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miércoles, 24 de diciembre de 2008
Crítica:

Épica a retales

J. C. 24 DIC 2008
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Cuando Anton Ego, el crítico culinario de Ratatouille (2007), decía eso tan sensato de que los miembros de su profesión sólo se arriesgan en el hallazgo y la defensa de lo nuevo, olvidaba mencionar algo: que el riesgo, en muchos casos, está en saber distinguir lo realmente nuevo -o sea, lo que generará descendencia, transformará el lenguaje del medio- del mero hype -o sea, el efímero espejismo de seducción-. Con su segundo largometraje, Romeo y Julieta (1996), el cineasta Baz Luhrmann hizo los suficientes méritos para ser saludado como un innovador en toda regla. La posterior Moulin Rouge! (2001), si bien le consolidaba como cineasta a medida para la era del sampler y la apropiación, disparaba las alertas antihype.

Tras sus imágenes, hay un 'sampleador' tan voraz como caprichoso

La aparatosa Australia es el intento de Luhrmann por afirmarse y consolidarse como cineasta clásico, alguien capaz de articular un melodrama épico a la antigua usanza, diseñado para recrear la emoción pura del cine que lo formó y, al mismo tiempo, proporcionar una mitología-espejismo a su tierra natal. Pese a los propósitos, Australia delata que tras sus imágenes no hay tanto un director de orquesta como un sampleador tan voraz como caprichoso: Luhrmann logra exiliar el aburrimiento de su colosal metraje, pero todo suena a material de segunda mano, ningún salto de un género a otro resulta natural y su exorcismo de un colectivo sentido de culpa colonial adopta las formas de una sensibilidad forzadamente contemporánea, anacrónica.

AUSTRALIA

Dirección: Baz Luhrmann.

Intérpretes: Nicole Kidman, Hugh Jackman, Bryan Brown, Tony Barry, Essie Davis.

Género: melodrama. Australia-Estados Unidos, 2008.

Duración: 165 minutos.

 
 

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