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viernes, 22 de agosto de 2008
Necrológica:

Bernard McKenna, brigadista británico que luchó en la Guerra Civil

Bernard McKenna fue uno de los supervivientes del batallón británico de las Brigadas Internacionales que combatieron contra las fuerzas franquistas durante la Guerra Civil española. A raíz de su muerte, el pasado 31 de julio a los 92 años, se extingue el último testimonio vivo de entre los brigadistas oriundos de la región de Manchester que se sumaron a esa causa.

Su última comparecencia pública se produjo hace dos años, en un acto celebrado en su ciudad natal para rendir homenaje a los voluntarios británicos e irlandeses que lucharon por la libertad y contra el fascismo.

"Mi padre sentía que su experiencia en España había sido el episodio más importante de su vida", ha escrito uno de sus cinco hijos, Neil, en un sentido recuerdo publicado por el diario The Guardian.

Desde que Franco encabezara el golpe de Estado, McKenna se volcó en la recaudación de fondos para sufragar el envío de alimentos y material médico al bando republicano. En febrero de 1937, y sin comunicárselo a su familia, compró un billete con destino a París, donde se puso en contacto con la oficina de reclutamiento de las Brigadas Internacionales.

Resultó herido en julio, en el primer día de la batalla de Brunete, pero, tras recuperarse, participó en los combates del frente de Aragón, siendo alcanzado por la metralla de una bomba. Logró superar las graves lesiones y de nuevo regresó a primera línea. En la primavera de 1938, los nacionales lo capturaron, lo encerraron en el campo de prisioneros de San Pedro (Burgos) y lo condenaron al fusilamiento.

Estaba convencido de que le iban a matar ("fue el peor momento de mi vida", confesó después), pero tuvo la suerte de ser seleccionado para un canje de prisioneros, enviado a una cárcel en Italia y liberado en octubre de aquel año. Siempre guardó la factura de cuatro libras que expendió el Foreign Office por su repatriación, y que nunca llegó a pagar.

A los dos días del estallido de la II Guerra Mundial, se enroló en la RAF para cobrarse, dijo, la revancha ante el fascismo. Permaneció seis años y medio en la fuerza aérea británica, que lo desplegó en el norte de África, Oriente Medio e Italia. Tras abandonar las armas, ejerció de profesor especializado en alumnos desaventajados.

Su sensibilidad social nació de una infancia de precariedades en el seno de una familia angloirlandesa de Manchester, séptimo hijo de un parado y una empleada de la limpieza, y el único que logró sobrevivir. A los 14 años, dejaba la escuela para empezar a trabajar en una fábrica textil, inicio de un despertar político que le llevó a adherirse a la Liga de Jóvenes Comunistas y, a la postre, a combatir en un país ajeno por lo que creía que era justo.

Jubilado desde finales de los setenta, no abandonó sin embargo el combate político y, según ha explicado su hijo Neil, nunca dejó de jactarse de haber podido "sobrevivir al jodido Franco".

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