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sábado, 19 de julio de 2008
Reportaje:

Durmiendo en un árbol o bajo las olas

El lujo hotelero ya no es lo principal para clientes que buscan nuevas sensaciones y un recuerdo imborrable

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Al dejar su equipaje en recepción, la pareja descubre encantada que las maletas suben solas hasta la habitación, se desempacan por sí mismas y su contenido es guardado ordenadamente en los cajones. Ya en la suite descubren que el mobiliario les obedece, desplazándose hasta donde ellos aguardan sentados. Los cepillos les cardan el pelo, y los trapos sacan lustre a sus zapatos sin que ellos muevan un solo dedo. En 1908, el cineasta turolense Segundo de Chomón, apasionado seguidor de las enseñanzas de Georges Mèlies, concibió mediante la técnica del stop motion esta película muda titulada El hotel eléctrico (1908), gracias a la cual el público pudo fantasear con la idea de un hospedaje donde todo estaba automatizado. Un hotel de fantasía, un edificio viviente capaz de convertir un viaje en una experiencia singular e inolvidable. "Cada vez más viajeros buscan un lugar especial donde hospedarse. Antes se pensaba en el lujo como en el elemento diferencial de un hotel: cuanta más pompa y sofisticación, mejor. Pero ahora la gente empieza a valorar más un sitio que les brinde un buen recuerdo, una experiencia imborrable que se disfrute compartiendo con los amigos, con la familia...". El que habla es el británico Steve Dobson, autor del libro Hoteles insólitos (Jonglez, 2008), un volumen recién editado en España que recoge 50 establecimientos sorprendentes de todo el mundo: espacios únicos capaces de dejar una profunda huella en el viajero.

Entre el medio centenar de alojamientos que componen esta guía hay opciones para todos los gustos y presupuestos: desde unas modestas chozas forestales en Bergslagen (Suecia; 27 euros la noche), el caprichoso y curvilíneo resort concebido por el arquitecto Hundertwasser en Bad Blumau (Austria; desde 120 euros) o un hotel neozelandés con forma de bota (125 euros), hasta unos iglús con tejado de vidrio que permiten contemplar la aurora boreal en Laponia (200 euros), el alucinante museo-hotel proyectado por el japonés Tadao Ando en la isla de Shikoku (desde 240) o las exclusivas suites panorámicas en lo alto de la torre de televisión Euromast de Rotterdam (385 euros). "La clave de un buen recuerdo a la hora de alojarse en un sitio surge de diferentes elementos o de su combinación. Puede venir dado por el diseño, la arquitectura, el emplazamiento, la gente que lleva el lugar...", añade Dobson.

Una 'web' inusual

El origen de Hoteles insólitos se remonta a 2003, cuando Dobson y su amigo Simon Penn, que como él lleva años trabajando en la industria turística, fundaron la web www.unusualhotelsoftheworld.com, que compilaba 15 hoteles "curiosos y diferentes" que ambos habían encontrado navegando por Internet. "La abrimos por pura diversión y porque nos dimos cuenta de que no existía ningún tipo de guía para locales insólitos, ni en papel, ni en la web".

La página acoge hoy más de 150 hoteles repartidos por los cinco continentes, de los cuales medio centenar se han incluido en el libro. Dos hoteles españoles figuran también en él gracias a su genuina propuesta arquitectónica. Son Marqués de Riscal, proyectado por Frank Gehry en Elciego (La Rioja), y el ecléctico Puerta de América en Madrid. En la web figuran además otros dos: las pintorescas Cuevas Pedro Antonio de Alarcón de Guadix (Granada) y el Gran Hotel La Florida de Barcelona, un palacete de los años veinte.

Este último ha sido tenido en cuenta gracias a la valoración positiva que los visitantes han hecho de las privilegiadas vistas de la ciudad que el hotel ofrece desde su emplazamiento sobre el Tibidabo. Porque desde hace tiempo, en la web son los propios clientes de los hoteles los que les otorgan una categoría, de la consideración de diferente a la máxima calificación: wow. Ésa es la nota que recibe, por ejemplo, el Magic Mountain Hotel de Huilo Huilo, en el sur de Chile (desde 70 euros la noche), una montaña artificial inspirada en una canción infantil de la región y en la arquitectura de Gaudí. De su cúspide brota una cascada, y desde su nivel superior se accede a un soprendente circuito de puentes colgantes para pasear entre los árboles de la reserva natural de Huilo Huilo y, con suerte, divisar cóndores, águilas y hasta pumas.

