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Reportaje:Carreras & capital humano

En busca de uno mismo

Cada vez más jóvenes eligen sus estudios siguiendo los dictados de su pasión. El reto consiste en descubrir sus talentos y escoger una profesión donde puedan expresarlos

Las leyes del juego de la vida están regidas por el actual sistema de mercado, donde la necesidad de ganar dinero obliga a los seres humanos a levantarse cada lunes por la mañana para ir a trabajar. Y no sólo eso. Para garantizar y preservar el buen funcionamiento de este sistema, las últimas generaciones han sido condicionadas desde la infancia para convertirse en miembros productivos para la sociedad.

Frente a este contexto socio-económico y dado que la actividad laboral ocupa más de un tercio de la existencia, elegir conscientemente una formación (tanto universitaria como profesional) se ha convertido en una decisión muy importante en la vida de cualquier persona. Así, entre los 14 y los 15 años se debe escoger entre seguir estudiando bachillerato para poder acceder a la universidad u optar directamente por cursar algún módulo de formación profesional (FP).

Las salidas y el sueldo son otros grandes aliados para la elección

Los padres no deben ser condicionantes, sino orientadores e inspiradores

"No esperes que el mercado te dé lo que buscas; ofrécele lo que has encontrado"

Poco después, sobre los 18 años, quienes hayan seguido estudiando bachillerato tendrán que tomar otra seria decisión: elegir a qué carrera universitaria destinarán los próximos cuatro o cinco años, de manera que sobre los 23 años puedan entrar en el mercado laboral con garantías de encontrar un primer empleo digno y con futuro.

"Lo paradójico de todo este proceso es que dichas decisiones deben tomarse irremediablemente durante un periodo más asociado a la confusión y la inmadurez que a la claridad y la responsabilidad", afirma Rocío Argudo, directora de Unitour, la Feria de Universidades que organiza por toda España la firma Círculo de Formación, especializada en estudios de posgrado.

Llegados a este punto, ¿qué es lo que realmente motiva a un joven a decantarse por un camino de formación u otro? En líneas generales, existen tres factores clave: "La cantidad y calidad de salidas profesionales asociadas con dichos estudios; el dinero que puede llegar a cobrarse; y la vocación, es decir, que la elección depende, sobre todo, de una necesidad interna de hacer algo que gusta, apasiona y llena al alumno, dejando en un segundo lugar las dos opciones anteriores", explica Argudo.

Según los datos de Unitour recogidos entre noviembre de 2007 y febrero de 2008, cada vez más jóvenes eligen sus estudios siguiendo los dictados de su pasión. Así, el 44% de los 17.000 estudiantes de bachillerato encuestados iba a escoger su carrera universitaria en función de lo que realmente le gustaba. Eso sí, Argudo matiza que, de éstos, "menos de la mitad se mostró totalmente convencido de que estaría dispuesto a cualquier cosa por dedicarse a lo que decía que quería hacer". Por otro lado, el 28% iba a decidirlo basándose en las salidas profesionales, y el 11%, en la cantidad de dinero que podría llegar a cobrar. El 17% restante seguía anclado en la duda y simplemente no tenía ni idea de qué quería hacer con su vida, según la feria Unitour.

En este sentido, los jóvenes han de tener muy claro que se trata de una decisión suya y de nadie más. "Para que puedan seguir su camino deberán enfrentarse al condicionamiento sociocultural imperante, que les dice qué tienen que ser, hacer y poseer para lograr el éxito y el bienestar", señala la coach Herminia Gomà, directora del máster en Coaching y Liderazgo Personal de la Universidad de Barcelona.

Esta experta apunta que con el fin de poder estudiar y trabajar en algo que les divierta y se les dé muy bien, "los jóvenes también tendrán que cuestionar la profunda influencia de sus padres, que de forma inconsciente suelen proyectar su sistema de creencias, incluyendo sus miedos, frustraciones y deseos personales", añade. "Así es como terminan por sepultar toda posibilidad de que sus hijos sigan su propio destino personal y profesional".

