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sábado, 28 de junio de 2008
Editorial:

El hombre que no duda

Ibarretxe compromete al PNV al unir su destino político al apoyo del nacionalismo radical

Un voto prestado por el Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV) permitirá a Ibarretxe seguir adelante con su propuesta. Ese voto ha sido trabajado a conciencia por el lehendakari, evitando cualquier iniciativa, pronunciamiento o gesto que pudiera dar pie a los herederos de Batasuna para dejarle en minoría. Al mismo tiempo, se ha abstenido de incorporar o siquiera tomar en consideración las razones e intereses de los partidos no nacionalistas, cuyos 33 escaños suponen uno más que los 32 que suma el tripartito que encabeza Ibarretxe. Un momento cumbre del pleno de ayer fue aquel en que, tras las razonadas intervenciones de los portavoces de PP y PSOE, el lehendakari dijo no haber escuchado ningún argumento contra su consulta.

El resultado fue que quien había dicho que no permitiría que ETA le marcase la agenda se vio condicionado por el brazo institucional de la banda, de cuya condescendencia dependía que perdiera la votación, y se viera obligado a irse a casa, o pudiera seguir en lo suyo al precio de desairar a su propio partido, cuyo presidente había defendido en público la conveniencia de incluir en la consulta una condena expresa de ETA. Ibarretxe ha elegido cargar a su partido con ese lastre para asegurarse su continuidad, claramente asociada a la de su propuesta.

El discurso del lehendakari parte de una llamativa contradicción. Por una parte, dice que su consulta debe acogerse sin dramatismo, con normalidad; que es "absolutamente legal" (aunque la mitad del Consejo Jurídico asesor de su Gobierno piensa lo contrario) y que se limita a intentar conocer lo que piensa la sociedad; y, al mismo tiempo, que, pase lo que pase, es una decisión que abre un camino sin vuelta atrás. Como otras veces, el portavoz de EA fue más claro: lo que se decidía ayer era el inicio de un camino sin retorno que desemboca en un referéndum independentista en 2010.

Una decisión de esa envergadura, ¿puede tomarse por un voto de diferencia? Cualquiera habría dudado, pero no Ibarretxe. Tras sus ideas simples hay una desmedida pretensión de erigirse en intérprete constitucional, árbitro democrático y representante de todo el pueblo. Su propuesta no es un punto de encuentro entre las posiciones plurales de la población, sino la bisectriz entre la izquierda abertzale y el sector más radical del PNV: entre Otegi y Egibar.

En esas condiciones, se entiende la obsesión de Ibarretxe por colocar la consulta por delante del acuerdo. Se trata de predeterminar los términos del debate y sus condiciones. Con el pretexto de que es condición para que ETA desista, lo que se plantea no es la opción entre autonomía y soberanismo, sino un acuerdo "sobre el ejercicio del derecho a decidir". Dando por supuesto que ese derecho no se discute; es decir, que la autonomía no puede satisfacer las aspiraciones de los vascos. Hace un año, Imaz advirtió sobre la interpretación que ETA haría de ese planteamiento.

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