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Reportaje:

El vino como desafío artístico

Jóvenes enólogos que aman la cepa y buscan lo insólito han renovado la industria vitivinícola. Un sector cada vez más ecológico que se abre a nuevos mercados como China y México

En los últimos años, el vino se ha puesto de moda en el mundo. Nuevos países de cultura ajena a la viña como China, India y Vietnam, o de escaso consumo histórico como México, se incorporan a su consumo, una vez alcanzado el desarrollo económico suficiente. En el mundo globalizado, el buen vino se convierte en seña de identidad de la calidad de vida occidental.

En España, la respuesta ha sido contundente: ya no es un país de segunda en los mercados internacionales; cada vez son mayores los elogios que la crítica especializada dedica a la realidad vitivinícola española. El valor de sus vinos comienza a imponerse en los grandes centros de cotización. Lentamente, se ganan posiciones en los mercados internacionales. Un fenómeno que se ha consolidado en los últimos diez años.

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La busca del vino de calidad llevó al enólogo al viñedo; la más impresionante evolución vitivinícola española del último lustro. Allí cató la uva, conoció el secreto de la cepa y elaboró el mejor vino de la bodega. Mérito de un puñado de jóvenes enólogos enamorados del viñedo, forjadores del vino de terruño, de los tintos de aroma rico en notas afrutadas llevadas al punto óptimo de madurez, contrapunteado por el roble nuevo, los perfumes florales, el embrujo balsámico y el telúrico fondo mineral. Un canto a los taninos dulces, frutosos y perfumados. Son enólogos para quienes el vino es ante todo un desafío artístico, capaces de recorrer toda una región vitivinícola buscando la viña perdida, la vieja y olvidada cepa, la ladera imposible, la tierra soñada, en definitiva.

Una generación de jóvenes enólogos malabaristas, expertos del más difícil todavía, nacidos entre tinas de fermentación y barricas de crianza, que aman el campo, que buscan lo insólito, la expresión oculta de la tierra y la viña que se abraza a ella. Gente como Marcos Eguren (www.eguren.com), muñidor de pequeños grandes vinos en Toro y La Rioja; como Telmo Rodríguez (www.telmorodriguez.com), el paradigma del enólogo explorador, sin más límites geográficos que el rigor conceptual; como René Barbier, padre e hijo (www.renebarbier.es), o Sara Pérez (Bodega Venus La Universal), hada madrina que convierte la uva que toca en oro rojo de emocionante sensualidad.

La lista es larga. Miguel Ángel de Gregorio (www.finca-allende.com ), desvelador de riojas escondidos; Álvaro Palacios (bodega Álvaro Palacios), cabeza de una saga de arrebatado espíritu comercial; José María Vicente (www.casacastillo.com), sobrio, directo, prefiloxérico; Benjamín Romero (bodegas Benjamín Romero), incansable buceador de la elegancia esquiva; Fernando Chivite (www.bodegaschivite.com), soñador de paisajes nuevos; Bertrand Sourdais (bodega Dominio de Atatua), francés enamorado de la vieja Castilla; Peter Sisseck (www.haciendamonasterio.com), un danés en la corte del tinto fino; Francesc Grimalt (bodega 4 Kilos Vinícola), capaz de hacer maravillas con la callet, uva autóctona de Mallorca; Pedro Aibar (www.vinasdelvero.es), gran "ensamblador" y compositor de fino olfato junto al refinado Jesús Artajona en Somontano (www.enate.es); Ramón Castaño (www.bodegascastano.com), en irresistible ascenso hacia la cima de la enología española; Tomás Cusiné (www.tomascusine.com), o la fascinación por el vino de raza; Ignacio de Miguel (www.dehesadelcarrizal.com), afortunado enólogo de fortuna...

Una lista única

Un fenómeno que se extiende por El Bierzo, la Ribera Sacra, la Ribera del Duero, Aragón, Cataluña o Castilla-La Mancha. Ellos han sabido dejar que tierra, clima y viña se reflejen en el vino sin romper ninguno de los eslabones de la cadena, la única forma de conseguir vinos personales, únicos, irrepetibles. Creadores de vinos magistrales, como Contador, La Nieta, Mogador, Pingus, L'Ermita, El Nido, Aquilón, Dominio de Atatua, Enate Uno, 4 Kilos, Cérvoles, Calvario, Dido, Pie Franco, Mira Salinas, Chivite Colección 125, Molino Real... que representan la máxima expresión de la enología española.

Otra de las innovaciones, con un lustro a sus espaldas y resultados cada vez mejores, es la incorporación de la filosofía ecologista y biodinámica. La reconciliación de la cepa con la naturaleza. Adiós a los tratamientos químicos, a los abonos artificiales, a los pesticidas indiscriminados; bienvenidos los insectos que destruyen las plagas, la materia orgánica que nutre sin abrasar, la viña sana. En España, los primeros intentos se realizaron en los ochenta. Luego vino el militante Josep María Albet i Noya, viticultor del Penedés, para quien el cultivo biológico es una apuesta por un mundo más armonioso y feliz. Con él y tras él ha surgido una pléyade de jóvenes viticultores y bodegueros cuyo amor por la naturaleza les ha llevado a desarrollar una viticultura que abomina de la química. La limpieza y el mimo del cultivo se corresponden con pulcras elaboraciones que permiten obtener aromas fuera de lo común: flores, frutos y especias son la marca de la casa. La misma Arcadia ha llegado hasta tierras de gran tradición como La Rioja, Ribera del Duero, La Mancha, Canarias o Extremadura. Ninguno olvida que durante siglos la viticultura ha sido necesariamente ecológica.

Consulta el Especial Rutas del Vino de EL VIAJERO

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de octubre de 2008