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viernes, 5 de diciembre de 2008
Reportaje:

"Contador es el mejor del mundo"

Armstrong resta importancia a los objetivos deportivos y el ciclista español recuerda que él también tiene carácter

Playa de las Américas 5 DIC 2008

Antes que nada, Lance Armstrong es un maestro en el arte de la comunicación, el de transmitir a la sociedad la imagen deseada de sí mismo, uno capaz de convertir incluso en positiva la práctica más anticomunicativa aparentemente, la de cerrar a todo su equipo a cal y canto en un hotel de cinco estrellas -vigilantes en la puerta reclamando identificación antes de dejar pasar incluso a los corredores, mecánicos y masajistas- en las laderas del Teide, anular todas las concesiones de entrevistas individuales y convocar a más de un centenar de enviados especiales de medio mundo en el salón social de un club de golf para hacerles llegar la buena nueva.

Y allí, con todo el mundo silencioso y expectante, proclamar desde su carisma, el aura que se superpone a su mirada de hielo, a su media barba, a su gorra Livestrong: "No vuelvo para ganar el octavo Tour. Con siete me vale. Vuelvo por la pasión del ciclismo. Vuelvo para que todo el mundo conozca mi mensaje, la importancia de la lucha contra el cáncer. Y si, acabado el año, analizo y veo que he terminado 18º en el Giro, 23º en el Tour o así, no me sentiré mal si el mensaje de la lucha ha llegado claro a todos. Los resultados no tendrán efectos negativos sobre lo que más deseo".

"Seré leal a Alberto, al equipo, a las leyes del ciclismo", afirma el estadounidense

Las gentes de corazón sencillo se emocionaron, los cínicos dijeron ya primer asalto de la dialéctica, de la oposición con Alberto Contador, la pelea por convertirse en el macho dominante del equipo no está en los genes de ningún campeón, y los dos lo son, renunciar al liderato... Como había sentenciado Ivan Basso, otro que retorna: "Armstrong no es un ciclista que vuelve, es una estrella del deporte que mueve al mundo".

Y Armstrong, consciente de su capacidad y de la bondad de sus intenciones, tan contradictorias con aquellas iniciales, las que sellaron el anuncio de su segundo (el primero fue el de 1998, tras superar un cáncer de testículos) retorno al ciclismo, continuó: "Soy un ganador, y eso es importante, pero hay que ser realistas. Es muy sencillo: aquí, sentado a mi izquierda, está el mejor ciclista del mundo. Y yo seré leal a Alberto, al equipo, a las leyes del ciclismo, haré lo que Johan [Bruyneel, el director] mande. No he venido para quitarle el sitio a nadie".

Allí, a su izquierda, estaba sentado Alberto Contador, también con su gorra personal -una mano en el gesto de disparar, la señal con la que celebra el de Pinto sus victorias-, también con su mirada propia -negra, profunda, dura: ten los ojos bien abiertos, le dicen sus amigos, e intenta aprender de todo lo positivo de la convivencia con Armstrong, que lo hay, en vez de pensar sólo en lo negativo; aprende, aprende-, también con su discurso. Es de Pinto, no de Austin, Tejas; es un chaval -"¿qué edad tendrías tú en el 92, cuando empecé yo en el ciclismo profesional?", le preguntó Armstrong, que ya fue campeón del mundo en el 93; "¿diez?"-, no un veterano de 37 años y 20 vidas vividas, y parece más simpático, y más accesible, incapaz de matar una mosca, pero también es un crack y por eso un periodista belga, quizás apiadándose, le preguntó si no tenía miedo de que le arrollara la personalidad exagerada del tejano, su carácter tremendo, a él, que parecía tan buen chico. Y Contador respondió: "Es pronto para decir si temo que me aplaste, pero yo también tengo mi carácter. Hay que tenerlo fuerte, pero hay que saber sacarlo y utilizarlo en su justo momento".

Aún no es el momento -el primer entrenamiento conjunto de ambos, que tanta expectación había levantado, quedó en nada por la diferencia de preparaciones: Armstrong, que ya compite en enero y necesita demostrar al equipo que no vuelve para ser un secundario, está fuerte como un toro y Contador acaba de salir de una operación de narices y no puede estar a tope-. Para eso habrá que esperar al Tour, la primera carrera de 2009 en la que previsiblemente -aún no están cerrados sus calendarios- coincidan. Y Contador ya ha avisado: "Mi objetivo en 2009 es intentar ganar el Tour. Así me lo ha pedido el equipo, a ello está enfocado mi calendario y por ello me voy a sacrificar. Y la aportación de Lance será grandísima...".

Lance Armstrong y Alberto Contador, en la rueda de prensa que ofrecieron ayer en Tenerife. / EFE

El equipo ciclista Astaná ha comenzado sus entrenamientos en el sur de Tenerife. En sus filas, el siete veces ganador del Tour Lance Armstrong, y el mejor ciclista del momento, el español Alberto Contador. Dos gallos en el mismo corral. / AGENCIA ATLAS

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