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Reportaje:REPORTAJE

Guantánamo, banda sonora original

Sesiones de entre 14 y 27 horas, dos veces a la semana, escuchando 'Born in the USA' o los 'hits' de Britney Spears a todo trapo. Es parte de las torturas que sufren los presos en la cárcel de Guantánamo. ¿Qué opinan los artistas de este infame 'top ten'?

"Está en las Sagradas Escrituras: Josué utilizó el ruido de sus trompetas para introducir el miedo en el corazón de los habitantes de Jericó". El teniente coronel Dan Kuehl, retirado del servicio activo y especialista en operaciones especiales psicológicas (psyops, en jerga militar), respondía así al rotativo The St. Petersburg Times cuando uno de sus periodistas le preguntó por los protocolos del ejército estadounidense en Guantánamo, que incluyen el uso de la música como instrumento de tortura.

Así lo explicaba Clive Stafford Smith en un reciente artículo en The Guardian (complementado con otro que puede leerse en la página web New Statement), donde este periodista y conocido colaborador de la ONG contra la tortura Reprieve relataba su 21ª visita a la bahía de Guantánamo, el enclave elegido por la inteligencia americana para instalar a muchos de sus más distinguidos prisioneros de guerra tanto en Irak como en Afganistán.

Stafford, como Justine Sharrock y los impulsores de la web Mother Jones.com, había tenido acceso a una lista de canciones que los carceleros de la base utilizaban para atormentar a sus prisioneros. Algunas, más o menos obvias 'para un carcelero' como Born in the USA, de Bruce Springsteen, y otras, menos, como Dirt, de Christina Aguilera. Estos particulares disc jockeys poseen su top ten de la tortura, en el que incluyen canciones de Britney Spears, Magic Numbers, Rage Against the Machine, Metallica, David Gray, el clásico infantil Dinosaurio Barney o Nancy Sinatra.

El procedimiento es sencillo: se obliga al prisionero a adoptar la denominada 'posición de estrés', en la que no se pueden mover los brazos ni las piernas. Después se le encadena al suelo de un pequeño habitáculo y se sube el aire acondicionado hasta el nivel de congelación. Acto seguido, se pincha la canción y se sube el volumen al máximo. Como cuenta el escritor Dan Fesperman en su último libro, El prisionero de Guantánamo, sólo es necesario un altavoz. "Cuando se trata de Guantánamo, ¿a quien le importa que el sonido sea estéreo?", reflexiona Fesperman en boca de uno de sus personajes.

David Peisner relataba en uno de los primeros artículos sobre La Disco (nombre en código del módulo que los interrogadores utilizan para aplicar estos métodos), publicado en la revista Spin en diciembre de 2006: "Las sesiones podían durar entre 14 y 27 horas, dos o tres veces por semana". El psiquiatra y ex brigada del ejército estadounidense Stephen Xenakis, una de las voces más relevantes contra este tipo de tortura, advierte al respecto: "Los daños psicológicos son incalculables. Se conduce al cerebro al mismo nivel de ansiedad que puede causar el síndrome de estrés postraumático".

En esta ocasión, ni siquiera se puede especular con el desconocimiento de las autoridades sobre lo que está sucediendo en la isla. Tanto Donald Rumsfeld, ex secretario de Defensa del Gobierno de Estados Unidos con Gerald Ford y George W. Bush, como el teniente general Ricardo Sánchez ratificaron en abril y septiembre de 2003, respectivamente, el uso de estas técnicas "para obtener información que pudiera conducir a la mejora de la seguridad nacional".

Poco importa que el Tribunal Europeo para los Derechos Humanos condenase en 1978 este tipo de prácticas, empleadas por los servicios secretos británicos a principios de la década de los setenta contra prisioneros relacionados con el Ejército Republicano Irlandés (IRA). O que, en 1997, el Comité contra la Tortura de las Naciones Unidas lo considerara "inaceptable". Hasta el Tribunal Supremo israelí llegó a reprobar en 1999 el uso de este tipo de interrogatorios.