Si bien el papel de los padres es crucial, no debe ser condicionante sino orientador e inspirador. Gomà propone que éstos reflexionen acerca de qué es más importante para ellos: "¿La seguridad y estabilidad que acompañan a algunos estudios y a sus correspondientes empleos, o el entusiasmo y la felicidad que afloran en sus hijos al desempeñar una función que les permite desarrollar y expresar sus talentos innatos?".

El objetivo es que los jóvenes puedan formarse para optar a puestos de trabajo que se ajusten a sus inquietudes, expectativas, valores y habilidades. Más que nada porque "sin estos alicientes el trabajo termina por convertirse en una rutina mecánica, gris y sin sentido, que poco a poco merma la actitud proactiva de cualquier persona, independientemente de su grado de preparación académica".

En cambio, "si sigue los dictados de su voz o intuición internas, seguramente pueda terminar formando parte de un proyecto más humano, auténtico y con sentido", subraya Gomà. De ahí que "quien se mueve en función de su vocación -más allá de concebir su trabajo como una carrera profesional que a su vez permite pagar el alquiler- suele tener muchas más opciones de que su felicidad sea sostenible". Sobre esta base de "equilibrio y alegría internos es mucho más fácil que se multipliquen sus posibilidades de ser excelente en lo que hace y, en consecuencia, de lograr el éxito más allá del éxito", concluye Gomà.

Dado que entran otras variables en esta ecuación, "para no caer en agobios, angustias y conflictos innecesarios es importante que tanto los jóvenes como sus padres tengan en cuenta que este camino se ha de vivir de forma abierta y muy flexible, pues aunque estudien una cosa tal vez terminen dedicándose a otra", afirma Lorenzo di Pietro, director de Capital Humano de Barcelona Activa, la agencia de desarrollo local del Ayuntamiento de Barcelona. "Para no concebir los errores o los cambios como fracasos, este camino ha de vivirse siempre como un proceso de aprendizaje".

Desde 2003, Barcelona Activa cuenta con Porta 22, una iniciativa pionera en España, encaminada a orientar profesionalmente a jóvenes y adultos de forma totalmente gratuita. "Nuestro esfuerzo radica en fomentar un cambio de paradigma en la relación que tienen las personas con el mercado laboral", reconoce Di Pietro. "En la nueva economía, basada en la sociedad del conocimiento, la oferta es el valor añadido que ofrece la persona y no al revés". Y concluye: "No esperes que el mercado te dé lo que buscas; ofrécele lo que has encontrado dentro de ti".

Uno de los 350.000 ciudadanos asesorados por Porta 22 es Joan Guardia, de 24 años, y actual mecánico de aviones de Iberia, donde trabaja de 21.30 a 5.30 por un salario neto de 1.750 euros al mes. Guardia reconoce que a los 19 años "no tenía claro qué hacer" con su vida profesional. La orientación proporcionada por Porta 22 le sirvió para "espabilarse y reflexionar".

Tras realizar varias pruebas y test, así como algún que otro curso de autoconocimiento, finalmente reconectó con un hobby de cuando era pequeño: los aviones. "Siempre se me había dado muy bien todo lo relacionado con la tecnología y la mecánica", explica Guardia. "Cuando supe de la existencia de este trabajo se me encendió una lucecita". Y concluye: "Estoy disfrutando muchísimo haciendo lo que hago porque siento que puedo aportar algo de mí que contribuya a mejorar la vida de los demás". -

Fuente: ideas aportadas por expertos en orientación profesional de Porta 22, iniciativa de Barcelona Activa.

Nunca es tarde para reinventarse

No existen trabajos ni profesiones para toda la vida. En general, "las personas cambian, crecen y evolucionan, con lo que deben concebir su vida profesional como un proceso dinámico", afirma el coach literario, Sergio Bulat, autor de El arte de inventarse profesiones. Destacar en un mundo laboral en crisis (Empresa Activa).

