl se lleva todos los palos porque es de casa, pero lo supera por su fuerza"

Respuesta. Siempre me ha gustado entrenarme. Forma parte de la vida del futbolista y a mí ser futbolista me gusta mucho. Pero lo importante es tener ganas de seguir ganando. Por eso vine al Inter hace tres años. Porque quería jugar y en el Madrid no me dejaban hacerlo. Además, estaba el reto de lograr títulos con un equipo que llevaba 16 años sin hacerlo. Era atractivo. Lo que no se me pasaba por la cabeza era quedarme sin jugar y Florentino [Pérez, presidente entonces del Madrid] no quería que jugara. Podía quedarme a cobrar. Estaba en un lugar excelente, en el mejor equipo. Pero yo no soy así.

P. Como socio, ¿tiene una opinión formada sobre la supuesta candidatura de Pérez a la presidencia del Madrid?

R. Se presentará a las elecciones. Volverá porque le gusta estar ahí. Le gusta y seguramente le da beneficios. No olvido que hizo cosas buenas, muy buenas, por el Madrid. Hasta que se metió en lo que no sabe, en cuestiones técnicas. Cuando uno cree que sabe de todo, comete muchos errores. Florentino tiene un problema.

P. ¿Cuál?

R. Está acostumbrado a que la gente de su alrededor no le diga lo que no le gusta oír. Por eso se enfadó conmigo. Porque a mí me da igual Florentino que don Pepito. Cuando le tuve que decir algo, se lo dije. Cuando empezó a meterse en temas técnicos, dejé de jugar. Veníamos de ganar al Albacete en su campo y contra el Barcelona, en el Bernabéu, [Vanderlei] Luxemburgo me dejó fuera.

P. Según dijo él mismo, a Luxemburgo no le gustaban los extremos.

R. No fue por eso. Tenía personalidad. Así le fue. A los seis meses estaba en Río otra vez. Yo necesito la competición. La esencia de mi fútbol es la competitividad, ganar. Para eso trabajo. Nada compensa más que ganar. No concibo otra cosa. Es mi forma de ser. Sigo teniendo el mismo cabreo si no juego o no gano. Los compañeros dicen que son manías de viejo. Siempre fue así.

P. También dijo que había cosas más importantes que un contrato.

R. En el Barcelona, el Madrid, el Inter... Si no te sientes bien ni reconocido, te vas. Por eso me fui. Porque sentía que no estaba siendo reconocido lo que le daba al club. No era sólo una cuestión de dinero. Fue una cuestión de compromiso. Yo me comprometo siempre y exijo respeto.

P. Nació en un barrio en el que las calles tienen nombres de viejos comunistas. ¿Se sintió cómodo en la piel de un galáctico?

R. Nunca me gustaron los apodos y menos ése. Se nos volvió en contra. Fue una excusa para atacarnos. Le gustaba más al presidente que a nosotros. Era para fomentar un negocio comercial. No sé si funcionó o no, pero a nosotros nos hizo daño.

P. ¿Hasta qué punto Raúl fue determinante en su integración en el Madrid?

R. Mucho. No fue un momento fácil para mí. En el Barça lo tenía todo. Me ayudó Raúl y también Hierro. Lo de Raúl es impresionante, un ganador. Se lleva todos los palos porque es de casa, pero lo supera por su fuerza interior. A Hierro le conocía porque tenía amigos comunes. Fue un momento complicado, pero soy una persona que en esos periodos crezco. Me adapto bien a la presión; me adaptaba, bueno... [ríe]. En los momentos de mayor tensión, cuando he tenido que demostrar mi valor, es cuando tuve mejor rendimiento. La presión me mantiene alerta, me gusta. Por eso pedía siempre la pelota. Me gustaba arriesgarme. No sé cómo explicarlo, pero con la pelota me abstraía. Sólo tenía que pensar en jugar, en nada más. Es como si con la pelota me liberara de la presión. Por eso me gusta tanto.

P. Dijo que, si en el Madrid era la mitad de feliz de lo que lo había sido en el Barça, se daría por satisfecho. ¿Lo fue?

