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COLUMNA

Se asan animales

Como se acercaba el 25 de diciembre, fun fun fun, nos fuimos al norte de visita familiar prenavideña. En los tejados y los rincones de la ciudad aún quedaba una espesa capa de la nieve que cayó hace unos días. La mañana era fría, pero lucía un sol espléndido y salimos a pasear. Pasamos primero a comprar pan, a la vuelta de la esquina, porque dijeron que ahí era muy rico, de horno de leña o algo así. No entramos. En la puerta de la tahona habían pegado un cartel: "Se asan animales". Todo en mayúsculas. En ese momento, una señora abrió esa puerta, con una baguette en una mano y, en la otra, la correa de su Yorkshire, que salía vivo. Juro por mis muertos de muerte natural que ella llevaba un abrigo de visón. Volvimos a mirar el cartel: "Se asan animales". Todo en mayúsculas y con una caligrafía escalofriante. Sentíamos lo que sentimos siempre nosotros, los vegetarianos, ya nos conocen: repugnancia y tristeza. Pero además un profundo desconcierto: nunca habíamos visto eso que rechazamos expresado de manera tan cruda. Quizás habíamos pasado ya, sin prestarle atención, por delante de un restaurante con un gran cartel que dijera "Asador"; de hecho, ya nos habíamos detenido ante el escaparate de una tienda con productos delicatessen, exquisitamente decorado, en el que las piezas de fruta más seductoras y las bebidas más escogidas se mezclaban con fiambres y foies cuyo cruel origen estaba convenientemente disfrazado de lujo y distinción. Acostumbrados a ciertas imágenes y a determinadas palabras, dejamos de ver lo que significan: siendo lo mismo, el escaparate del gourmet disimulaba con finura lo que el cartel de la tahona nos había mostrado en su más grosera naturaleza.

Hace pocos días la policía desmanteló un matadero clandestino en Villarejo de Salvanés

Y si ustedes creen que he pretendido amargarles el pavo, están en lo cierto: era mi intención

Pero estábamos de visita navideña a la familia ("tengamos la fiesta en paz"), así que continuamos nuestro paseo con toda la placidez que nos permitieron las imágenes que seguían asaltándonos ("Se asan animales": y no veíamos sólo corderos y conejos y cochinillos -animales-, sino también yorkshires y labradores y bulldogs franceses -animales- y gatitos siameses y atigrados y de angora -animales- y hurones y hámsteres y periquitos -animales-. Yo los veía a todos haciendo cola, algunos con sus collares y sus correítas, muy formales, en fila como quien va a llevarse una baguette, esperando su turno para ser asados en ese horno de leña o de algo así donde es famoso el pan porque sale riquísimo). Entonces nos llevaron a ver el Belén gigante. Con su José y su María y su niño, como es natural; y sus hilanderas y sus pastores y sus campesinos y sus soldados y su molino con agua corriente de verdad. De verdad eran también unas ovejas de cara negra que asistían a su propia escena con envidiable serenidad y unos ponis de pelo largo que estaban atados dentro de un cercado y daban la espalda a los niños que los observaban con admiración, ignorantes, porque ninguno de los adultos presentes se lo contaba, de que aquel corderín tan mono y que daban tantas ganas de abrazar quizás iba a ser asado por la tarde en la tahona donde se compran las baguettes. Yo tampoco dije nada ("tengamos la fiesta en paz").

Hace pocos días la policía desmanteló un matadero clandestino en Villarejo de Salvanés. No lo hizo porque dieran ganas de abrazar a las ovejas y a sus bebés sino porque los tres miembros de la misma familia que fueron detenidos estaban haciendo el agosto navideño distribuyendo en toda la Comunidad de Madrid corderos, para asar, sin control sanitario ni veterinario, sin registro ni medidas higiénicas e incumpliendo las más mínimas normas de "sacrificio". Para estas fiestas tan entrañables, el matadero mantenía una intensa actividad: dentro de la nave había más de un centenar de cadáveres y otros tantos corderos vivos esperando su turno, nos podemos imaginar que en un ambiente distinto al del Belén gigante que hacía las delicias de los niños. Por 200 euros, a su vez, podía usted hacerse con un cerdo completo en el matadero ilegal de Colmenar Viejo que también ha desmantelado la Guardia Civil. Medicados con antibióticos caducados y alimentados con leche podrida pero, cómo no, convenientemente troceados si ese era el deseo de usted. Dicen que en el momento de la detención había seis cochinillos, es decir, seis cachorros, listos para matar y que "la manipulación" se realizaba de cualquier manera. Lo cuento porque supongo que a los carnívoros les interesarán estas informaciones, aunque por distintos motivos que a mí. Pero la vida sigue, también para los vegetarianos, así que, feliz Navidad. Y si ustedes creen que he pretendido amargarles el pavo, están en lo cierto: era mi intención. Para que tuviéramos la fiesta en paz.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de diciembre de 2008