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Reportaje:Economía global

Hungría no quiere ser Islandia

El FMI y la UE salen al rescate del país para que la crisis no se extienda por el Este

La sombra de la crisis financiera se cierne sobre las economías emergentes del centro y el este de Europa... y ha impactado de lleno en Hungría. El país ex comunista intenta persuadir a los inversores de que no va a ser la próxima Islandia, que estuvo a punto de declararse en bancarrota en este octubre negro. "Si nos parecemos en algo, es en que tenemos más aguas termales que nadie en Europa", afirma con ironía el ministro de Economía, Gordon Bajnai. "Somos el país más fiable de nuestro entorno; el más predecible".

Pero es difícil creer que todo va mejor de lo que parece cuando el Fondo Monetario Internacional (FMI), la UE y el Banco Mundial han tenido que rescatar al país con un crédito de 20.000 millones de euros para devolver la confianza en su economía, su divisa y sus mercados. Se trata del mayor paquete de ayuda internacional aprobado en esta crisis para una economía emergente, uno de los mayores dados jamás por el FMI y el primero recibido por un país de la UE desde 1976, cuando Reino Unido pidió ayuda para controlar a la libra.

El Estado tiene que pagar deudas por 32.000 millones en el próximo año

Hungría es una de las economías más vulnerables a la crisis financiera y una de las que más han notado la falta de liquidez que ha colapsado los mercados. Está más expuesta porque depende de forma importante del crédito exterior y por su elevada deuda externa, que roza el 70% del PIB. Los inversores temen que el país no pueda pagar lo que debe. El momento más delicado se produjo cuando algunos bancos limitaron los préstamos en divisas extranjeras después de que éstos llegaran a suponer la mitad del total del crédito a empresas y ciudadanos (en el caso de los particulares alcanza el 85%).

Para controlar el pánico, cuanto más dinero, mejor. Con el paquete de ayuda del FMI y la UE, Hungría consigue aire para todo un año. Si se suman sus reservas en divisas internacionales (equivalentes a 17.000 millones de euros), la ayuda internacional es más que suficiente para cubrir las necesidades de financiación del país a corto plazo: 32.000 millones de euros en los próximos 12 meses. A cambio, el país tendrá que llevar a cabo una reducción del gasto. A esto hay que añadir los 5.000 millones concedidos hace dos semanas por el Banco Central Europeo, su primer préstamo a un país de fuera del euro.

"Con todo esto debería ser suficiente para cubrir las deudas más urgentes", afirma el analista del Erste Bank Orsolya Nyeste. "Servirá para minimizar la depreciación del forinto y que los inversores crean de verdad que Hungría es solvente", añade Gergely Tardos, del banco OTP, que en el último mes ha caído casi un 50% en la Bolsa. El OTP es la mayor entidad financiera húngara en un mercado en el que el 80% de los bancos son extranjeros.

Así se ha salvado el país de una posible suspensión de pagos, al menos de momento, pero no se ha conseguido frenar lo irrefrenable. La economía, que ha sido una de las que menos han crecido del área, podría entrar en recesión en 2009. Sus grandes problemas: crecimiento débil y alta inflación, déficit público y deuda externa.

En la sede de Economía, en el centro de Budapest, el ministro Bajnai insiste en que cualquier comparación con Islandia es una pérdida de tiempo. "Hungría está en la UE, tiene menos deuda pública que Islandia, nuestro sistema bancario es estable y tenemos menos problemas de endeudamiento", asegura en una entrevista concedida esta semana a periodistas españoles, invitados por el Gobierno para presentar el programa del Año de Hungría en España, que empieza este mes, para aumentar las relaciones comerciales entre ambos países. "Hungría ha sufrido ataques especulativos que han reducido la confianza del mercado y vamos a garantizar la estabilidad", asegura.

Esos ataques han tenido como objetivo al forinto, la moneda nacional. Desde el anuncio del rescate, la cotización ha mejorado. Aun así, ha perdido un 10% de su valor frente al euro y un 13% frente al franco suizo. Estas caídas se han notado en los bolsillos de los consumidores, acostumbrados a pedir prestado en esas monedas para comprar sus casas y coches. Lo hacen porque los tipos de interés de la zona euro y Suiza son habitualmente más bajos que en Hungría, donde ahora están en el 11,5% desde que el Banco Central los subiera 300 puntos básicos el 22 de octubre para salir en defensa del forinto. En la zona euro, los tipos están en el 3,75%.

El Gobierno ha anunciado medidas para ayudar a los propietarios de hipotecas en moneda extranjera: podrán ampliar el plazo de amortización y podrán ser convertidas a forintos. Mientras, las empresas tienen problemas para pedir prestado dinero en moneda extranjera, y hacerlo en divisa nacional es mucho más caro.

Hungría es el primer país de la UE que recibe dinero del FMI en 32 años, y puede no ser el último. Las economías emergentes del centro y el este de Europa, muy dependientes del exterior para obtener capital e inversiones, se están mostrando muy vulnerables a la peor crisis financiera desde la Gran Depresión de 1929.

Las divisas de Rumania y Polonia se han depreciado fuertemente. Bucarest ha visto esta semana cómo Standard & Poor's rebajaba la deuda externa rumana a nivel basura (el de menor solvencia). Varsovia ha establecido un calendario para asegurar su entrada en el euro en 2012 y librarse de la inestabilidad cambiaria. Los países Bálticos también están en apuros. Las economías del Este, consideradas hasta hace seis meses como el gran potencial de Europa, son ahora una de las grandes preocupaciones. Todas tienen en común elevadas deudas externas y déficit públicos, y gran parte de préstamos en divisas extranjeras. ¿Podrán controlar la situación?

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de noviembre de 2008