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domingo, 22 de febrero de 2009
Moda

El Carnaval llega a Cibeles

Un puñado de ideas disparatadas ocupa la pasarela en la segunda jornada

La segunda jornada de desfiles en Cibeles Madrid Fashion Week arrojó un buen puñado de ideas disparatadas para el próximo otoño: un paraguas en la cabeza (Agatha Ruiz de la Prada), un vestido de noche que deja las nalgas al descubierto (Jesús del Pozo), un jersey aderezado con una gran cabeza de caballo de punto azul (Francis Montesinos) o un top-caracola que inmoviliza un brazo (Amaya Arzuaga). Si, por algún motivo, los diseñadores habían decidido celebrar ayer su particular Carnaval en el recinto ferial de Ifema, nadie tuvo la delicadeza de advertirnos al resto.

Hay que reconocer que nadie se empleó con tanto ahínco en lo circense como Francis Montesinos, que decidió homenajear al surrealismo dado que se cumplen 20 años de la muerte de Salvador Dalí. Ante un público entusiasta (liderado por la mayor concentración de famosos del día: El Gran Wyoming, Carmen Alborch, Miguel Bosé o Ramoncín), Montesinos orquestó un histriónico espectáculo de moda, danza y sexo. Desde la emplumada vedette inicial (mitad gallina, mitad pavo real) hasta los bailarines en calzoncillos con penachos negros de gasa y plumas reptando sobre skateboards, pero sin olvidarse de la ropa (un chándal con falda midi cuyo estampado emula el vaquero roto), todo fue un delirio.

Los diseñadores están hechos un lío ante la terrible coyuntura actual

La moda no coge vuelo y altura por restregarse contra elevados referentes, sino por la creación en sí misma. Por eso resulta sonrojante que las notas del programa de Agatha Ruiz de la Prada aseguren que "no es difícil encontrar pinceladas de sus artistas más queridos en tejidos y diseños de esta colección". Citar a Jackson Pollock o Piet Mondrian no hace mejores sus toscos vestidos de algodón. En todo caso, a Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, le gustó lo que vio en su segundo y último desfile del día. "Me encantan los zapatos", exclamó ante unas plataformas naranjas que servirían de maniobra de distracción en una comisión de investigación cualquiera.

Resulta muy socorrido eso de que la adversidad estimula la creatividad, pero es forzoso admitir que los diseñadores, como todos, están hechos un lío ante la terrible coyuntura que vivimos. Se nota en la proliferación de torsiones, ondulaciones, nudos, fruncidos y trenzados. Voluntad quebrada y sinuosa que reúne colecciones tan dispares como las de Amaya Arzuaga, Devota &Lomba, Victorio y Lucchino o Jesús del Pozo. Arzuaga tuvo la ejecución más original con una marejada de fieltros, pelo y pailletes obstinadamente poco realista y piezas que calificó de "armaduras blandas".

El punto de partida de Miguel Palacio también tiene que ver con esa necesidad colectiva de protegerse ante la dificultad, pero su gusto por lo coqueto le conduce por otros derroteros. La investigación de volúmenes en mangas y espaldas se traduce en prendas envolventes, a menudo realizadas con una sola pieza, sin costuras. "Yo siempre voy al revés", admite. "Cuando todos disfrutaban de las vacas gordas, yo estaba en crisis. En cambio, ahora me preparo para mi mejor momento". Gracias a la inversión de Caja Madrid, Palacio está inmerso en un plan de expansión a escala de su pequeña empresa: anoche presentó una colección de accesorios y espera abrir su primera tienda propia en julio o septiembre en Madrid. Junto a Ángel Schlesser, defiende la existencia de un universo paralelo donde todavía tenemos paciencia para lazos y vestidos de cóctel.

"La crisis la notamos todos, obviamente. ¿Acaso tú no?", preguntaba José Luis Medina, la mitad de Victorio y Lucchino, tras presentar su colección, menos barroca de lo habitual. Pero la recesión no ha afectado al presupuesto de la mayor edición de la historia de la pasarela madrileña. "Éste es un Cibeles XXL", bromea su directora Leonor Pérez-Pita. El evento cuesta alrededor de 3,2 millones de euros, una cifra parecida a la del pasado septiembre, cuando se pasó de 5.400 metros cuadrados a 14.000 y sí hubo un notable estirón presupuestario (alrededor del 13%).

Unos 700.000 euros proceden de patrocinadores que pueblan el Cibelespacio (marcas como HP, Nokia o L'Oréal) y PérezPita sostiene que este año no ha sido más difícil conseguirlos, aunque el dinero se ha alargado más para dar cobijo a 55 diseñadores en 45 desfiles (en septiembre fueron 52 firmas y 40 presentaciones). Viendo el ambiente de Carnaval sobre la pasarela cabría preguntarse cuánto favorece a la creación de una industria relevante de moda esta burbuja subvencionada.

Una modelo con una creación de Francis Montesinos. / AFP

Un diseño de Amaya Arzuaga. / LUIS SEVILLANO

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