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miércoles, 21 de enero de 2009
Tribuna:

El mundo le necesita tanto como Estados Unidos

El día de ayer, 20 de enero, fue un día histórico porque tomó posesión de su cargo en Washington el 44º presidente de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama.

Las expectativas creadas a su alrededor son enormes. Se espera de él -y del joven equipo con el que va a trabajar- nada más y nada menos que un cambio de era, o, si se prefiere, de paradigma. ¿Qué significa eso? El fin del "capitalismo de casino" financiero-especulativo y un nuevo modelo económico y social que suponga el regreso a ciertos valores éticos y a la defensa del servicio público y del Estado de derecho, dentro del más estricto respeto por los derechos humanos.

Y todo esto ocurre cuando Norteamérica se encuentra en el epicentro de la crisis más grave que jamás ha vivido el capitalismo. Una crisis que no sólo es económica y financiera -con los Estados Unidos hundidos en la mayor recesión conocida- sino también una crisis energética, alimentaria, ambiental y, por encima de todo, de los grandes valores que constituyen lo esencial del "sueño americano".

El nuevo presidente no podrá hacer milagros, pero sí actuar desde sus valores y convicciones

Es evidente que nadie espera que Barack Obama pueda hacer milagros. Debe hacer gala de paciencia y de prudencia a la hora de adoptar las medidas que vaya a considerar prioritarias. Es una jerarquía difícil de establecer, que no deja de angustiar sin duda a Obama y a su equipo. En la agenda están: poner fin a la guerra de Irak; dar algún rumbo nuevo a la crítica situación en Oriente Próximo, con especial relieve a la necesidad de poner fin al conflicto palestino-israelí; el inevitable regreso a las Naciones Unidas; una política de más confianza y apertura en las relaciones euroatlánticas, dada la crisis de incertidumbre y de apatía vigente en la Unión Europea; los problemas internos de los Estados Unidos, con el desempleo en ascenso, la falta de confianza por parte de los agentes económicos, el astronómico déficit exterior y la necesidad de "meter más dinero en los bolsillos de los americanos", como dijo Obama... Entre todo eso resulta difícil, muy difícil, establecer prioridades, sabiendo que no es posible acudir a todos los frentes al mismo tiempo. Ya se verá.

Tras el anuncio de su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos, leí los primeros discursos de Barack Obama con inmensa atención. Más tarde, seguí su campaña y pude leer sus libros. Desde entonces simpatizo con su determinación, con sus ideas y con su personalidad, que considero excepcional. La idea de un afroamericano, además humanista, en la Casa Blanca me parecía, desde luego, un desafío a los prejuicios que parecían arraigados en la sociedad americana y, al mismo tiempo, a la política exterior agresiva y unilateral seguida por Bush tras el 11 de septiembre de 2001. Lo que significaba una ruptura y un esperanzador cambio de paradigma.

Me gustó especialmente el hecho de que declarara su intención, si salía elegido, de ordenar la retirada, en sucesivas fases, de las tropas norteamericanas de Irak. Fue un acto de enorme coraje. De ahí que escribiera en distintos medios de prensa europeos durante todo el año 2008 varios artículos en apoyo a la candidatura de Barack Obama. No estoy arrepentido. Creo que la victoria de Obama representa por sí misma una revolución democrática y pacífica en los Estados Unidos y, sobre todo, un cambio en la mentalidad de los norteamericanos.

Ahora hemos asistido, por fin, a la toma de posesión en Washington de Barack Obama. Norteamérica y el mundo esperaban oír, con inusual curiosidad, su discurso inaugural, que sin duda alguna ha sido una pieza oratoria de inmensa calidad humana y política. Y que no habrá defraudado, de ello estoy seguro, las expectativas más exigentes.

Con todo, pesan a partir de hoy sobre los hombros del nuevo presidente de los Estados Unidos exigencias y problemas de todo tipo -internos, externos, globales- que, como acabo de decir, resulta imposible resolver de hoy para mañana. En la política no existen los milagros. Lo que sí existen son las convicciones y los valores. Y estos, espero, serán respetados. Tengo una inmensa confianza en las cualidades humanas de Obama.

Por otra parte, Obama es consciente de que su mayor fuerza estriba en el dinamismo que ha sabido despertar en la juventud, en las clases más desfavorecidas de la población norteamericana y en las minorías étnicas. No las va a defraudar. Estoy convencido de ello.

Cuenta también con la inmensa simpatía de la opinión pública mundial. Así pues, tengamos confianza y ¡viva Obama! El mundo siente la necesidad de alguien como él, tanto o más que el pueblo norteamericano. Nos disponemos a vivir, colectivamente, un momento de cambio histórico, sin parangón desde hace muchos años.

Traducción de Carlos Gumpert.

Mário Soares es ex presidente y ex primer ministro de Portugal.

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