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jueves, 21 de agosto de 2008

Alemania podrá vetar la entrada de fondos extranjeros en sus empresas

Sectores empresariales critican la medida, que califican de proteccionista

Una reforma de la Ley de Comercio Exterior blindará a las empresas alemanas de inversores indeseados. El Gobierno, que decidió ayer el cambio legal, podrá evitar que fondos de inversión "extracomunitarios" se hagan con más del 25% de una compañía. La enmienda ampliará las posibles trabas contra la adquisición de cualquier gran empresa por parte de extranjeros. Podrá aplicarse para excluir a fondos o empresas con sede en países ajenos a la Unión Europea y a la Asociación Europea de Libre Comercio (Liechtenstein, Suiza, Noruega e Islandia).

La reforma, que se espera que entre en vigor a comienzos de 2009, no limitará el veto, por tanto, sólo a los millonarios fondos soberanos de Gobiernos con dudosa vocación democrática. Tampoco resguardará sólo a las industrias clave para la seguridad (armamento) o las infraestructuras.

Una vez aprobada, la nueva norma se aplicará a instancias del Ministerio Federal de Economía, que contará con tres meses para solicitar información sobre las adquisiciones extraeuropeas que superen el 25% de empresas alemanas. El Ministerio comprobará si suponen una amenaza para "el orden público o la seguridad" del país, en cuyo caso pedirá la autorización del Gobierno para anular la compra o imponer condiciones en un plazo máximo de dos meses.

La imprecisión de los términos empleados en la enmienda sobre qué inversión y por parte de quién podría trastornar "el orden público o la seguridad" de Alemania, así como la maquinaria burocrática necesaria para aplicar una ley "proteccionista", provocaron ayer numerosas críticas del sector empresarial.

La secretaria general de la Cámara de Comercio Internacional (ICC), Angelica Pohlenz, se apresuró a advertir sobre las consecuencias negativas de la medida en la imagen de Alemania como potencia exportadora. En la Federación de la Industria Alemana (BDI) argumentaban con "los más de dos millones de puestos de trabajo alemanes" que están en manos de empresas de fuera de la UE.

"Necesitamos a los extranjeros", explicó su presidente, Jürgen Thumann. Críticas duras, sobre todo comparadas con el silencio o incluso el apoyo de hace un año a la propuesta.

Con las turbulencias económicas, la intervención de los multimillonarios fondos estatales de Rusia, de China o de algún país petrolero como Abu Dabi, ha sido la salvación para más de una gran compañía europea.

El ministro federal de Economía, el socialcristiano Michael Glos (CSU), trató ayer de atajar las acusaciones de intervencionismo. Aseguró que la nueva normativa se usará sólo en "casos extremadamente excepcionales" y su efecto será así "enormemente limitado". La ley no impedirá, dice, que Alemania "continúe abierta a las inversiones extranjeras".

El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, y la canciller, Angela Merkel. / AP

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