Pero ni tan siquiera los medios de comunicación estadounidenses desempeñaron el mejor de los papeles cuando se produjeron las primeras filtraciones sobre el perverso uso de algunas canciones en Guantánamo: "¿Cuál es tu interrocanción preferida?", se preguntaba a los lectores en la web del Chicago Tribune en 2005. "Por fin alguien más tiene que sufrir a Britney Spears", llegó a decir la revista Time. "Música tranquila para la yihad", afirmó The New York Sun. Nadie parecía demasiado preocupado por la suerte de "los combatientes enemigos", imbuidos como estaban en la inacabable "guerra contra el terror".

Lo cierto es que la CIA ha aplicado el tratamiento musical a discreción desde 1963. Desde principios de los cincuenta hasta 1962, la agencia gubernamental utilizaba la tortura en sus formas más elementales, pero algunos analistas empezaron a cuestionar la fiabilidad de la información obtenida con estos métodos. Al parecer, los prisioneros estaban dispuestos a decir cualquier cosa con tal de evitar el dolor. En 1962 empezaron a desarrollarse los denominados no-touch methods. El prisionero era sometido, entre otras lindezas, a la privación de sueño y a un aislamiento sensorial. El uso de la música (más bien deberíamos decir del sonido) como arma fue aprobado con el denominado Kubark Counterintelligence Interrogation, un protocolo que se difundió rápidamente por Asia y Latinoamérica, como denunció en su momento Amnistía Internacional.

La última ocasión en que la disco-inferno, como algunos tabloides ingleses han llamado a esta peculiar técnica de interrogatorio, se convirtió en noticia fue el 28 de febrero de 1993, cuando la ATF, una agencia federal estadounidense, decidió someter a los miembros de una secta en Waco (Tejas) a varios días de música a todo volumen con el objetivo de hacerles salir sin resistencia del rancho que ocupaban. Se trataba de un procedimiento que ya se había puesto a prueba en 1989 con Manuel Noriega durante la invasión de Panamá, pero la táctica musical en esta ocasión no fue demasiado efectiva: el asalto al templo de los davidianos de David Koresh culminó con la muerte de más de 90 personas, entre personal de la ATF y miembros de la secta.

En un magnífico artículo en la página web thenation.com, Moustafa Bayoumi contrasta además el hecho de lanzar canciones a un volumen infernal contra personas cuya radical visión de la religión no tolera ningún tipo de música y la indiferencia que despierta entre los propios culpables: las bandas y solistas que ven sus canciones utilizadas en Guantánamo. "Hablamos mucho de las descargas ilegales y de la piratería, pero no veo a nadie hablando de esto", se queja Bayoumi.

Aun así, parece que algo se mueve: el compositor británico David Gray acaba de afirmar que le parece "intolerable" que utilicen su canción Babylon para fines tan "degradantes", y anima a todos los artistas que aparecen en la lista a tomar medidas. Lo mismo han decidido bandas como Massive Attack, Magic Numbers o Rage Against the Machine. Tom Morello, guitarrista de estos últimos, ha manifestado un "absoluto disgusto" por el hecho de que se hayan utilizado "canciones de nuestra banda para cosas tan indignas como la tortura".

Sin embargo, no todos piensan que la cosa sea para tanto. El mejor ejemplo al respecto se encuentra en las declaraciones de James Hetfield, líder de Metallica, al diario británico The Guardian: "¿Tortura? Nosotros hemos estado torturando con nuestra música durante años a nuestros padres, a nuestras esposas, a nuestros amigos, a la gente que queremos? ¿Por qué tendrían los iraquíes que ser diferentes?", afirmaba Hetfield al periódico inglés. Lo mismo opina Steve Asheim, el batería de la banda de death-metal Deicide, cuya canción Fuck your God (Que se joda tu Dios) es todo un hit en Guantánamo: "Esos tíos no son un grupo de niños asustados. Son guerreros. Esperan que les quemen vivos, que les destrocen con bates de béisbol. Si yo estuviera en Guantánamo y lo único que hicieran fuera ponerme música alta, yo pensaría: ¿es esto todo lo que podéis hacer? ¡Anda ya!".

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de agosto de 2008