Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Entrevista:MANUEL BORJA-VILLEL | Director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

"Soy insoportablemente simpático"

Pregunta. Es de Castellón, como Carlos Fabra. ¿Todo se pega?

Respuesta. Espero que no.

P. ¿Valencia es la tierra de las flores, de la luz y del amor?

R. Si eso fuese cierto, Valencia sería un lugar de tópicos, y espero que no lo sea.

P. En la iglesia de su pueblo guardan el aborto de doña Violante de Hungría. Raritos, ¿no?

R. Es el hijo abortivo. Y esto sí que es muy de Valencia. Por Castellón no vino casi nadie, excepto los fenicios. Por Burriana pasaron el Cid y doña Violante. Más que raritos, son postmodernos.

P. Dice que llegó al Reina Sofía por concurso. Pero publicamos su nombre incluso antes de que se celebrara. Vaya apaño.

R. De hecho, publicaron ustedes el nombre cuando todavía no me había presentado.

P. ¿Pedazo de profetas?

R. Pues estuve dudando hasta el final si presentarme o no.

P. Tiene fama de agitador. ¿Qué agita?

R. No sé si voy de agitador. Pero sí creo que el arte tiene una dimensión política, por su potencial para hacernos ver las cosas distintas, sobre todo en una época en la que nuestra propia subjetividad es un elemento de consumo.

P. O sea, que este museo necesitaba a alguien como usted.

R. No. Yo creo que necesitaba llegar a la madurez.

P. ¿En su salón, sobre la nevera, hay un cuadro con un ciervo?

R. No, no tengo nada. Siempre he tenido todas las paredes vacías. No tengo ni colección. A mí me gusta montar, y en eso soy muy obsesivo, porque el arte es una experiencia física, corporal.

P. ¿Vive más experiencias corporales o místicas?

R. Yo es que no sé si tengo mística ni tengo corporal. Separación entre la actividad intelectual y la física, creo que no.

P. "De mayor, me gustaría ser cuadro en este museo". ¿Tan obra de arte se encuentra?

R. Me encantaría ser el Guernica, porque lo tratan tan bien que, en cuanto hay un cambio de unos grados de humedad, ya están mirando cómo está.

P. Y a usted no le miran los grados de humedad ni nada.

R. Nada. Que yo sepa, nadie me mira nada [ríe]. Yo no me siento cuadro, porque creo que hay que estar detrás de la cámara siempre. Y una obra de arte es un objeto del deseo.

P. ¿Y usted, de objeto del deseo, lo justito?

R. Bueno. Yo soy un sujeto que desea ser objeto, y que tiene objetos del deseo o no. Tú te puedes percibir sólo como sujeto. Si te percibes como objeto, tenemos un problema de esquizofrenia gorda.

P. Lo que tiene es un román paladino de mil pares.

R. Creo que manejo el lenguaje, el metalenguaje y el hiperlenguaje.

P. ¿Y si se pierde el Guernica, como la megaescultura de Serra?

R. No es posible.

P. Y extraviar 38 toneladas de escultura, sí.

R. Es que el acero o el hierro, aparte de perderse, pueden ser transformables. Y yo estoy seguro de que media España se está afeitando ahora con trozos de Richard Serra.

P. Tiene apellido de Papa fornicador y lujurioso. ¿En qué se parece a Alejandro VI?

R. También tengo apellido de santo, ¿eh? ¿Parecerme a Alejandro VI? Debe de ser en lo maquiavélico. En la lujuria, no creo. ¿Usted me ve a mí? Soy muy moderadito. Y, en todo caso, no se lo diría.

P. Igual lo suyo sería dirigir los Museos Vaticanos.

R. Igual el Reina es el Vaticano de hoy en día. Igual el Richard Serra es el Miguel Ángel, o Picasso el Leonardo. Lo que no hay es un Alejandro Sexo.

P. Ha dicho Alejandro Sexo.

R. Es el inconsciente.

P. ¿Le gusta más el arte o las señoras?

R. El arte. Bueno, no sé por qué he dicho eso... Lo he dicho porque estoy aquí. Está todo relacionado.

P. Sí. Usted siempre ha logrado el dos en uno. No sólo amor al arte, sino en el arte.

R. Es normal, si vives en un ambiente. Aparte de que soy bastante obsesivo. Y debo de ser bastante insoportable, aunque buena persona, creo, porque la gente acaba soportándome. O soy insoportablemente simpático. O simpáticamente insoportable.

P. Le pega haber leído mucho Play Boy.

R. No leía el Play Boy, pero había canales porno. Leía alguna vez el Interviú, al principio. Soy de la generación del destape.

P. ¿Se ha destapado bastante?

R. No. No me destapo en absoluto. Pero cuando me mojo, me mojo hasta arriba. Cada año y medio, o así, conmigo hay un bollo. No por nada. Por tensar las ideas.

P. ¿Nunca hace travesuras?

R. Sí, me meto en unos bollos de cuidado en el trabajo. En lo demás, más que travesuras, a veces soy un poco disfuncional, porque soy un poco desastre. Como no sé nadar, ni conducir, ni cómo funcionan los aparatos, y me hago líos en el banco, trato de ser muy ordenadito y muy austero. Por ejemplo: como no sé limpiar mucho, pues no ensucio. Mis disfunciones son múltiples.

P. ¿Qué esconde detrás del florilegio del lenguaje?

R. Soy superespecífico. Y me gusta ser muy preciso. Y, personalmente, entre el blanco y el negro, lo que existe son los grises.

P. ¿Usted es un hombre gris?

R. Es que no existe el blanco y negro. Todos somos grises.

Perfil

Tiene 51 años, un hijo y una obsesión laboral de hacérsela mirar. Igual se la está mirando, porque, con un toque gallego aparentemente impropio de alguien de Burriana, contesta sobre si va al psiquiatra: "Bueno, igual sí, igual no". Hace "cero deporte", aunque le gusta el fútbol y es del Barça. En música se queda con Schubert. Se dice "muy soso" y ansioso, y en la cocina va poco más allá de las ensaladas y de poner especias.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de noviembre de 2008

Más información