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domingo, 2 de noviembre de 2008
Análisis:HEDGE FUNDS | Dinero & inversiones

Pecadores arrepentidos

Cada vez que se produce una crisis financiera se hacen buenos propósitos para evitar la siguiente: y, tal como ocurre en tantos aspectos de la vida, una vez pasado el apuro, no tardan en olvidarse los buenos propósitos. ¿Sucederá ahora lo mismo? Muy probablemente. De hecho, no hace tanto que los buenos propósitos se hicieron por última y penúltima vez: en 2002, con motivo del pinchazo de la burbuja tecnológica, y en 1998, con la crisis de la deuda rusa y la quiebra meteórica de un potentísimo fondo de inversión libre, el Long Term Capital Management, gestionado por un grupo de personas entre las que se encontraban dos ganadores del impropiamente llamado Premio Nobel de Economía (ya que no fue instituido por Alfred Nobel sino por el Banco Central de Suecia). Para más ironía, uno de ellos es considerado uno de los padres de los métodos de valoración de opciones.

Con cada crisis se hacen propósitos para evitar la siguiente. Pronto se olvidan. ¿Parará ahora lo mismo?

Podría decirse del sistema financiero internacional lo que solía decirse en los libros de texto de literatura española a propósito de Lope de Vega, que era "un gran pecador y un gran arrepentido". Sin embargo, entre quienes tienen la misión de que este tipo de crisis no vuelva a producirse prevalece la sensación del ¡ahora o nunca! De ahí que, coincidiendo con la inminencia de las elecciones presidenciales en EE UU, y con la expectativa existente de que los demócratas podrían obtener un número más elevado de representantes, se esté discutiendo mucho en Washington cómo acometer una serie de reformas que permitan mantener un mayor control sobre el sistema financiero.

Y no es que en EE UU carezcan de agencias reguladoras y supervisoras, ya que en este momento se pueden contar hasta siete diferentes que dan empleo a 15.000 funcionarios. La cuestión es que, por una parte, se ha evidenciado su falta de coordinación y, por otra, la legislación se ha revelado claramente insuficiente.

Una de las muchas razones que se exponen para justificar el escepticismo tanto sobre la eventual normativa que pudiera surgir como sobre su aplicación es la inercia. En esto abundaba hace unos días, en su testimonio en el Congreso, el rector de la Universidad de Rochester en Nueva York, Joel Seligman: "Tras el crash de octubre de 1987 un comité presidencial urgió a la Reserva Federal para que asumiera nuevos poderes reguladores en el terreno de las operaciones internacionales de la banca norteamericana, de modo que pareció que, por una vez, el cambio era posible". Pero antes de que pasara un mes, recuerda Seligman, la propuesta era papel mojado, entre otras razones por la falta de apoyo del entonces presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, aunque también por las peleas entre los diferentes organismos que habrían de hacerse cargo de las nuevas competencias. -

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