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sábado, 7 de junio de 2008
Reportaje:estilos

Tú vales mucho, muñeca

La fiebre asiática por los cotizados muñecos articulados se extiende por España

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"Ha tenido tres cuerpos, el primero lo compré en una web japonesa. Era un cuerpo maduro, con curvas y pecho. El segundo lo pillé en Japón. Era más bajito y gordito, con poco pecho y más realista; justo lo que yo buscaba. El tercero me lo vendió una chica de Barcelona hace poquito. Mejora las articulaciones del segundo y posa mucho mejor". Parece un relato de ciencia-ficción, pero es una historia de muñecas. Carmen Roldán, de 29 años, es dueña de cinco ball jointed dolls (BJD o muñecas articuladas en inglés). "Al principio me parecían grotescas, pero hace cinco años me enamoré de una", confiesa. Su BJD favorita alcanza los 580 euros.

La fiebre por estos muñecos de resina, plástico o vinilo procede de Japón, China y Corea. Sin embargo, las tatarabuelas de la BJD son las eróticas esculturas de pelo moreno y de 1,40 metros de altura del artista polaco Hans Bellmer. Su resurgir en Asia se debe a la arriesgada apuesta de una antigua casa de juguetes. Volks, con sede en Kioto, se interesó por una muñeca muy realista. El diseño era de Akihiro Enku, que la había creado para regalársela a su esposa. En 1999, la empresa Volks la lanzó con el nombre de Dollfie -del inglés doll (muñeca) y figure (silueta)-. Asia, Australia y EE UU no tardaron en enloquecer por sus huesos de resina. A rebufo, nacieron marcas en Corea y China. Pero Volks es quien lleva la voz cantante: factura 5.000 millones de yenes [30,31 millones de euros] anuales. Sus dollfies son las barbies de los juguetes occidentales. Las más inquietantes: las Super Dollfie, de 57 centímetros y sorprendente parecido humano. Hace unos cinco años, la tez pálida y los cuerpos proporcionados de las BJD empezaron a verse en España. "Me llamó mucho su originalidad en el Salón del Manga de Barcelona, pero eran tan caras que las borré de mi mente", relata María Isabel Ramos, de 27 años. "Ahorré y me compré una china en marzo de 2007, me costó unos 234 euros", detalla esta malagueña. El pasado Expomanga, celebrado en mayo en Madrid, confirmó la tendencia. Los protagonistas fueron los muñecos nipones. En los puestos, las había de todos los tamaños: desde 16 hasta 70 centímetros. Y sí, tenían genitales. Y todas costaban una pasta: entre 110 y 1.000 euros. "Uno de los encantos de esta afición es que puedes proyectar en el muñeco la personalidad que quieras", asegura Sonia Carrera, una zaragozana de 40 años. "Varias de nuestras dollfies tienen el carácter y el aspecto de personajes de relatos de mi marido". Se pueden adquirir por separado distintas partes del cuerpo, maquillar, cambiar de peluca y ojos y vestirlas.

Akihiro Enku creó un juguete realista para su esposa. Así nació Dollfie

"Puedes proyectar la personalidad que quieras en él", dice Sonia Carrera

El malagueño Daniel Berlanga, de 24 años, distribuye en España la marca china Dollzone: "Vendo unas 20 muñecas al mes. Ahora triunfan las mascotas. Son personitas de 16 centímetros con cabeza de conejo, perrito o de gatito. Cuestan 110 euros".

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Arriba, dos adolescentes durante el Salón del Manga celebrado el mes pasado en Madrid. Abajo, dos ball jointed dolls (BJD), muñecas articuladas que, llegadas de Japón, Corea y China, hacen furor en Occidente. / SANTI BURGOS

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