El quid de la cuestión es que descubrir la vocación no es un hallazgo fácil, pues consiste en responder a la pregunta "¿para qué sirvo?" Por eso "muchos aguantan día tras día y año tras año en una misma empresa, realizando una misma función que no les gusta, que les dificulta expresar quienes son y que les impide llevar una vida sana, feliz y equilibrada".

Eso sí, "la propia inercia termina por esclavizar a los profesionales más resignados y conformistas a una profesión de por vida, una decisión inconsciente que suele ser también la causa de gran parte del malestar y de los conflictos que padecen", apunta Bulat.

Sin embargo, más allá de caer en el victimismo, este experto anima a los adultos a que conciban este proceso de la misma manera que lo intentan hacer los más jóvenes: "Como una oportunidad de aprendizaje para superar miedos e inseguridades y poder así descubrir quienes son y qué es realmente lo que pueden aportar a la sociedad".

En base a esta premisa, "la ilusión, el entusiasmo y el compromiso son indicadores de que la persona se ha alineado con el puesto de trabajo que le corresponde", sostiene Bulat. Y concluye: "Estudiar un máster está cada vez más al alcance de cualquiera y suele abrir nuevas puertas y oportunidades". -

Encuentra tu propio camino

Todo tiene marcha atrás. Atrévete a elegir unos estudios que te gusten e interesen de verdad. No pasa nada si luego te das cuenta de que no es exactamente lo que querías. De todo se aprende. Con el tiempo las cosas se ven más claras.

Piensa en positivo. No limites tus opciones al escoger una profesión. Juega y sueña con lo que te gustaría hacer en la vida, por mucho que se salga de las preferencias convencionales. Si haces lo que te gusta, trabajar te resultará mucho más fácil y tendrás más opciones de triunfar.

Adopta la filosofía del esfuerzo. Eres corresponsable y cocreador de tu destino, que se forja con las decisiones y la actitud que tomas frente a lo que te va sucediendo a lo largo de la vida. Responsabilízate de tu proceso de formación.

Conócete a ti mismo. Indaga y reflexiona acerca de quién eres, descubriendo tus puntos fuertes, habilidades y, en definitiva, tu potencial como ser humano.

Estilo de vida. Pregúntate acerca de cómo quieres vivir: si prefieres trabajar para una empresa o ser autónomo (free-lance), si prefieres trabajar en la ciudad o en el campo, si prefieres un determinado tipo de horario u otro...

Aprende todo lo que puedas. Más allá de los estudios académicos, y en la medida de tus posibilidades, intenta vivir experiencias diferentes y enriquecedoras, ya sea leyendo, trabajando en proyectos sociales o viajando en busca de aventura. Lo que eres termina por influir en lo que haces.

Infórmate hablando con profesionales. Ponte en contacto con alguien que se dedique a la profesión que te gustaría desempeñar. Pregúntale todo lo que te gustaría saber y confirma que se trata del trabajo con el que soñabas.

Es tu elección, no la de los demás. Dado que se trata de tu propia vida y que el trabajo suele ocupar más de un tercio del tiempo diario, asegúrate de que eres tú quien toma la decisión final de estudiar lo que realmente quieres y no lo que te ha sido impuesto. Cuestiona tu condicionamiento.

La función de los másteres. Ten en cuenta que, una vez concluyas tus estudios o lleves varios años trabajando, tienes la opción de cursar un máster especializado en una rama más concreta del ámbito al que te dedicas profesionalmente para profundizar en la materia y dar un salto laboral.

Dale sentido a lo que haces. Para no ser víctima de la vida gris que suele acompañar a muchos puestos de trabajo, sé consciente de la importancia de cultivar una actitud proactiva, tratando de darle un sentido más trascendente a tu función profesional. Intenta que tu función sirva a los demás.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de diciembre de 2008

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