Hoteles como Das Park, cerca de Linz (Austria), cuyas habitaciones están construidas dentro de enormes tramos de tubería, también son valorados con la categoría wow. "Me parece una nota muy merecida. Das Park enloquece a la gente que hace ciclismo turístico, y es ideal para los que dispongan de un presupuesto ajustado: ¡imagínate dormir dentro de una tubería en una cama supercómoda con electricidad y acceso a Internet por 20 euros la noche!", argumenta Dobson.

También merece la máxima puntuación Hackspett, una acogedora casita de madera proyectada por Mikael Genberg sobre un gigantesco roble de 130 años en un parque de la ciudad sueca de Västeras (165 euros la noche). Y no lejos de ahí, en el lago Mälaren, flota otra fascinante creación de este arquitecto, el Utter Inn (165 euros, cena y desayuno incluidos), "uno de los hoteles más asombrosos que jamás he visitado", dice Dobson. Se trata en apariencia de una cabaña flotante al estilo de las que aparecen en la película La isla, del coreano Kim Ki-Duk, aunque en realidad es la entrada para un habitáculo submarino con una cama y grandes ventanas desde las que los lucios del lago escrutan a los inquilinos con curiosidad.

Una grúa giratoria

La grúa porturia del puerto de Harlingen (Holanda), que ha sido reconvertida en un lujoso hospedaje, es, junto a Utter Inn, el rincón favorito del autor. "Es como el sueño de un niño: dormir dentro de una grúa que funciona. Puedes moverla y orientar tu habitación hacia donde quieras para disfrutar de las maravillosas vistas. Aunque me salió a 320 euros la noche, es una experiencia que no puedo dejar de contarle a la gente".

Dentro de la categoría wow hay varias recomendaciones por parte de Dobson. "Para una pareja de recién casados, el resort de Iglu-Dorf, en los Alpes suizos, es ideal. Es un pueblecito de iglús decorados por artistas esquimales traídos de Canadá. Nada más romántico que bañarse en un jacuzzi bajo el cielo estrellado mientras nieva, y luego meterse a dormir en un saco calentito para dos personas". Por otro lado, para los que busquen una experiencia en pareja con un punto más gamberro, sugiere el Propeller Island City Lodge de Berlín, probablemente el espacio más excéntrico y ecléctico (cada habitación tiene un diseño diferente, desde una con los muebles en el techo hasta otra con camas-sarcófago) de los que figuran en el libro. "Para ir con niños es genial el Controversy Tram de Hoogwoud, en Holanda. Las habitaciones están dentro de unos viejos tranvías; el jacuzzi, en un vagón de tren, y los dueños -que viven dentro de un autobús de dos pisos- tienen una pequeña granja y un caza soviético expuesto en el jardín".

"La industria hotelera se empieza a dar cada vez más cuenta de que la diferencia es interesante", asegura Dobson. En España, uno de los proyectos más estimulantes que se realizan en este sentido es sin duda el del arquitecto Enric Ruiz Geli (Figueras, 1968) para el hotel Prestige Forest, cuya inauguración está prevista para 2011 en Hospitalet de Llobregat (Barcelona). Se trata de un edificio recubierto por un manto de hojas que imitan un comportamiento del mundo vegetal: la fotosíntesis. "Las hojas absorben la luz del sol y, como las plantas, administran esta energía de noche. Si les sobra, se encienden", explica Ruiz Geli. "De esta manera se pretende ofrecer una experiencia científica basada en el ahorro energético". El hotel acogerá, además, un laboratorio de patentes. "Ésta es la línea de trabajo que responde al concepto de ciencia", añade Geli. "El otro responde al de ficción, al sueño, creando espacios abstractos, silenciosos".

Hacia el espacio

Pero, ¿hasta dónde planean llegar algunos de estos proyectos hoteleros con tal de proponer algo diferente? Steve Dobson cuenta que, por ejemplo, el año que viene se planea en Tanzania uno de los hoteles bajo el agua más increíbles, "un complejo apabullante para amantes del submarinismo". Y hay quien quiere ir más allá, como el citado arquitecto sueco Mikael Genberg, que ahora se propone ser el primero en poner una habitación sobre la Luna.

Otro que planea dar el salto al espacio exterior es el aquitecto catalán Xavier Claramunt, que ha proyectado en Barcelona el hotel del Born de la cadena Chic & Basic. Su estudio, Equip, anda enfrascado en una nueva propuesta que podría concretarse en 2012: un hotel orbital llamado Space Suite, compuesto por cinco módulos en el que cuatro viajeros y dos pilotos (un transbordador se acoplaría al hotel) podrían estar alojados durante cuatro días. Durante ese tiempo contemplarían unos 15 amaneceres y atardeceres mientras disfrutan de la ingravidez.