R. No sé si la mitad o el doble, pero fui muy feliz. Todo me fue muy bien. En el Barcelona lo tenía todo y asumí un riesgo, pero, al final, fue una decisión acertada. En el Madrid gané prestigio en términos colectivos e individuales. Conocí otra realidad. Y tuve la motivación de demostrar que valía lo que había costado [60 millones de euros]. Después de cinco años, me vino bien afrontar un reto. Fue una decisión acertada. Pero no reniego de mis años en el Barça en absoluto. Me enorgullezco. Es un honor haber jugado en él. Son cinco años de mi vida de los que presumo. No puedo cambiar mi pasado ni quiero.

P. Pero fue el hombre más odiado de Cataluña.

R. Asumo mi responsabilidad. Es normal que, si me voy del Barça, la gente me odie. Yo asumo mi culpa y mi responsabilidad. Fue una respuesta a la forma en que estaban jugando conmigo. Mi único error en aquellos días fue una entrevista en la que dije que no me iba.

P. A Toni Frieros, en el Sport. Se puso la camiseta del Barça. Dijo que se quedaba. Y se fue.

R. No mentí cuando dije que me quedaba en el Barcelona. Yo me quería quedar. El presidente [Josep Lluís Núñez] también lo sabía todo desde el principio.

P. ¿Por qué nunca explicó su verdad?

R. Asumí la decisión. A partir de ahí, no sirve de nada sacarme el muerto de encima. Fin. Tampoco iba a cambiar mucho la opinión de la gente porque no podía competir contra los intereses de la prensa, los del presidente... Da igual que lo explicara. De 80.000, 5.000 me entenderían y 75.000 creerían a los medios. Lo que me dolió es que se metieran con mi familia, que gente que me conocía y decía que era amiga mía diera la espalda a mi familia.

P. ¿Le gustaría volver?

R. Volveré, claro. Cuando deje el fútbol, viviré en España y volveré a visitar Barcelona, no lo dude. No sé si me pedirán autógrafos [ríe], pero volveré. Tengo la conciencia tranquila. No he matado a nadie. Sigo teniendo mucho respeto a la afición del Barça, una hija catalana, a mi esposa la conocí allí... Para mí, es un sitio importante.

P. ¡Pero le tiraron una cabeza de cerdo!

R. [Ríe] Ni me enteré. Lo vi al día siguiente en un periódico. Pero me quedo con cómo me trataron durante cinco años. No guardo ningún sentimiento de rencor. Entiendo perfectamente que fuera así porque dijeron que era un criminal. La ola de la prensa fue tan fuerte que, al final, lo creyeron. Prefiero pensar en los momentos buenos. Fueron cinco años maravillosos. Mi mejor época en términos de juventud. Mi primera experiencia fuera de mi país, trabajar con Johan Cruyff...

P. Siempre habla maravillas de Cruyff.

R. Fue la razón por la que fui a Barcelona. Inolvidable. Estoy feliz y orgulloso de haber jugado en el Barça. No reniego de mi pasado ni puedo. El Barça me hizo crecer. A los 22 años, me fichó y pude trabajar con Cruyff, con el mejor. Hace 14 años que no ejerce y sigue estando por delante de muchos entrenadores. Nunca encontré uno como él. Es especial.

P. ¡También Van Gaal era especial!

R. Muy especial. No tenía mucha sensibilidad para el trato personal, pero no era mala persona y, en términos de entrenamiento, era muy bueno. Era muy pesado con los detalles y eso, al cabo de un año, te mata. Van Gaal no era malo. No era mala persona ni mal entrenador, pero ¡era pesado! Acabas hasta las narices de él. En el Barça también tuve a Robson.

P. ¿Cómo era Robson?

R. Divertido. Un señor mayor. No tenía mucho que ver con la filosofía de juego del Barcelona, pero teníamos un equipazo. Al final, ¿sabe qué es lo más importante de los entrenadores? Saber manejar el grupo. Del Bosque era muy bueno en la gestión del grupo. Tuvimos la felicidad de tenerle en el Madrid. Eso hizo que funcionáramos como equipo. Nos supo tratar. Es una persona muy especial. Cuida mucho a los jugadores en el trato.

