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viernes, 18 de julio de 2008
Editorial:

Tiempos difíciles

El FMI confirma que la crisis se prolongará durante 2009 y que en España será más grave

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha mejorado sus previsiones de crecimiento de la economía mundial para 2008, desde el 3,7% que preveía en abril hasta el 4,1% en la revisión que difundió ayer. Es más optimista con Estados Unidos, para quien pronostica un crecimiento del 1,3% este año. Y prevé que el de la eurozona será este año del 1,7%, tres décimas más que en su última previsión. Pero estas mejoras más bien cicateras no ocultan el pesimismo general del informe. En primer lugar, porque gran parte del crecimiento mundial se soporta sobre las economías emergentes, como Rusia o China; después, porque las expectativas para 2009 siguen siendo peores que para este año, prueba evidente de que los factores de crisis no se van a depurar en los próximos meses; porque menudean las advertencias sobre el repunte de la inflación y, por último, porque dibuja perspectivas oscuras para la economía española.

Según el FMI, el pronóstico para la economía española este año es de un crecimiento del 1,8% y del 1,2% para el próximo. Es decir, la crisis será más profunda en 2009 o, como reza el lugar común de los últimos meses, "lo peor está por llegar". La gravedad específica del caso español hay que buscarla en el hundimiento del mercado inmobiliario, que ya está en situación de recesión -con riesgo de efectos dañinos en el sector financiero y en el mercado bursátil- después del crash de Martinsa. Pero también en la ineficiencia energética de la producción, que multiplica la inflación de costes. Frente a estas dos amenazas singulares, el Gobierno evita un diagnóstico realista, base para recuperar la confianza de los agentes económicos, y se escuda en unas medidas económicas de estímulo pensadas para una desaceleración y no para un choque de más envergadura.

La opinión pública española, además, percibe nítidamente estos signos de descontrol. Mientras desaparecen las ventajas fiscales de la prosperidad anterior, los responsables económicos se pierden en afirmaciones inútiles, como esa propuesta del ministro Sebastián de comprar suelo o las disquisiciones filosóficas del vicepresidente sobre la gravedad histórica de la situación. El Gobierno no debería dejar pasar más tiempo para demostrar que sabe controlar la situación y que puede hacerlo sin propuestas discordantes.

Y debe hacerlo porque la lectura entre líneas de la revisión del FMI no es tranquilizadora. El factor de crisis global que se mantendrá durante los próximos trimestres sigue radicado en las pérdidas financieras mundiales generadas por las hipotecas basura que quedan por aflorar. Si el coste de la crisis financiera es de unos 650.000 millones de euros y hasta ahora se han saneado en torno a la mitad de esas pérdidas, fácil es suponer que continuará el asfixiante goteo de entidades afectadas, y habrá más fiascos como los de Freddie Mac o Fannie Mae, por citar sólo a las más recientes.

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