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Tribuna:

Gaudí en alerta roja

Si existe un artista total referente en el mundo, bastión de nuestras señas de identidad, pese a que algunos esnobs lo consideren sobrevalorado, ese es Antoni Gaudí. De un tiempo a esta parte los poderes fácticos se han puesto de acuerdo en hacer de Gaudí una marca, en explotar sus obras sin aplicar los métodos y los filtros que impidan la vulneración de su legado. Parece como si hubiera un acuerdo tácito en convertir a Gaudí en Gaudilandia. Las intervenciones o, más bien, las depredaciones que se hacen de sus obras van tomando un cariz que exige tomar decisiones valientes que pongan fin a esta continua distorsión de sus derechos de autor.

Son varias las obras de Gaudí que en estos momentos se encuentran en estado de alerta roja, todas ellas Patrimonio de la Humanidad, sobre las que hay que tomar unas resoluciones que requieren enderezar las cosas. Y hay un movimiento ciudadano que toma conciencia de ello: corre por la Red un manifiesto firmado por los representantes de las instituciones culturales más importantes del país que pide adhesiones para que se deje a Gaudí en paz (www.fadweb.org). También ha habido un debate en el FAD donde se ha cuestionado y denunciado el estado de estas obras, en las que se han incumplido las mínimas leyes democráticas, debates que se van a prolongar en las obras afectadas.

Lo que se está haciendo en la Sagrada Familia es ilegal, insostenible, innecesario e inmoral

Lo que se está haciendo en la Sagrada Familia es ilegal, insostenible, innecesario, inmoral. Desde los primeros manifiestos firmados por Le Corbusier, Gropius, Miró... en contra de la continuación de las obras, ha sido un tema recurrente y reiteradamente debatido. Sin permiso de obras, sin un proyecto de finalización definido, con un proceso de trabajo contrario al establecido por Gaudí y sin ningún respeto hacia su legado, las obras del templo han dado lugar a lo largo de estos años a un continuo agravio.

Aquello no tiene apenas nada de Gaudí. Se han atrincherado usurpando su nombre para dejar su impronta en detrimento de la obra original, dejada magníficamente inacabada. Se han quedado colgados de la geometría reglada que utilizaba el maestro en una fase previa, y así les ha salido una suerte de maqueta congelada fabricada con ordenador, un esqueleto aterrador, a base de hormigón altamente contaminante.

Son una serie de errores que han sentado un precedente de falta de rigor a la hora de remodelar o restaurar la mayoría de los edificios de Gaudí. La peor parada ha sido la restauración de la cripta de la Colonia Güell. Basándose en un concepto intervencionista totalmente anticuado y superado, el arquitecto restaurador, avalado por todas las instituciones -Iglesia, Ayuntamiento, consorcio, Diputación, Generalitat, Ministerio de Cultura, Unesco-, ha utilizado esta obra universal para dejar su propia impronta con una desfachatez sin precedentes. Porque ha dañado de forma irreversible partes esenciales del interior y del conjunto exterior, desvirtuando la obra original de Gaudí en aras de una reinterpretación contemporánea. Se han realizado obras muy costosas sin criterio para la conservación y sin ser adecuadas a la categoría del monumento en cuestión. Ha perdido el carácter tan modesto y respetuoso del conjunto original, ¡ha perdido el aura! Y el tema está en los tribunales.

Pero Gaudí representa sólo la punta del iceberg, pues debajo han caído muchos edificios de arquitectos no tan reconocidos por culpa de una ley de protección del patrimonio insuficiente y obsoleta.

María del Mar Arnús es historiadora y crítica de arte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de febrero de 2009