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domingo, 1 de febrero de 2009
Crónica:OPINIÓN

Encrucijada en el sistema económico

Las élites financieras, políticas y periodísticas que se reúnen en Davos siguen teniendo sus raíces, sobre todo, en los respectivos territorios nacionales. La crisis actual quizá lo acentúe aún más

El Hombre de Davos, el mamífero más evolucionado del planeta, debería pedir perdón por el lío económico en el que nos ha metido, según un pequeño e incisivo artículo publicado en The Times de Londres por el periodista y parlamentario conservador británico Michael Gove. Al repasar la lista de participantes en la asamblea de este año del Foro Económico Mundial, veo el nombre del líder del Partido Conservador británico, David Cameron. Si no recuerdo mal, Cameron también fue un Hombre de Davos el año pasado. De modo que Grove está claramente pidiendo al jefe de su partido que pida perdón.

Esta manía de echar la culpa a otros en la que nos encontramos inmersos tiene algo de previsible y de ridículo: los políticos responsabilizan a los banqueros, los banqueros responsabilizan a los reguladores, los reguladores responsabilizan a los políticos, y así sucesivamente. Si, como le dijo Barack Obama a Joe el fontanero, debemos repartir un poco más la riqueza, también debemos repartir un poco más las culpas, y de forma más selectiva.

Nos dedicábamos a acumular deudas y no preguntamos dónde se estaban invirtiendo nuestros fondos

Madoff era un pillo. Lo importante es saber cómo se las arregló para ejercer impunemente durante tanto tiempo

Los que no somos expertos en finanzas estamos empezando sólo ahora a comprender qué es lo que falló en lo que George Soros ha calificado como un superboom seguido de una supercrisis (si quieren un cursillo intensivo, recomiendo el informe especial sobre el mundo de las finanzas en el último número de The Economist y una conferencia pronunciada recientemente por el responsable de la Autoridad de Servicios Financieros de Gran Bretaña (FSA), Adair Turner, disponible en la página web de la FSA). Por las pruebas de las que disponemos hasta ahora, parece lógico que los que aparecen a continuación se pregunten qué parte de responsabilidad les corresponde. Con la excepción de la primera categoría y la última, cada uno de los encabezados debería matizarse con un algunos. Como es natural, se trata de una lista meramente indicativa.

Los pillos. Bernie Madoff era (da la impresión, a la espera de lo que decidan los tribunales) un pillo, un defraudador y alguien que se aprovechaba de la confianza depositada en él. Siempre habrá gente como él entre nosotros. Lo importante es saber cómo se las arregló para ejercer sus actividades impunemente durante tanto tiempo y a una escala tan inmensa.

Banqueros. Algunos banqueros muy prestigiosos y respetuosos con la ley hicieron apuestas muy arriesgadas y cometieron horribles errores de cálculo a nuestra costa, pero ellos lograron salir con primas multimillonarias mientras dejaban que los accionistas y los contribuyentes pagaran la factura. Hubo otros que no actuaron así.

Reguladores. En esta categoría hay muchos fallos para repartir. "¿Es una errata?", preguntó, por lo visto, un funcionario de la Comisión del Mercado de Valores estadounidense cuando vio que las pérdidas ocasionadas por Madoff ascendían a 50.000 millones de dólares. "¿No querrá decir 50 millones?".

Políticos. Está muy bien que los políticos alcen la voz indignados contra Wall Street y los banqueros, pero esto ocurrió bajo el mandato de George Bush y Gordon Brown. "Los animadores de las finanzas", escribe Edward Carr en el excelente informe de The Economist, "no estaban dispuestos a reconocer que la vivienda era demasiado cara y el riesgo demasiado barato". Es cierto, pero lo mismo puede decirse de los animadores que jaleaban la política británica y norteamericana.

Economistas. He aquí un gremio en el que sería útil que oyéramos algo más de autocrítica, sobre todo por parte de los economistas cuantitativos, cuyos modelos matemáticos contribuyeron a llevar a los inversores por el mal camino. ¿Cómo va a poder seguir diciendo la economía que es una ciencia si su capacidad de predicción es tan escasa? Imaginemos qué pasaría con la física newtoniana si las manzanas empezasen a caer hacia arriba.

Periodistas. Sí, algunos pronunciaron advertencias, igual que las pronunciaron algunos economistas excepcionales como Nouriel Roubini; pero ha habido que esperar hasta ahora para que el lector medio de las páginas de economía pudiera comprender lo arriesgadas que eran sus inversiones. ¿Falló el periodismo económico?

