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viernes, 20 de febrero de 2009

España invocará la tradición para salvar sus fiestas de fuego

Una directiva europea sobre pirotecnia amenaza las Fallas y otras celebraciones

Con las Fallas a la vuelta de la esquina, España se ve obligada a trasponer una directiva europea de 2007 sobre la pirotecnia que apagaría drásticamente el brillo del fuego usado en numerosas fiestas que son patrimonio cultural. La norma impone una distancia de 15 metros para los productos pirotécnicos de categoría 3, los que se utilizan en arraigados festejos sobre todo en el litoral que va de Cataluña a Andalucía. La Comisión Europea defiende que la directiva no ataca ninguna tradición, porque el texto deja margen a los Estados para hacer las excepciones necesarias. Y España las hará. El ministro de Industria, Miguel Sebastián, ya dejó claro que la defensa del patrimonio cultural es una prioridad del Gobierno y que ninguna fiesta tradicional asociada al fuego saldrá perjudicada.

Los afectados creen que el norte de Europa no entiende al Mediterráneo

El colectivo médico valora todo lo que incida en una mayor seguridad

Ayer mismo, los socialistas presentaron en el Congreso una proposición no de ley para que la trasposición de la directiva "no afecte a elementos básicos de nuestras fiestas, tradiciones y cultura popular que, en diversas partes de nuestro territorio, enriquecen y acrecientan un patrimonio que es de todos". Con este fin piden que se "establezca una normativa específica para el caso de la pirotecnia y la cartuchería distinta de la que regula el resto del material explosivo, teniendo en cuenta sus especificidades y usos en actividades culturales y festivas".

La algarabía de los carnavales inaugura estos días un copioso calendario de fiestas con gran incidencia en el litoral mediterráneo, especialmente en Cataluña, la Comunidad Valenciana, Malta e Italia; en este último caso, con Nápoles y Sicilia al frente. Y en ese ámbito, el fuego lúdico (petardos y espectáculos de pirotecnia) se alza como el símbolo esencial de la celebración. Por eso, la directiva de la UE ha encendido la mecha de la polémica en los pueblos afectados.

El texto normativo de la UE -de origen industrial y promovido para regular la puesta en el mercado de artículos pirotécnicos- fue aprobado el 23 de mayo de 2007. Pero la controversia ha surgido ahora que el tiempo apremia: los Estados miembros deben trasponer la directiva antes del 4 de enero del próximo año. Entre las medidas a que obliga, dos han soliviantado los ánimos porque harían impracticables antiguas tradiciones. Por un lado, la directiva aumenta hasta los 12 años la edad mínima para utilizar los artificios de pirotecnia de menor potencia y, por otro, impone una distancia de 15 metros para los productos pirotécnicos de la categoría 3, aquellos que se usan en los correfocs catalanes, los famosos pasacalles de diablos y demonios animados por el público con sus bengalas y bestias de fuego.

El malestar sigue a flor de piel, porque los afectados consideran que, en el fondo, se trata de un nuevo caso de incomprensión y desconocimiento por parte de los países del norte de Europa -donde la manipulación de estos productos se reserva a profesionales- de la sureña cultura mediterránea, tan ligada a la vida en la calle y que tantos éxitos ha cosechado. Entre los que más han ayudado a difundir su imagen en el extranjero se encuentra la compañía teatral Comediants, de Joan Font, que en la clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992 hizo un emotivo elogio del fuego en forma de cuento.

"Todo el Mediterráneo está unido al fuego festivo a través de numerosos episodios, ya sean legendarios o históricos, como cuando Marco Polo trajo la pólvora, o con costumbres como la de encender hogueras en San Juan para celebrar el solsticio de verano. El fuego nos da miedo y, a la vez, nos atrae. Las grandes fiestas siempre acaban y empiezan con fuego, porque tiene un fuerte simbolismo y una gran belleza", explica Font.

Fiestas como la Patum de la localidad barcelonesa de Berga, una tradición de la que ya se tiene referencia documental en 1454, es considerada desde 2005 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Berga acogió recientemente una manifestación de unas 10.000 personas, para reivindicar respeto por las fiestas de fuego. Impedir a los niños de Berga que celebren la Patum infantil acabaría con el relevo de la fiesta. Y tampoco los adultos podrían disfrutarla porque la plaza en la que se celebra se llena hasta los bordes y sus dimensiones no permiten la separación propuesta. Como ésta, cabrían cientos de excepciones en todo el Mediterráneo.

El colectivo médico, sin embargo, aplaude las restricciones propuestas, harto de ver lesiones y pies, manos y dedos amputados. Para Juan Pedro Barret, jefe de la unidad de quemados del hospital barcelonés Vall d'Hebron, los avances conseguidos ya en la legislación de seguridad han sido decisivos para que descienda el número de accidentes graves. "Antes, la verbena de San Juan era una de las peores noches que te podían tocar de guardia. La afluencia de accidentados era continua y se veían lesiones horribles", recuerda el doctor Barret. Hasta mediados de los años noventa, ése era el panorama habitual. "Pero con las normativas de seguridad aprobadas, ha habido un descenso importante tanto en el número de casos como en su gravedad. Por suerte, se ha extendido la conciencia de la prevención. Pero todo lo que se haga en materia de seguridad es necesario y bienvenido", concluye Barret.

Los falleros lo ven de otro modo: "Lo que hay que legislar es la venta y no otros aspectos que pueden perjudicar las fiestas. En las comisiones falleras tenemos formación pirotécnica. El disparo indiscriminado de petardos es lo que molesta a los valencianos y a los falleros", asegura Vicente Fayos, secretario general de la Junta Central Fallera.

Legislar a golpe de accidente

No sólo la costumbre y la práctica han redundado en una mayor seguridad. Frente a ciertos vacíos legales, las Administraciones autónomas han ido elaborando sus normas que establecen, por ejemplo, la prohibición de vender petardos a menores, la obligación de que los puntos de venta estén aislados, o que limitan a los profesionales del sector la posibilidad de manipular los productos.

En este debate nadie niega que la seguridad sea una prioridad. La manipulación de la pirotecnia tiene a sus espaldas una larga lista de incidentes. De hecho, normativas como la del País Vasco, de 1998, fue fruto de un terrible accidente en el que falleció un bebé al caer en su cochecito una carcasa que no explotó cuando debía.

El peligro del uso indiscriminado de petardos se pone de manifiesto en celebraciones como las de Nochevieja. En esa fecha, en Madrid, por citar un ejemplo, fue necesario este año un aumento de las intervenciones de los bomberos para sofocar fuegos en contenedores. Incidentes como ése motivaron que las instituciones pidieran un mayor control de estos productos. Entonces no se registraron daños personales; sí, en cambio, en la primera mascletà valenciana del año, la del 1 de enero: una carcasa de los fuegos que disparaba la pirotecnia Zamorano Caballer estalló a baja altura fuera del perímetro de seguridad, lo que causó quemaduras y contusiones a 11 personas. En la misma autonomía, en una explosión ocurrida en marzo de 2007, resultaron heridas leves 17 personas y las viviendas de 147 se vieron afectadas.

La lista de incidentes da argumentos a los que ponen el acento en la seguridad -las categorías de los petardos se establecen, precisamente, a partir de su potencia y peligrosidad- sobre el resto de consideraciones.

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