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domingo, 15 de junio de 2008
Tribuna:La firma invitada | Laboratorio de ideas

La piratería, un problema de educación

Hasta no hace mucho tiempo, la piratería la representaban principalmente los manteros, con frecuencia inmigrantes, que se miraban con cierta compasión y a los que se compraba sus discos y vídeos con la disculpa de estar ayudando al necesitado. Al fin y al cabo, aunque el comprador sabía perfectamente que estaba adquiriendo género robado, su adquisición "no hacía daño a nadie". Aunque ahora está demostrado que tras las redes del top manta están las mismas organizaciones mafiosas que trafican con droga y hasta personas, lo cierto es que el consumidor de estos productos piratas no se siente de ningún modo culpable. La piratería es un problema de educación que, con la democratización de la tecnología, es cada vez es más complejo.

La piratería afecta a las empresas del sector y al comportamiento de la propia sociedad

Con la descarga de películas o música, lo que están haciendo nuestros hijos es robar

Porque el problema del pirateo no debe centrarse exclusivamente en la venta en la calle, sino tratarse de manera mucho más global. Las compañías del sector estamos muy preocupadas con las descargas ilegales de Internet. Los infractores son lo que se podría denominar ladrones de guante blanco que cuentan con la connivencia de parte de la sociedad y hasta tienen un cierto glamour que, por supuesto, debería eliminarse. Descargarse una película por la red es tan ilegal como sustraer un DVD en una gran superficie o almacén. No es, por tanto, un delito con minúsculas.

Los padres estamos especialmente preocupados y sensibilizados con las acciones de los más jóvenes. Al nacer nuestros hijos, asumimos, entre otras, una gran responsabilidad: la de su educación. Con la descarga de películas, música, etcétera, lo que están haciendo nuestros hijos es, sencilla y llanamente, robar. Y no precisamente como en el caso de Robin Hood, que lo hacía para dárselo a los pobres, sino en beneficio propio. Es por eso por lo que los padres y los educadores tenemos la obligación legal y moral de concienciar a nuestros hijos que, en muchos casos, desconocen lo que supone su comportamiento para la sociedad.

Los jóvenes deben tener muy claro que, con este tipo de actuaciones, están infringiendo la ley, aunque no sean conscientes de ello. Su comportamiento no se puede asimilar al del protagonista de una película como Piratas del Caribe: un ladrón canalla, desvergonzado y maleducado... pero adorable. En las descargas ilegales, al igual que en cualquier robo, los ladrones son los malos... No nos puede hacer gracia que lo que hacen nuestros hijos sea sustraer cosas, por Internet o por cualquier otra forma. Nuestros hijos deben saberlo y, sobre todo, asumir que su comportamiento no es correcto. Por ello, la sociedad en su conjunto tiene que tomar medidas para que lo conozcan. Se trata, única y exclusivamente, de un problema de formación. Y debemos concienciarnos de ello, porque no es precisamente motivo de orgullo que España encabece el ranking de países del mundo donde más descargas ilegales y robos se realizan a través de la red.

Pero este delito también cuenta con otras variantes. Por ejemplo, mucha gente desconoce que la mayor parte de las exhibiciones públicas de películas o documentales que se realizan en colegios, residencias, parroquias o centros culturales, por poner algún ejemplo, son manifiestamente ilegales. Como bien se advierte antes de cada película proyectada o DVD reproducido, las copias comercializadas en las tiendas y videoclubs están destinadas al uso doméstico y para realizar una exhibición pública estas instituciones deben contar con la autorización del dueño legítimo de los derechos de los productos. Por tanto, muchas de estas personas son víctimas de su ignorancia en esta materia. Aunque las auténticas víctimas son las empresas que sufren los daños derivados de esa usurpación de derechos que con frecuencia se hace desde instituciones públicas de ámbito estatal, autonómico o municipal.

No es momento de culpar a nadie por todo ello. La labor de educación es de todos, incluidas las compañías que nos dedicamos a este negocio, el audiovisual. Es muy importante concienciar a toda la sociedad de que no se están haciendo las cosas bien, y de que algo tiene que cambiar.

El cine, además de ser un entretenimiento mágico, es una magnífica herramienta para la educación, y en esa dirección es la que debemos trabajar todos. El cine, y todo lo que rodea a esta actividad, es una parte muy importante de la cultura de cada país. No podemos olvidar de que estamos hablando aquí: se habla de productos muy especiales que hay que crear..., de obras de arte que sirven para que la gente se emocione y se sienta viva. Las películas son una gran fuente de formación y debemos aprovecharlo por y para el bien de la sociedad. Repito, se trata de que nuestros hijos no piensen que son los piratas del Caribe de ahora, a pesar del glamour que desprende esta película. La única realidad es que, con frecuencia, al que se baja una película por Internet podría calificársele de chorizo...

Los derechos de exhibición de una película son iguales que los del fútbol, los de la fórmula 1 o los de Eurovisión, por poner algunos ejemplos. Al acceder a estos contenidos sin el vehículo legal adecuado, el ciudadano rompe con el negocio de los contenidos audiovisuales. Si nadie pagase por ver las películas o el deporte por pay per view, muchas empresas tendrían que cerrar su actividad y ésta tendería a la desaparición. Además, téngase en cuenta qué importantes son estos derechos para las cadenas de televisión, y que pasiones y debates, incluso ideológicos, han provocado a lo largo de los últimos años. ¿Cómo cambiaría el valor de dichos derechos si se pudiesen robar por Internet? ¿Cómo sobrevivirían muchos de los clubes de fútbol? ¿Quién compraría dichos partidos? ¿Por qué esto está mal y robar películas no? Medítenlo...

Los datos de piratería en nuestro país son estremecedores. ¿Sabía que una de nuestras películas estrella para este 2008, Rambo IV, había sido vista ya por más de 50.000 personas antes de su estreno en las salas de los cines? ¿Cómo luchar contra esta lacra? Si nada cambia, no lo olvide, acabaremos con la industrial de los contenidos audiovisuales. En las actuales circunstancias, ¿a qué empresa le resultará rentable producir y distribuir una película?

Se preguntarán los lectores, ¿y qué hacemos para solucionar el problema? Es cierto que no hay solución fácil, pero al menos debemos intentarlo. El tema de la piratería es un problema en todo el mundo, y cada país ha comenzado a dar sus primeros pasos para resolverlo. Medidas hay muchas posibles, si bien resulta casi imposible abordar el problema sin el apoyo de las instituciones. En países como Francia o el Reino Unido se está persiguiendo a los piratas desde varios frentes. La ya famosa ley Sarkozy muestra que a veces en política hay que adoptar posiciones impopulares por un estricto sentido de la justicia.

En paralelo, y desde este mismo momento, las propias empresas debemos ser las primeras en dar un paso al frente. Tenemos que adaptar nuestro modelo de negocio a la nueva situación. No podemos obviar que la propiedad es nuestra y somos responsables de su distribución. Me parece necesario facilitar que los jóvenes (y menos jóvenes) puedan realizar sus descargas de manera legal. Podría ser pagando o con inserciones de publicidad, pero beneficiándonos todos de su exhibición. No obstante, e independientemente de las medidas que puedan o podamos tomar las compañías, lo más importante es abrir un debate en torno a la piratería y cómo está afectando al negocio de nuestras empresas y al comportamiento de la propia sociedad.

José María Irisarri es presidente de Vértice 360°.

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