P. ¿Le ve futuro al frente de la selección española?

R. Sí, porque, además, tiene jugadores muy de su gusto. Gente del Barça como Xavi, Iniesta, Cesc... Gente a la que le gusta la pelota. Y sabe manejar el grupo.

P. ¿Y eso Mourinho cómo lo lleva?

R. Pregúntele a él [ríe].

P. Le pregunto a usted. ¿Cómo lo lleva?

R. Esperaba jugar más, pero mire... Tiene personalidad y conocimientos. En general, lo que no soporto de un entrenador es que se llene la boca diciendo que juega al ataque y, cuando le meten un poco el dedo, cambie de idea y ponga el autobús. En eso Guardiola no me defraudará. Es valiente.

P. ¿Le sorprendió que Guardiola aceptara el cargo?

R. Siempre supe que sería entrenador porque era un enfermo. Es valiente: lo prueba y, si sirve, bien; si no, a casa. Me alegro mucho de que le vaya bien. Tiene las ideas muy claras y morirá con ellas, da igual si lo hace bien o mal.

P. ¿En qué reconoce su mano viendo jugar al Barça?

R. En que el equipo es valiente, asume riesgos. Bueno, es el estilo del Barça: tener el balón, jugar en el campo contrario, el tercer hombre, jugar de cara, los extremos abiertos... Es mi filosofía del fútbol porque crecí así y me gusta mucho. Tiene riesgo, claro, pero el fútbol es eso: asumir el riesgo. Si no te arriesgas, no ganas. El fútbol es de los valientes. Si contratas al entrenador, no puede ser que a la mínima lo eches. Además, tú preguntas a diez personas qué juego prefiere y elegirán el del Barça. Me encantaría que le fuera bien y ganara títulos.

P. Pero es socio del Madrid.

R. Sí, pero lo primero son los amigos. Hay jugadores a los que conocí cuando eran jóvenes.

P. Cierto. Jugó con Xavi y Puyol.

R. ¡Ellos jugaron conmigo! Xavi me llamaba maestro. Buen chaval. Es una de las claves del Barça de Pep. Se reconoce el estilo en su juego. Si al final gana el Barça, me alegraré. Pep es mi hermano. Pero el Madrid está fuerte otra vez y, siempre se ha dicho, es capaz de todo. Mejor no darle por derrotado. Recuerdo que ganamos muchas veces en el último minuto. Me encantaría pasar la fase contra el Manchester United en la Champions y volver al Camp Nou o al Bernabéu. Pero lo tenemos complicado, la verdad. El Manchester United es fuerte.

P. Por cierto, ¿por qué salen tantos extremos de Portugal?

R. Por imitación. Los jóvenes se fijan en la gente que tiene más prestigio. Yo imité a Futre, a Chalana, los más espectaculares, con regate... Crecí mirándoles. Si hubiéramos tenido un 9, a Van Basten, me habría fijado en él. Luego, salió Simão, Quaresma...

P. ¿Cristiano Ronaldo o Messi?

R. Son diferentes. Messi me parece maravilloso. Cristiano Ronaldo debería dejar el United y buscar nuevos retos.

P. Ha jugado con los mejores. ¿El más grande era Zidane?

R. No puedo decir que sea el mejor con el que he jugado. Como generador de juego, sí. Pero no era el mejor delantero que he tenido al lado. El mejor delantero fue Ronaldo, sin duda. Nadie definía a su velocidad. Zidane todo lo que hacía lo hacía de manera maravillosa y, en general, ha sido el más completo. La verdad es que he tenido suerte porque he jugado con los mejores.

P. También, con Rivaldo. Dice que es más difícil un pase que un gol. ¿Le cree?

R. Sí. Por eso marcaba pocos goles y daba muchos pases. No; un gol es difícil.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 2 de marzo de 2009