Nosotros, la gente. Algunos de nosotros, por lo menos, nos dedicamos a acumular deudas, sobre todo en Gran Bretaña y Estados Unidos, apoyándonos en unos precios de la vivienda inflados que nos daban una falsa sensación de seguridad, y no hicimos suficientes preguntas sobre dónde se invertían nuestros fondos de pensiones.

El sistema. Las acusaciones generalizadas contra un supuesto sistema desnaturalizado y despersonalizado suelen dejar al descubierto una actitud incoherente revestida de indignación. Pero en estos momentos existe el sentimiento de que el sistema financiero mundial se había vuelto tan amplio, tan complejo y tan poco transparente que era imposible que ni siquiera los principales actores en los mercados pudieran comprenderlo, ni mucho menos controlarlo. Y era un sistema en el que unas decisiones aparentemente racionales y a corto plazo, tomadas por la mayoría de los participantes individuales, produjeron un resultado que ha perjudicado de forma colectiva a todo el mundo.

La primera conclusión que extraigo tiene que ver con el conocimiento y la transparencia. Lo que muchas de estas categorías tienen en común es que sus miembros, ya fueran banqueros, reguladores, políticos, periodistas o dueños corrientes de fondos de pensiones, no vieron ni comprendieron suficientemente lo que estaba ocurriendo. Había demasiadas cajas negras y muñecas rusas sin abrir, como las de las obligaciones de deuda garantizadas y envueltas en otros paquetes. Se dice que el propio Soros, el legendario maestro inversor, desconfiaba de las inversiones derivadas porque "no entendía del todo cómo funcionaban". Me dirán: "Y si Soros no lo entendía, ¿cómo demonios iba a entenderlo yo?". Pero se puede dar la vuelta al argumento y decir: "Siga la regla de Soros: no invierta en una cosa que no comprenda del todo". Si un número suficientemente grande de inversores, tanto individuales como institucionales, aplicara esa norma, ese nuevo paradigma tendría la ventaja de aplicar los mecanismos de mercado para imponer disciplina en ellos. Ofrézcame más transparencia o no le doy mi dinero. No serviría para sustituir a una mejor regulación por parte de los gobiernos nacionales y las instituciones internacionales, pero sí sería un complemento formidable para ella.

Mi segunda conclusión nos lleva de nuevo al Hombre de Davos, un término técnico acuñado por el difunto Samuel Huntington para referirse al miembro de una nueva clase dirigente mundial, liberado de lealtades nacionales y despreciativo de las fronteras; una especie de cosmopolita implacable. El Hombre de Davos siempre fue lo que los especialistas en ciencias sociales llaman un tipo ideal. En la práctica, Davos es el lugar de reunión de distintas élites empresariales, políticas y de los medios de comunicación. Muchas de las compañías multinacionales, los bancos y los medios aquí representados tienen planes y estrategias empresariales de dimensión mundial, pero siguen teniendo sus raíces en una cultura empresarial o mediática nacional. CNN tiene alcance mundial, pero es, al mismo tiempo, muy estadounidense; BBC World llega a todo el mundo pero es muy británica; Nestlé es internacional pero es profundamente suiza.

En cuanto a los dirigentes políticos que vienen a Davos, en su mayoría, siguen teniendo su base más firme en la política nacional. Aquí arriba, en la montaña mágica, presentan sus visiones y sus intereses nacionales ante un público internacional en los términos más cosmopolitas de los que son capaces, como hicieron el miércoles el primer ministro chino Wen Jiabao y el primer ministro ruso Vladímir Putin. Pero siempre son perfectamente conscientes de cómo van a transmitirse sus palabras a través de sus medios nacionales a la opinión pública de sus respectivos países.

El mayor peligro hoy para el sistema económico mundial no es un exceso de internacionalismo al estilo de Davos, es el refuerzo del nacionalismo económico. Davos nunca ha sido más que una pequeña parte de un esfuerzo más amplio, no para suplantar la competencia internacional, sino para situarla en un marco más sólido de cooperación internacional.

Ahora nos encontramos en una encrucijada. Un camino nos devuelve al nacionalismo económico, el proteccionismo y las políticas de empobrecer al vecino. Otro nos lleva hacia delante, a una mayor cooperación internacional, que incluya más regulación y más transparencia. Si no hacemos un esfuerzo consciente, la dinámica de la política, tanto democrática como antidemocrática, que sigue siendo nacional, nos empujará por el primero de esos dos caminos. Dentro del Hombre de Davos están encerrados su predecesor y su posible sucesor, siempre luchando entre sí para salir a la superficie. Si no les gusta lo que han visto del Hombre de Davos, ya verán cuando se encuentren con el Hombre Nacionalista. -

www.timothygartonash.com Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

Tony Blair, durante su intervención en el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza). / VIRGINIA MAYO

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