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Esperpéntica "Citizenship"

La Ciudadanía "destraducida" al inglés se estrena con caos en las aulas valencianas

"Did you understand?". Eso fue lo único que entendieron ayer los alumnos tras una pequeña explicación en un instituto de Castellón. En otro de Alicante, cuando les hablaron en inglés de los derechos humanos respondieron: "No nos hemos enterado de nada". Así fue el estreno de Educación para la Ciudadanía en dos clases de las que EL PAÍS pudo ser testigo.

La traducción es "impracticable, poco efectiva, caótica y ridícula"

Dos profesores explican a sus alumnos por qué se niegan a dar la clase

Como manda la Generalitat valenciana, dos profesores entran a primera hora de la mañana en una de las aulas de 2º curso de ESO en un instituto de la provincia de Castellón. Su propósito es explicar a los alumnos por qué se niegan a impartir lo que el Gobierno autonómico del popular Francisco Camps denomina Education for Citizenship and Human Rights.

Uno de los profesores, el de Filosofía, da la clase habitualmente en valenciano. El otro, de inglés, según manda la Generalitat, ha de "vehicular la impartición de la materia". Es decir, ha de traducirla. O, como dicen los profesores, "destraducirla" porque lo que entienden los alumnos es el valenciano y el castellano. La amenaza de inspecciones, expedientes y sanciones ha provocado que, aunque personalmente los profesores se manifiestan abiertamente, los centros no quieran significarse.

En las paredes del aula cuelgan trabajos, realizados el curso pasado, que dicen: "La ley es igual para todos" y "Todos nuestros derechos tienen que ser reconocidos". "¿Habéis oído hablar de la situación de esta asignatura?", preguntan los profesores. Algunos alumnos hacen muecas, como dando a entender que algo saben, pero ninguno se pronuncia. Y los maestros explican las órdenes de la Consejería de Educación. "Uno tiene que dar las clases y el otro traducir", concluyen. Apenas hay reacción. Entonces, los profesores alegan que su deber es estar en el aula, y así lo cumplen, y que pretenden con su protesta que se rectifique el asunto para que realmente puedan sacar beneficio de la asignatura, que la aprovechen.

De repente, sin avisar, el profesor de inglés traduce esta explicación. Hombros levantados, ojos abiertos, bocas arqueadas. Acaba su intervención con un "Did you understand?". ¡Eso, sí!, el "¿habéis entendido?" es lo único que han captado de sus frases. Con el ejemplo más palpable de que las nociones de inglés de un niño de 2º de ESO no alcanzan los niveles de comprensión oral y escrita adecuados para el aprovechamiento de la asignatura, los profesores hablan de la protesta.

"No queremos incumplir la norma porque sí", explican, y exponen otro ejemplo para que los alumnos reconozcan la importancia de los inconformismos a lo largo de la historia. "Las mujeres no tenían los mismos derechos que los hombres y no podían estudiar. Si no hubieran protestado por ello, os tendríais que disfrazar de chicos o estar en casa fregando. Hay que protestar cuando creemos que se nos impone algo que es una pérdida de tiempo y un desatino", relata uno de los docentes.

Al acabar, y de manera muy prudente, una niña pregunta. "Pero, entonces, nuestros padres ¿pueden protestar?". "Claro que pueden protestar", le contestan los profesores y recomiendan que lo hagan a través de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos. "Pues iremos a España directo", añade la niña como solución a una polémica que parece entender. Como no hay dudas ni preguntas, los alumnos reciben un escrito de los profesores para sus padres. Así acaba la clase de Educación para la Ciudadanía "en inglés".

En el otro extremo de la geografía valenciana, a las 10.15, los alumnos de la clase de 2º A de ESO en el instituto Las Lomas de Juan XXIII, en Alicante, se disponen a recibir la primera clase de Educación para la Ciudadanía. Entran dos profesores, uno de filosofía y la de inglés para hacer la presentación. "Íbamos a darla en inglés, pero como es muy complicado, primero lo explicaremos en castellano y luego haremos ejercicios o actividades en inglés", avanza Montse, la profesora encargada de la parte lingüística de la asignatura. Su compañero, Vicente, el profesor de Filosofía, resume sucintamente el temario.

A la mayoría les inquieta. "El inglés es superdifícil, si ya tenemos una asignatura ¿para qué más?", se pregunta en voz alta un alumno que se sienta en primera fila. "¿Qué sabéis de esta asignatura?", pregunta la profesora. "Nada, je je", responden los alumnos. Como la mayoría de los centros docentes valencianos, el instituto Las Lomas busca una fórmula que eluda el galimatías creado desde el poder. Así que dividirá la clase en dos grupos y una semana un grupo recibirá clases teóricas en castellano y a la siguiente habrá actividades en inglés.

La traducción simultánea es "impracticable, poco efectiva, caótica y ridícula", dicen los docentes. De hecho una sencilla frase en inglés de la profesora sobre derechos humanos en la Unión Europea provoca las risas de los alumnos, que se quejan: "No nos hemos enterado de nada".

* Este articulo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de septiembre de 2008