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"Un insulto en el nombre del arte"

Editores, escritores y artistas sufren, cada vez más, la ira radical islamista en Londres

Al ejecutar la pintura de una mujer ataviada con el velo y sosteniendo a un cerdo sobre el regazo, la artista Sarah Maple, de 23 años, quería "abrazar varias culturas" a partir de su doble condición de británica y musulmana. Para ciertos sectores de la comunidad islámica, este cuadro y la treintena de obras que la joven promesa expone en una galería londinense, plagadas de referencias irreverentes a la religión y el sexo, representan "un insulto en el nombre del arte".

Llueve sobre mojado en la ciudad del Támesis. Aún resuenan en los círculos literarios de Londres los ecos de otra seria amenaza. La que se cierne sobre Martin Rinya. Su residencia en el norte de Londres fue objeto de un ataque incendiario, hace pocas semanas, como represalia por su decisión de editar en el Reino Unido la novela La joya de Medina (debut de la americana Sherry Jones). La obra relata la relación de Mahoma con su esposa más querida.

Para ciertos sectores los cuadros de Sarah Maple son ofensivos

La pintora ha recibido amenazas explícitas contra ella y su familia

No se ha empleado aún el fuego contra la galería donde expone Maple. Aunque el local, en el barrio de Notting Hill, sufría a principios de semana una agresión de los vándalos, que destrozaron la puerta y el escaparate. "Temo por mi seguridad, pero no quiero dejarme intimidar", explicaba ayer Sarah Maple a este diario, apenas tres horas después de recibir un correo electrónico con amenazas explícitas contra su persona y su familia. Incluía imágenes trucadas y "muy desagradables" de la artista que ella elude detallar. Las misivas de tono violento se repiten desde que se inauguró la exposición, el pasado 16 de octubre.

Tanto la galería londinense SaLon como su patrocinada se muestran decididas a cumplir el calendario previsto y a mantener las puertas abiertas al público hasta el próximo 17 de noviembre. Pero Maple admite que no puede "descartar al 100%" que acaben cediendo. Ella comprende perfectamente la posición del editor independiente Martin Rynja,

Tras el ataque, Rynja se mostró resuelto a sacar el polémico libro a la luz a finales de octubre, pero la tremenda presión sufrida a manos de los radicales (vive desde entonces bajo protección policial) acabó convenciéndole para posponer su publicación de forma indefinida. La modesta editorial que dirige, Gibson Square, decidió asimismo cancelar la gira promocional de la autora, a pesar de su disposición a trasladarse a Reino Unido para defender su trabajo por encima de las coacciones.

El miedo, bien comprensible desde un punto de vista humano, ha amilanado al otrora valiente editor de las memorias del ex espía ruso Alexander Litvinenko (Blowing up Russia), antes de que resultara asesinado por envenenamiento en pleno centro de Londres. O de la implacable diatriba contra el actual presidente de Estados Unidos, House of Bush, House of Saud, que pretendía destapar las oscuras conexiones de su familia con el régimen saudí.

Aunque los tres presuntos responsables de la agresión contra la casa de Rynja fueron detenidos de inmediato, las encendidas proclamas del clérigo Anjem Choudhray desde su mezquita del este de la capital, recordando que "la ley musulmana estipula que cualquier ataque contra su honor entraña la pena de muerte", mantuvieron encendida la llama de la intransigencia. Tremendo recordatorio del calvario sufrido por Salman Rushdie, cuya obra Los Versículos Satánicos le merecía una irracional fatua promulgada por el ayatolá Jomeiny en 1989.

No consta que el tenebroso personaje o alguno de sus adláteres haya reclamado la cabeza de Sarah Maple hasta la fecha. Las agresivas intimidaciones recibidas por la joven artista han sido expresadas siempre desde el anonimato. Incluso las poco afines Asociación de Musulmanes Británicos o el Consejo Musulmán dejaban bien clara su condena a cualquier tipo de violencia que coarte la libertad de expresión de la persona. Muy distinto es que reivindicaran, al tiempo, el democrático "derecho a la protesta".

Obras como el propio autorretrato de la artista, el pelo oculto tras el velo y los sugerentes pechos de la modelo Kate Moss sobreimpresos en la imagen, no han sentado nada bien entre aquellos que profesan su misma fe. "Quería proclamar que llevar el yihab no es mejor ni peor. Mi trabajo versa sobre mi identidad dual, como hija de un británico y de una madre musulmana, y el contraste entre ambas culturas acaba confiriéndole un tono refrescante, casi humorístico, sobre la identidad femenina y sus múltiples condicionamientos en nuestros días", justifica la autora. Nunca, insiste, pretendió ofender a su propia religión.

Maple se define simplemente como una joven de la era de la globalización, "una británica musulmana que ha adaptado sin problemas su religión musulmana al entorno occidental, que también es el suyo".

Erigida a su pesar en nuevo objeto de la ira de los musulmanes radicales, se resiste no obstante a responder a sus oponentes con palabras duras ("esas voces son la dramática expresión del temor a la pérdida de una identidad"). Y ni tan siquiera a mostrarse ofendida por las comparaciones maliciosas con la también artista británica Tracy Emin, estrella del BritArt y caracterizada como un personaje que ha labrado su publicidad a costa del afán provocador: "No creo que nuestras propuestas artísticas se parezcan, aunque sí coincidimos en esa vocación provocadora que implica ante todo decir lo que una piensa, de forma no maliciosa pero resuelta".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de octubre de 2008