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Los huracanes amenazan las reformas tras arrasar la economía cubana

Los daños ascienden a casi 3.000 millones y la isla pierde el 50% de las cosechas

"Va a ser muy difícil remontar esto. Es demasiado", dice un vecino de Malecón 161, uno de los edificios que se derrumbó el martes en La Habana tras el paso del huracán Ike. Pedro Pablo González, empleado de la corporación estatal Cimex, murió allí al caerle encima parte de la construcción de principios del siglo XX que, debido al abandono, se encontraba en pésimo estado desde hace años.

Las 30.000 casas que han sido destruidas agravan el déficit crónico de vivienda

Pedro Pablo fue la quinta víctima de Ike en un país que ha quedado arrasado. En menos de dos semanas, este ciclón y el Gustav han causado estragos en 340.000 viviendas, un 10% del fondo habitacional de Cuba. Más de 30.000 casas han sido destruidas totalmente y se han perdido cerca del 50% de las cosechas.

El desastre es de una magnitud sin precedentes. Las 14 provincias del país y el municipio especial de la Isla de la Juventud han sufrido severos daños en sus infraestructuras. Pero lo de la vivienda es sangrante, pues llueve sobre mojado: el déficit acumulado ronda el millón de casas, y el plan anual del Gobierno contempla la construcción de 50.000.

Sólo en Holguín, provincia con un millón de habitantes, 90.000 de sus 324.000 viviendas sufrieron daños severos. En Pinar del Río el drama es mayor: casi el 60% de sus 224.000 casas han sido afectadas o destruidas.

Ike finalmente perdonó a la capital, pero debido a las intensas lluvias y al mal estado de sus viviendas se han producido ya un centenar de derrumbes totales o parciales, entre ellos el de Malecón 161. Según datos oficiales, de las 670.000 viviendas de la capital unas 180.000 se encuentran en estado regular o malo y miles en una categoría definida como estática milagrosa.

Lo de la vivienda es solamente uno de los agujeros negros. Los daños en la infraestructura eléctrica son inmensos: cientos de postes y torres de alta tensión están en el suelo y se han perdido líneas de transmisión, transformadores y todo lo que el viento arrambló.

Gustav derribó unas 3.000 casas de secado de tabaco, uno de los principales renglones de exportación de la isla. El sector azucarero también fue sacudido, con miles de hectáreas de caña perdidas y muchas fábricas afectadas. La producción de níquel se ha detenido temporalmente y también se ha visto afectada la infraestructura turística aunque, en principio, no de forma severa.

Los daños pueden ascender a 2.870 millones de euros, según la ONU. Demasiado, si se tiene en cuenta que es aproximadamente un tercio de los ingresos totales en divisas de Cuba el año pasado. "La situación económica ya era muy tensa antes, ahora imagínese", aseguró ayer un economista. El Gobierno está utilizando las reservas estratégicas para socorrer a los damnificados, pero hace falta ayuda cuanto antes. Según diplomáticos, los planes de reforma de Raúl Castro se verán comprometidos. Algunos piensan que se ha creado una nueva situación política: "Las tensiones se agravarán y el desastre incidirá en el calado y el ritmo de los incipientes cambios económicos, para bien o para mal", opina un analista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 12 de septiembre de 2008