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domingo, 21 de diciembre de 2008
Análisis:Radiografía del juego en Euskadi

El juego de la buena suerte

Se ha extendido la creencia de que las personas civilizadas, racionales, industriosas, autocontroladas, eficientes, lo son en tanto en cuanto abandonan las arcaicas tendencias a acudir a La Suerte como forma de explicar consecuencias de conductas o situaciones personales o grupales.

Sin embargo, La Suerte no deja de ser un principio de apoyo explicativo en el mundo de la vida para muchísimas personas de nuestro racional y civilizado mundo occidental. Más aún, la creencia en La Suerte es un recurso altamente frecuente, tanto para imaginar una situación netamente más favorable respecto a la que se encuentran muchas personas, como para mantener o defender una mínima buena imagen de sí mismos: para poder relacionarnos con un punto de respeto con nosotros mismos.

'La Suerte' no deja de ser un principio de apoyo explicativo de nuestro racional y civilizado mundo

La Suerte, en la mentalidad colectiva de estas sociedades desacralizadas, goza de una estabilidad privilegiada como fuerza explicativa y se mantiene con una persistencia sorprendente para aquellos que creyeron que la modernidad equivaldría a la progresiva desaparición de creencias mágico-religiosas. Para nadie es un secreto que los juegos de azar constituyen una de las industrias más prósperas de la vida económica. No hay ninguna noticia que ponga en duda la fiabilidad y solidez de la gran industria del juego sita en Las Vegas. Su prosperidad, innovación e influencia en la cultura moderna, aun en momentos de crisis económica, ha sido objeto de sesudos estudios y controvertidos debates sobre sus diversas interpretaciones. Por su parte, el Estado que institucionaliza y organiza la Lotería Nacional espera obtener de la Lotería de Navidad unas ganancias superiores a los años precedentes, a pesar de la crisis económica.

En el hábito de jugar, el factor principal es la creencia en La Suerte, noción que, aun cuando contiene un alto componente abstracto, le resulta familiar y conocida a la gran mayoría de la población.

Hay quien defiende que La Suerte es una modalidad de pensamiento que se encuentra en la aprehensión animista de las cosas. Heredado de un pasado más o menos remoto, la forma más primitiva de este estilo de pensamiento sería una incipiente creencia animista, o un sentido animista de los hechos y de las cosas que imputa a los hechos un carácter cuasi personal. En la mentalidad animista, todos los objetos y hechos importantes y notoriamente trascendentes que tienen lugar en su medio están en relación con una individualidad cuasi personal.

En su forma arcaica y más simple, la creencia en La Suerte es ese sentido instintivo de que existe una misteriosa e inescrutable propensión finalista, teleológica en los objetos y situaciones, de que los objetos y situaciones tienen una indefectible propensión a resultar en un fin determinado.

La creencia, cuyas huellas evocarían esa modalidad del pensamiento animista, se iría convirtiendo por gradaciones y mutaciones imperceptibles en una segunda forma, que es la creencia más o menos articulada en un agente preternatural. El agente preternatural no se concibe necesariamente como un agente personal sensu stricto, sino como un instrumento que participa de los atributos de personalidad en la medida en que puede influir, de algún modo arbitrario, en el resultado de cualquier empresa, de cualquier competición o de cualquier apuesta. Podríamos traer a colación, también aquí, muy relacionada con este estilo de pensamiento, la noción de Providencia (la Providencia Divina).

A nadie se le oculta que esto es de gran relevancia, no sólo para la economía, sino para la ciencia social y política en general, como hábitos de pensamiento que influyen en la concepción habitual de un individuo acerca de los hechos y situaciones con los que tiene contacto, y que puede dejar en manos de estas agencias preternaturales las ganancias familiares, los activos de una gran corporación o el destino de media Humanidad. Viene a nuestra memoria la dependencia de altos mandatarios de naciones dominantes en la escala internacional de prácticas adivinatorias en su toma de decisiones políticas.

¿Cómo es que puedan convivir estos estilos de pensamiento de raíz animista con las arraigadas concepciones postcartesianas del homo racionalis, homo económicus (el egoísmo y el interés individual como el primer principio -fundamento básico- de la racionalidad de un sistema económico y social), o con el monopolio explicativo en el mundo académico y en el sistema de economía ultraliberal durante las cuatro últimas décadas de la teoría de la elección racional de los individuos en la toma de decisiones económicas?

Theodor Adorno afinó su olfato científico en su estudio sobre el fascismo potencial, al relacionar "la personalidad autoritaria" con un estilo de pensamiento que afirmaba su fe y sus creencias en fuerzas "externas mágicas", preternaturales, como principios que gobernaban el mundo. A su vez, Adorno notificó la proclividad de este sujeto autoritario a reverenciar con fascinación la fuerza de los unos, con los que se identificaba, y a despreciar la debilidad de los otros seres humanos con los que interaccionaba y perseguía.

En estas fechas navideñas, una muchedumbre de personas compramos décimos o participaciones de la Lotería Nacional, y los mismos actores que nos hacemos las preguntas arriba mencionadas, nos encontramos con la emergencia de esta pasión en lo más recóndito de nuestra intimísima conciencia, compartiendo la idea, imaginando, elaborando expectativas en torno a La Suerte que pudiera llegar, que si tiene a bien, pensamos ingenuamente, podría cambiar nuestras vidas.

De esta imagen que se ha dado aquí sobre la creencia en La Suerte propongo rescatar, sin embargo, esa subcultura de la participación, del intercambio de participaciones de lotería con la familia, con los amigos, con los colegas con quienes compartimos nuestras vidas; aquellos que juegan con los otros allegados, pues si nos toca, todos compartimos la buena suerte. "¡A ver si esta vez tenemos suerte!", nos decimos. "Tú te quitas esas deudas y yo llevaría una vida más confortable".

¿Acaso podríamos rescatar algunas cosas apreciables en el juego de La Suerte?

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Mikel Villarreal es catedrático de Psicología Social de la UPV

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