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Crítica:LIBROS | Escaparate

El peso de la guerra

Ensayo. Paloma Aguilar publicó en 1996 Memoria y olvido de la Guerra Civil española. El libro se constituyó muy pronto en un clásico sobre la literatura en torno a nuestra transición. Emprende ahora la autora la empresa de reescribirlo, lo que ha dado origen en mayor proporción a un nuevo libro que a una segunda edición. Han pasado en estos 12 últimos años demasiadas cosas para que las cosas pudieran ser de otra manera. Una razón que ayudó al éxito de la primera versión de esta obra fue su carácter innovador dentro de la ya densa bibliografía sobre el proceso de transición española. Hoy, el tema de la memoria de la Guerra Civil y el régimen de Franco forma parte del debate académico e intelectual español. No es solamente que se haya enriquecido la literatura sobre la cuestión. Es que se ha modificado el estatus del problema.

Políticas de la memoria y memorias de la política

Paloma Aguilar

Alianza. Madrid, 2008

583 páginas. 24 euros

El primer capítulo resulta un nuevo texto en el que se abordan las diferentes concepciones teóricas de la memoria colectiva, social e histórica, del aprendizaje y el olvido, así como una crónica pormenorizada del debate español sobre la cuestión en los últimos años. El grueso de la investigación, la vigencia de la memoria de la Guerra Civil en la dictadura y la transición, ha sido objeto de una reescritura que enriquece notablemente lo planteado en 1996. Al mismo tiempo, se da entrada a una perspectiva comparada con los casos argentino y chileno y a un análisis de las medidas de justicia a lo largo de la transición, para concluir con un epílogo en torno a las obligaciones del Estado español en la reparación de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura.

El éxito del estudio de Paloma Aguilar en 1996 estuvo ligado a la empresa de poner de manifiesto el peso de la Guerra Civil en la evolución del régimen de Franco y el proceso de transición. Sin duda ninguna, la dictadura evolucionó en su modo de interpretar el recuerdo de la guerra 1936-1939 dentro de la permanencia de su visión de la misma como instancia legitimadora del origen del régimen. A partir de los años sesenta, sin embargo, una nueva legitimidad de ejercicio fue relegando el papel todopoderoso de la justificación del alzamiento de julio de 1936 y de la cruzada posterior como justificación de la dictadura. Los cambios sociales y económicos que emprende España a partir de esa fecha aconsejarán a los dirigentes más perspicaces de la dictadura el ensayo de una justificación de gusto tecnocrático del franquismo que irá aconsejando el relativo olvido del momento fundacional.

El inicio de la transición democrática acentuará esta tendencia al olvido. La sociedad española impuso en esta coyuntura un programa reformista en nuestra vida política. Se ha dicho, con razón, que en muy pocas etapas de nuestra reciente vida política se ha gobernado con tanta atención a las manifestaciones de la opinión pública. Este proyecto reformista forzó un programa de olvido para la Guerra Civil, en que el objetivo básico era hacer imposible las bases para su repetición en el momento de arranque de la democracia española.

Los actores políticos comprendieron bien la lección que imponía la sociedad española. Ayudó a ello el mejor conocimiento de la coyuntura que dio origen a la Guerra Civil y, en general, una mejor información en torno a una II República convertida, hasta poco antes de la transición, en campo de movilización política mejor que objeto de reflexión. Se impuso una visión de los años treinta como los de una difícil coyuntura política gestionada por unas élites que sin duda no estuvieron a la altura que demandaban los acontecimientos. Con la relativa excepción de las fuerzas políticas nacionalistas, tanto la izquierda española (PSOE y PCE) como el centro-derecha (UCD y AP) estuvieron de acuerdo en dirigir la vida política del país de conformidad con unos mandatos sociales que imponían el olvido, el consenso y el diálogo en la restauración-instauración de la democracia en España.

Lo que ha venido después, es otra cuestión. Asentado el Gobierno democrático entre los españoles, ha sido inevitable una mirada más directa al trágico pasado español. Desde luego, como ha subrayado Santos Juliá en diversas ocasiones, no hubo una amnesia en relación con la Guerra Civil. Ahí están las bibliotecas para ponerlo de manifiesto. Sí hubo una decisión de "echar al olvido" unos años trágicos que, desde la década de los noventa, son vistos con una nueva mirada, interesada en proyectar la justicia y el reconocimiento a todas las víctimas del traumático siglo XX español.

El activo fundamental de este libro es el esfuerzo metodológico e informativo por recoger todas las perspectivas implicadas en el estudio de la cuestión. Se trata así de un estudio politológico, histórico, sociológico y periodístico en torno a las políticas de la memoria y las memorias de la política. A través de un impresionante despliegue de investigación social, Paloma Aguilar ha conseguido ofrecer este balance sobre un asunto clave de nuestra reciente vida política. -

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de agosto de 2008

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