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jueves, 20 de noviembre de 2008
Reportaje:

El pazo más grande de Galicia

El Palacio de Sober había desaparecido de los catálogos de edificios históricos

En Sober, a aquel mamotreto en ruinas de la parroquia de Proendos lo llamaban "el palacio", pero el montón de piedras ya ni aparecía en los catálogos gallegos de edificios históricos. Tuvo que "enamorarse" de él una familia madrileña próspera en el negocio cárnico, e iniciar su restauración, para que los vecinos fueran de veras conscientes de lo que los tojos tapaban. Según el arquitecto que se encarga de las obras, Manuel Viéitez, el Palacio de Sober "es el pazo más grande de Galicia, una mole de 4.000 metros cuadrados y tres alturas, algo insólito", que escondía entre sus sillares derrumbados no una, sino dos torres del homenaje.

Viéitez, con estudio en Monforte, jugaba de niño entre los cascotes y sabía, como todos, que aquellos pilares estriados, aquellas cornisas torneadas, las balaustradas y adornos tan fuera de lugar que decoraban muchas casas de la comarca eran piedras procedentes del expolio del palacio. Muchas piezas se vendieron lejos, otras siguen siendo perfectamente identificables en la arquitectura local. En Sober, como en todas partes, no era ningún delito aprovechar los materiales de una casa abandonada, aunque en sus muros estuviese escrita la historia del Val de Lemos.

Fernán López rescató a 12 de las cien doncellas secuestradas

Husa y una cadena británica aspiran a gestionar el futuro hotel de lujo

Porque Lemos, mucho antes de dar nombre a esta comarca lucense, fue el apellido de los moradores del palacio. El caserón, fundado por Vasco López de Lemos hacia el año 740, empezó a crecer alrededor de una primera torre primitiva 30 años después, cuando su hijo, Lope López, decidió que el castillo paterno le venía pequeño. Luego nació Fernán López, que rescató a 12 de las 100 doncellas secuestradas por el rey Mauregato de Asturias. La hazaña le valió a la familia el poder lucir en su escudo de armas 13 roeles en lugar del único que tenían. Y ése fue el blasón que quedó para siempre: 13 círculos sobre fondo rojo, o campo de gules.

En poco tiempo, los López de Lemos se hicieron dueños de 30 fortificaciones de las que hoy sólo hay tres localizadas (Ferreira, Sober y Amarante), y llegado el año 1466, un sucesor de la casa, Diego de Lemos, pasó a la historia por ser uno de los tres grandes caudillos de la Revolta Irmandiña, junto a Pedro Osorio y Alonso de Lanzós. Según Antonio López Ferreiro, llegó a dirigir un ejército de 30.000 hombres y fue el artífice de la toma de Lugo.

Diego se sublevó contra su padre, Alfonso López de Lemos y Sober, y contra el mismísimo conde de Lemos (un linaje más moderno que el de los López de Lemos), al que hizo escapar hasta Benavente. El arquitecto Viéitez, que antes de iniciar la restauración investigó más de un año la historia del edificio, explica que Diego, tras expulsar al conde de su fortaleza en Monforte, destruyó la propia torre de Sober en la que vivía y había nacido, y cuando se dirigía hacia la de Ferreira para atacar a su padre, éste le presentó batalla y venció. Alfonso López "les cortó la cabeza a todos, pero a su hijo lo perdonó", y lo obligó a instalarse de nuevo en el palacio, que siguió creciendo hasta que en el XIX se levantó la capilla. Entonces, el edificio ya había pasado a los Gayoso del Pazo de Oca, y luego a los Medinaceli. De hecho, parte de los documentos que Viéitez quiere seguir investigando se encuentran ahora en Sevilla, totalmente desordenados, en el Palacio de Pilatos, que pertenece a esta familia.

A finales del XIX lo compró un vigués y luego pasó por varias manos hasta que en 1996 volvió otra vez a una familia de Sober. Ni un alma habitó el palacio desde que, hace 70 años, marcharon la viuda y los cuatro niños huérfanos del último casero. Entonces, ya era una ruina.

Aunque uno de sus sucesivos dueños fue un pequeño constructor local, nadie en todo este tiempo se atrevió a rehabilitarlo. Hasta que los Vaqueiro (que pese al apellido no son gallegos) pasaron unos días en la Ribeira Sacra, precisamente en la Casa Grande de Rosende, que es propiedad de Manuel Viéitez. Fue el arquitecto quien, durante una visita guiada, los llevó hasta las ruinas. Hace año y medio, los de la empresa cárnica, que ya habían estrenado la aventura inmobiliaria promoviendo bloques de viviendas bajo la firma Alvaher 98, decidieron convertir aquel montón de piedras en un hotel de lujo.

Ahora, Patrimonio discute sobre la conveniencia de rematar una de las torres con almenas. Husa y "otra cadena británica" aspiran a gestionar el hotel a partir de la primavera de 2010 y ya "están negociando". La reconstrucción se lleva a cabo contratando todos los trabajos a artesanos locales. Se usa la misma piedra que en el siglo VIII y las vigas de castaño vienen de O Incio. "El presupuesto es de nueve millones de euros", cuenta el arquitecto. "Espero que no se dispare mucho".

Estado actual del Palacio de Sober, con parte de la fachada ya reconstruida, en la que se ha empleado piedra nueva similar a la original. / XOSÉ MARRA

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