Ya sea en un alojamiento urbano o flotando en el espacio, Claramunt opina que para que un alojamiento nos resulte insólito debe provocar una experiencia íntima. "Cuidado, no un torrente de sensaciones a lo parque temático, sino una interacción sutil que nos permita redescubrir o replantearnos algo", asegura. "En el espacio es más facil provocar sensaciones. Con Space Suite queremos provocar una experiencia trascendental (el poder contemplar la Tierra desde unos enormes ventanales) y otra encaminada a redescubrir el propio cuerpo al flotar en un módulo que está pensado como un vientre materno, con superficies lisas", explica.

Eso sí, la potencial experiencia espacial no saldrá barata: tres millones de euros, vuelo y preparación en una isla tropical incluidos.

"El concepto del hotel insólito es ahora una tendencia. Pero para que todos los proyectos cristalicen es necesario trabajar sin prejuicios, sin complejos y sin miedo a equivocarse", opina Claramunt.

"Insólito no tiene por qué ser dinero, lujo... Yo creo que es más una manera de pensar. Y para ser diferente, singular, debes ser apasionado", explica Steve Dobson, que acaba por resumir su filosofía de la siguiente manera: "Tu hotel debería ser tan memorable como tus vacaciones". Una frase que nos vuelve a transportar hasta el hotel eléctrico imaginado por Segundo de Chomón. "Querida familia, estamos disfrutando de uno de nuestros viajes más encantadores", escribía durante su estancia la feliz pareja que protagonizaba el filme. O mejor dicho, lo escribía el propio hotel.

Consulta la Guía de Hoteles de España de EL VIAJERO

Españoles y especiales

- Imaginación desbordante y una arquitectura para los sentidos. Es el caso de Les Cols (teléfono 972 26 92 09; www.lescols.com), en Olot (Girona), un proyecto de RCR Arquitectes. Cinco pabellones de cristal sin mobiliario ni protocolos al uso.

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- Otro hito edificado con sentido es el Aire de Bardenas(948 11 66 66, www.airedebardenas.com), de Emiliano López y Mónica Rivera, en unos extraños contenedores con protuberancias orientadas hacia el desierto de las Bardenas Reales, en Navarra.

- Con más sentido del marketing que arquitectura de los sentidos, el hotel-bodega Marqués de Riscal (945 18 08 80; www.starwoodhotels.com) se significa en Elciego (La Rioja), por su caperuza de titanio en color vino que define los diseños de Frank Gehry.

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- Otros 20 arquitectos estrella -Zaha Hadid, Norman Foster, David Chipperfield...- han firmado las habitaciones del Silken Puerta América (917 44 54 00, www.hoteles-silken.com), en Madrid.

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El lugar, el paisaje, ofrece singularidad a hoteles como Al Jatib(958 34 22 48; www.aljatib.com), en Baza (Granada); las Cuevas Pedro Antonio de Alarcón (958 66 49 86; www.andalucia/cavehotel; Ver ficha | Enviar comentario), excavadas en la roca alrededor de Guadix, o el Tardienta(974 34 01 63; www.hotelcueva.com), otro hotel troglodita en el desierto de los Monegros.

En el cabo de Finisterre, O Semáforo (981 72 58 69; www.osemaforo.com) utiliza como dormitorio un antiguo faro. Y los amantes de la fiesta apreciarán el hotel Plaza de Toros de Almadén (926 26 43 33; www.estancias.com). Ver ficha | Envía tu comentario sobre este hotel

Fernando Gallardo

Hundertwasser proyectó en 2000, en Bad Blumau (Austria), el recinto termal Rogner, con ventanas multiformes y ni una sola línea resta ("una herramienta demoniaca", según el excéntrico arquitecto austriaco). / KULTURINSEL EINSIEDEL

A la izquierda, el hotel Kakslauttanen, conjunto de 20 iglús con techo de cristal en Laponia (Finlandia) que permiten disfrutar del espectáculo que ofrece la aurora boreal mientras se está calentito con temperaturas exteriores de 30 grados bajo cero. A la derecha, el espectacular Ice Hotel, en Jukkasjärvi (Suecia). Se reconstruye cada año en invierno con el agua helada de un río cercano. La construcción se derrite cada primavera y el agua vuelve al cauce del río, cerrando así el ciclo natural.

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