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domingo, 21 de septiembre de 2008

El reverso de la postal de Valencia

Calles inacabadas y unidades urbanísticas por ejecutar salpican la ciudad

La imagen de Valencia se pasea por televisiones y revistas de la mano de la Ciutat de les Arts i les Ciències, de la dársena portuaria de la Copa del América y la Fórmula 1, y de valiosos monumentos en su centro histórico. Pero detrás de la ciudad de postal queda oculta otra Valencia, ajena a los grandes proyectos que han transformado el paisaje urbano. Tapones urbanísticos que dejan calles inacabadas, edificios fuera de alineación o unidades de desarrollo paradas que degeneran en solares llenos de basura salpican la ciudad.

La calle de Salavert, en Patraix, cortada por un edificio, tiene un paso de peatones

Son entornos urbanos para los que el plan general urbano de 1988 dibujó posibles soluciones, que debían desarrollarse mediante unidades de ejecución urbanísticas y planes de reforma interior. En decenas de casos se han quedado por el camino, incluso con agente urbanizador adjudicado. El grupo municipal socialista calcula que unos 70 "puntos negros" se reparten por la ciudad, y en muchos casos han impedido la construcción de dotaciones públicas necesarias en los barrios.

Un ejemplo de despropósito urbanístico que roza el esperpento es el llamado "agujero de la vergüenza", como lo han bautizado los vecinos del barrio de Orriols. Un tapón de ladrillos y cemento que impide abrir la calle de Agustín Lara hasta la avenida de la Constitución. Los vecinos se topan a mitad de camino con una pared, y para evitar un largo rodeo, pasan por la calle de Baeza. Y lo hacen a través de un agujero en las tapias que cierran el paso entre esas dos vías. Abierto hace decenas de años, los vecinos se cuelan con toda naturalidad por este boquete.

"Rita Barberá ha venido a verlo, pero creo que antes de 2010 no lo abrirán", se queja Manolo Cuenca, de 65 años. El "agujero de la vergüenza" se ha convertido en la vía habitual de conexión entre las dos calles, "y eso es indecente", comenta otra vecina.

La empresa municipal Aumsa realizó un estudio de viabilidad que concluyó que la operación, que implica indemnizaciones altas y el realojo de un restaurante para arreglar la manzana, era económicamente inviable. Precisamente porque el capital privado huye de complicaciones, "debe intervenir la Administración pública", afirma Vicente González Móstoles, que presentó una moción en ese sentido al pleno en 2007.

El avance del nuevo plan general reconoce que hay entornos urbanos como el de Orriols que necesitan una cirugía regenerativa y prevé la creación de unidades de ejecución que reordenen esos espacios y eliminen tapones y edificios fuera de alineación. La Concejalía de Urbanismo estima que el plan general actual deja en herencia entre 40 y 50 casos, entre ellos algunos "en los que no salen los números". Por ello pretende introducir cambios que faciliten su viabilidad económica. Los socialistas han pedido en sus primeras alegaciones al nuevo plan que se elimine la referencia a la viabilidad económica y se respete la edificabilidad y ordenación prevista, ya que rechazan que los suelos dotacionales que no han prosperado se entreguen para colegios u otros equipamientos privados en vez de públicos con tal de que salgan las cuentas.

El PP baraja también recalificar dotaciones a suelo residencial para vivienda protegida en algunos casos. El gobierno local defiende, además, que ha invertido en el mandato pasado más de 11 millones de euros para despejar 18 tapones urbanísticos.Una de las unidades de ejecución que no ha salido adelante se encuentra en el corazón del centro histórico de Patraix. El programa de actuación urbanística (PAI) fue adjudicado en 2002 a una empresa de Juan Soler, ex presidente del Valencia CF, para construir casas bajas. Aún no se ha hecho nada, a pesar de que la urbanizadora fue multada por el Ayuntamiento en 2006 por dejar el PAI empantanado. El retraso impide prolongar la calle de Salavert porque hay un antiguo edificio en medio, en la esquina con Marqués de Elche. Sólo hay paso para peatones de un lado al otro. "A mí me encanta que esté así porque no hay tráfico", comenta José Ramón Berrozpe, vecino de la calle cortada. Su madre, Josefina Lozano, discrepa: "A mí me gustaría que se abriera la calle".

Hay más PAI abandonados o que no han llegado siquiera a ese punto, como un conjunto de solares en Marxalenes, junto a Economista Gay. Tapizado de hierbajos y restos ruinosos, languidecen a la espera de las dotaciones públicas que previó el plan general. La zona se ha desarrollado por parcelas alrededor, pero no se ha creado una unidad de ejecución mayor que permitiera la construcción de los equipamientos como carga urbanística. En Velluters, a pocos pasos del Mercado Central, la calle de Beata se topa con los restos de un edificio y un gran muro que apenas permite girar hacia Vinatea. Las calles adyacentes, con un plan de reforma interior aprobado en 1992, parecen un barrio bombardeado. Hace años que Aumsa recibió el encargo de redactar un PAI que adecente la zona.

La degradación es también patente en el solar de la antigua fábrica Bombas Gens, entre la calle de Reus y la avenida de Burjassot. Es un "auténtico vertedero", como denunció hace meses el concejal socialista Juan Soto, que propuso una declaración de Bien de Relevancia Local para el edificio industrial. La fachada está protegida y el Ayuntamiento aprobó un PAI para viviendas, un hotel y un supermercado, "pero el constructor desistió", apuntan fuentes municipales. Ahora lo ocupan familias sin medios. En la calle de Sagunto, conviene girar despacio hacia Lérida por un edificio mal alienado que mantiene abierta una cuña que da cobijo a basuras y trastos abandonados. El inmueble fuera de ordenación es otro ejemplo de insalubridad y degradación. Tampoco se espera el visitante que la estrecha ronda de la parte trasera del Museo de Bellas Artes acabe en un tramo de calle por asfaltar que debería prolongarse para enlazar con Genaro Lahuerta.

El grupo municipal ha presentado mociones para que se actúe en estos y otros casos a lo largo de varios mandatos. En la próxima comisión de urbanismo, González Móstoles pedirá de nuevo una solución a otra estampa urbana insólita, la de un edificio de viviendas en la plaza de Antonio Cortís, junto a la avenida de Ausiàs March, donde los vecinos del primer piso pueden extender la mano por la ventana y tocar una vieja casa que debió derribarse hace tiempo. Forma parte de otra unidad urbanística paralizada. Adjudicada en 2004, la empresa renunció a construir las viviendas y el jardín previstos. No se vislumbra una solución a corto plazo, como en muchos otros casos. El PP fía la solución al nuevo plan general.

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"Agujero de la vergüenza" del Barrio de Orriols por el que los vecinos se comunican entre dos calles separadas por un muro. / mònica torres Tapón en la calle Salavert del barrio de Patraix. / MÒNICA TORRES

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